Jorge Morelli
A montar guardia en el Congreso
Aprovechando la coyuntura, se pretende modificar la Constitución

Se ha destapado hoy la pieza que faltaba en el rompecabezas del plan de la izquierda para conseguir una asamblea constituyente, en caso de que llegue al gobierno. Es su hoja de ruta. Al parecer comprenden recién ahora que convocar a un referéndum para ese fin por decreto supremo del poder Ejecutivo es inconstitucional. No solo se trabaría de inmediato en el Tribunal respectivo, sino que el gobierno se pondría, desde el primer día, al margen del Estado de derecho. Claro está que a la izquierda esto no le preocupa, pero no en la primera batalla, el primer día.
Para no salir de la cancha de la democracia (por ahora), entonces, estaría optando por un camino constitucional para cambiar la Constitución. Ese camino está previsto en la propia Constitución. El artículo 206 de la Carta dispone para esto dos alternativas: la primera consiste en dos pasos sucesivos: aprobación por el Congreso y luego ratificación por referéndum.
Es por eso, al aparecer, que el Congreso actual se propone a toda costa debatir en la legislatura que viene, antes del 28 de julio, la modificación de la Constitución. Con ello, quedaría cumplido el primer paso del camino previsto en la Carta y la convocatoria a referéndum ya no sería inconstitucional. Pero esto se hace en nocturnidad y pasa inadvertido porque la opinión pública está ocupada en los resultados electorales. Eso ya revela la mala fe con que se lleva a cabo.
La Constitución ofrece, no obstante, un segundo camino, que la izquierda rechaza: la aprobación por el Congreso en dos legislaturas sucesivas. Ya no hay referéndum en este caso. Pero la izquierda no toma este camino porque la propia Constitución exige en el artículo 206 en este caso una mayoría de dos tercios del número legal de congresistas para aprobar la reforma constitucional, y la izquierda sabe que no alcanzará los dos tercios. Elige entonces el primer camino, que tampoco está exento de obstáculos para la izquierda. El primero es que la Carta señala expresamente que la aprobación del Congreso antes del referéndum debe hacerse con mayoría absoluta –es decir, más de la mitad– del número legal de sus miembros. ¿Existe hoy en el Congreso una mitad de congresistas dispuestos a aceptar que la modificación de la Constitución se ponga en debate ahora, en medio de la trifulca electoral, para servir la mesa al referéndum de Castillo?
Desde luego, sería bueno que prevalezca el sentido común; pero el hecho es que no puede descartarse. De manera que ahora hay que montar guardia también en el Congreso. Estamos prevenidos.
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