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Voucher educativo: ¿un modelo para el Perú?

Educación

Voucher educativo: ¿un modelo para el Perú?

9 de Marzo del 2017

Se promueve la competencia y se favorece a los más pobres

En el Perú se ha desarrollado una batalla entre el Estado y una parte de la sociedad alrededor de la inclusión de la llamada “ideología de género” en el currículo educativo mientras se posterga el debate sobre la calidad de la escuela. Al respecto vale recordar que,  según un informe sobre aprendizaje y calidad educativa de la Organización para el Comercio y el Desarrollo Económico (OCDE), el  Perú está en el último lugar entre los países sudamericanos. El estudio de la OCDE basado en la prueba PISA concluye que nuestro país posee un alto porcentaje de estudiantes de 15 años que no supera el nivel básico de comprensión y razonamiento en matemáticas, ciencia y lectura. A partir de estos resultados se hace evidente que la escuela pública ha fracasado en todas las líneas.  ¿Qué hacer?

Para ensayar diversas respuestas, vale señalar que existe otro modelo educativo basado en los “vouchers” que podría ser clave para la reforma de la escuela. En este modelo, el Estado busca subsidiar la demanda de las matrícula en vez de la oferta (financiamiento de la escuela). Es decir,  la mayor parte del presupuesto ya no se asigna a las escuelas sino los padres de familia (consumidores) a través de bonos gratuitos y éstos pueden elegir la institución educativa de acuerdo a sus criterios y preferencias. Para que este modelo funcione tiene que existir diversidad y competencia en la oferta: es decir, escuelas públicas, privadas y otros modelos deben competir entre sí para atraer la mayor cantidad de matrículas.

En el modelo de los vouchers se busca subsidiar totalmente a los sectores menos favorecidos mientras se gradúa este beneficio para los demás sectores de acuerdos a sus respectivos ingresos.

El sistema de vouchers no es algo nuevo para el mundo. Países como Singapur, Corea del Sur y Suecia (Chile también implementó el modelo) mantienen este sistema desde los años 90. Gracias a estas reformas son países que destacan en educación, tal como lo demuestra los últimos resultados de las pruebas PISA 2015 en que los mencion ocupan el puesto 1, 11, 22 y 43 respectivamente. El Perú, que ocupa el puesto 62 en PISA, invierte el 3.8% del PBI en educación, mientras que Singapur, el primer puesto, invierte el 3.3% y obtiene mejores resultados.  

Según el especialista educativo Idel Vexler el Perú gasta anualmente en promedio S/. 3,300 por cada alumno. Es decir, si dividimos entre los diez meses en el que el alumno va al colegio (marzo diciembre) tendremos alrededor de S/. 330.  Focalizar el gasto estatal en los sectores excluidos y graduar el monto del subsidio en los demás sectores de acuerdo a sus ingresos permitiría elevar considerablemente el gasto anual por alumno.

El sistema de vouchers involucra es una mejora en la competencia entre las instituciones educativas. Milton Friedman afirmaba que financiar la demanda educativa en vez de la oferta, obligaría a la escuela pública a mejorar muy rápidamente frente a la competencia. Para Friedman, el subsidio estatal de la oferta propicia a una degeneración del centro educativo porque convierte a éste en dependiente del poder político de turno, tal como ha sucedido con la educación peruana y la perniciosa influencia del Sindicato Único de Trabajadores por la Educación Peruana (SUTEP) tiene secuestrada la educación peruana

Al respecto vale señalar que el espíritu de Beca 18 contradice frontalmente a los objetivos de la reforma estatista de la educación superior impulsada durante la gestión de Jaime Saavedra en  el Ministerio de Educación. Como se sabe el Programa Beca 18 invirtió S/. 500 millones de soles para beneficiar a 40 mil jóvenes hasta el 2016. La beca cubre los 5 años de estudios en universidades y los tres en institutos e incluye la matrícula, pensiones y hospedaje. El 75% de los jóvenes proviene de familias de extrema pobreza y que ha conseguido los primeros puestos en el colegio. La familia y el estudiante escogen el centro de su elección y, de pronto, un alumno de extrema pobreza está en condiciones de competir con otro del Roosevelt o del Markham en el acceso a los mejores claustros de educación superior. La educación entonces cumple el papel de otorgar las mismas oportunidades para todos.

El modelo de voucher educativos podría ser una opción para mejorar la calidad educativa en nuestro país. Nuestro niños se lo merecen. En todo caso, a pensar.