Luis M. Iglesias
68 años de fe y amor por el Cristo Morado
Los Hermanos Honorarios y la Procesión del Señor de los Milagros

Después de dos años de la terrible pandemia del covid-19, en las últimas semanas hemos podido recuperar la alegría de caminar por las calles de Lima al lado de nuestro Señor de los Milagros. La procesión cumplió su quinto recorrido acompañada de ese mar humano de fieles que viste la ciudad de morado y que canta, alaba y agradece la misericordiosa bendición del Cristo Moreno.
La fe y la espiritualidad de nuestro pueblo se exaltan con cada rezo, con cada canto, con cada plegaria de los fieles que contemplan sin cansancio el paso peregrino de su Divino Patrón por las calles de Lima, ciudad de santos, pidiendo que una desgracia como la que vivimos miles de familias por la pandemia no vuelva a repetirse.
La presencia de miles de personas en las calles acompañando al Cristo Moreno nos muestra que nada es más fuerte que la fe de una nación devota, que ninguna crisis podrá superar al amor con el que acompañamos a nuestro Santo Patrón y que la esperanza de nuestro pueblo consolida su permanencia en el más grande tributo de caridad y solidaridad con los que más sufrieron el horror de la pandemia. Los Hermanos Benefactores estuvieron ahí para tenderles una mano atendiendo el mensaje del Evangelio, mirando en el rostro del pobre el gesto del Crucificado.
Ejemplo de nuestra misión, es la Rama de Hermanos Honorarios quienes, a pesar de la pérdida de compañeros y amigos en los momentos difíciles de la pandemia, mantuvimos entera nuestra fe en que las cosas se superarían, tal como ha ocurrido en otros momentos de nuestra difícil historia.
Cómo olvidar cuando allá por 1687, luego del nefasto terremoto del 20 de octubre, el Capitán Don Sebastián de Antuñano convocó al pueblo de Lima a sacar en procesión al Cristo Morado por primera vez, acto que dio origen a los denominados Protectores Benefactores, grupo conformado entonces por personalidades de la vida política, el comercio y la banca, quienes se encargaron de salvaguardar y proteger a la sagrada imagen y fortalecer su culto a lo largo de los siglos, siendo su primer Presidente don Raúl Banchero Castellano.
A mediados del pasado siglo XX, en el año 1954, el entonces Mayordomo General de la Hermandad, don Julio García Pancorvo, promovió la reorganización de los Hermanos Protectores y Benefactores para convertirla en la actual Rama de Hermanos Honorarios, siendo su primer presidente don Gerardo Brou García, quien la presidió hasta 1960, dando paso posteriormente a otros ilustres mayordomos, como don Moisés Mier y Terán (1961-1966) y don Antonio Berna Maturo (1967-1978), en cuyos gobiernos se lograron conseguir las actuales andas de plata. Cabe recordar también la labor de don Ricardo Espinoza Baeza (1979) y don Luis Iraola Benza (1980-1992), quienes consolidaron definitivamente a nuestra Hermandad organizándola en 12 sectores, además de gestionar nuestro actual local institucional.
A ellos les siguieron don Abel Bellida Breña (1993-1995) y don Alberto Rojas Azañero (1996-1998), quienes ordenaron nuestra Hermandad y permitieron su crecimiento, al igual que don Jorge Condemarín Tapia (1999-2001), en cuya presidencia se logró implementar la iluminación de la imagen del Señor de los Milagros, así como la de los altares de la Virgen y de San Judas Tadeo, la confección del Estandarte de la Rama, la remodelación de nuestras oficinas, entre otros avances institucionales.
A don Jorge le siguieron don Luka Baraka Toric (2002-2004), quien logró instituir el 26 de setiembre como “Día de la Rama de Hermanos Honorarios”; don Pedro Bravo Morales (2005-2013), quien impulsó la adquisición de las actuales rampas de la imagen y don Edgardo Cabrera Torriani (2014- 2017), quien promovió la construcción del oratorio que hoy luce imponente en nuestra sede institucional de la Hermandad.
Cabe resaltar la gestión de don Alberto Acuña en la presidencia de la Rama de HH quien dispuso el reordenamiento de la administración y de los sistema contables; y, como no destacar la gestión realizada ante las altas instancias eclesiásticas que permitió el ingreso, por primera vez, de las andas de nuestra Santo Patrón a la Iglesia de San Pedro. Merece anotar, también, el traslado de nuestras oficinas, ahora ubicadas en el tercer piso de la sede institucional.
Desde el año 2020, el Hermano Pablo Arturo Parra López tiene el alto honor de presidir, para la gloria de Dios, la Rama de Hermanos Honorarios, resaltando su gran labor social y la fortaleza mostrada en los años difíciles de la pandemia al frente de la Junta Directiva, pese a ello hoy contamos con una plataforma informática que nos permite una mejor administración de la data institucional y si tuviéramos que identificar un principal logro, pues debemos significar la expansión de nuestras oficinas de la Rama.
Cómo no agradecer el fraterno y permanente acompañamiento de nuestro Director Espiritual, Padre Humberto Giusti Garro, y de nuestro Hermano Mayordomo General, don José Vicente Soto Parra, a quien tuve el honor de acompañar y aprender de su liderazgo en la conducción de las andas en las jornadas procesionales en la que coincidimos con los Hermanos Honorarios participantes.
Esta sucesión de gobernantes de la Rama, en su responsable labor de representación institucional de los Hermanos Benefactores, ha estado a la altura de la responsabilidad que Dios le ha encomendado. Es como consecuencia de este alto honor que los hermanos debemos exigir que trabajen con el espíritu despierto ante la necesidad de una organización renovada y planificada, de cara a la mejor conducción de nuestra Rama.
Los Hermanos Honorarios hemos cumplidos 68 años celebrando un nuevo aniversario de creación institucional renovando nuestra fe ante el Divino Patrón, ahora solo nos queda renovarnos ante nosotros mismos y superar la difícil amenaza de la indiferencia para hacernos dignos hijos del Señor, fraternos y solidarios como Él manda.
Quiero agradecer el respaldo de mis Hermanos Honorarios al permitirme formar parte de ustedes, tarea que para mí constituye un altísimo honor y que solo refuerza mi fe y mi compromiso con el Señor de los Milagros a quien hemos consagrado nuestra vida. Esperemos así que estos 68 años de existencia sean apenas el inicio de una larga vida para la Rama de Hermanos Honorarios bajo el manto protector de nuestro Cristo de Pachacamilla.
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