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Al maestro con cariño

Educación

Al maestro con cariño

7 de Julio del 2016

Sigue el debate sobre reforma educativa

La celebración del día del maestro es una ocasión para recordar la trascendencia de este actor en la educación y el futuro de una sociedad. Todos los estudios e investigaciones sobre educación señalan que el docente es la clave, la llave maestra, de cualquier proyecto educativo. Si hay un buen maestro, hay una buena educación; incluso se logra superar las limitaciones de infraestructura y escasez presupuestal. En ese sentido, se debe reconocer el evidente esfuerzo de la gestión del ministro de Educación, Jaime Saavedra, para revalorar la carrera docente —que retoma el camino iniciado por la administración anterior—, estableciendo la meritocracia en los nombramientos y promociones docentes (incluyendo incentivos salariales). Aplausos.

Durante esta administración el salario de los maestros se ha incrementado en 44%, el presupuesto asignado a Educación ha llegado a 3.85% del PBI y se ha incrementado el gasto por alumno de 650 dólares a 1,100. Si miramos las cosas del lado del gasto hay voluntad, pero todo sería insuficiente. Finalmente, la meta del 6% del PBI en Educación es una especie de idea fuerza. Y si le agregamos el plan de infraestructura del Ministerio de Educación (Minedu), en base a obras por impuestos y asociaciones públicas privadas en colegios, no se puede negar que Saavedra ha recuperado el papel que nunca debió perder el Estado en el sector.

Sin embargo, bajo el vértigo de las innovaciones y las transformaciones que nos trae el siglo XXI, ¿se puede hablar de una reforma de la educación? Difícil. Antes, una precisión: la mayoría de los regímenes educativos que han destacado en el siglo XX y el XXI son los que han contado con sistemas de acreditación educativa de la calidad independientes del Estado. Por ejemplo, las universidades agrupadas en la Ivy League de Estados Unidos (Princeton, Yale, Harvard, Cornell, Columbia, entre otras) se explican, principalmente, por un sistema de acreditación independiente del Estado y con más de un siglo de vigencia. Y, en general, los modelos educativos occidentales y los que destacan en el Asia acreditan la calidad de manera independiente del Estado, otorgando enorme protagonismo a la iniciativa privada y a la sociedad. Es decir, hay buen gasto estatal, pero acreditación absolutamente independiente del Estado.

El gran problema de la propuesta de Saavedra es que pretende excluir al sector privado, restar protagonismo a la sociedad y centralizar toda la reforma en los burócratas del sector. Y semejante camino es un yerro que nos puede costar generaciones y retrasar el progreso del país. La propuesta de Saavedra hoy aparece viable y gana respaldo mediático porque está luchando contra la mediocridad docente que, en las últimas décadas, impuso en el magisterio el SUTEP. En ese contexto, revalorar la carrera docente es un acierto; pero semejante esfuerzo apenas es un ladrillo para el edificio de la reforma, pues solo recupera la normalidad.

Considerar que la reforma educativa debe basarse en el Estado es ponerse de espaldas a la IV Revolución Industrial que ya sacude el planeta y a las propias reformas de los estados de bienestar de Occidente, que buscan diversificar las ofertas (participación del sector privado) en educación, salud y pensiones, ante la falta de recursos fiscales por el aumento de la longevidad y la disminución de los trabajadores activos.

El Minedu niega la acreditación a los colegios privados porque no quiere supremacías sobre los claustros estatales. Es decir, se busca homogeneizar hacia abajo, antes que hacia arriba, mediante la competencia. Igualmente, en su afán de centralizarlo todo, el sector intenta bloquear los más de 3,000 comités de acreditación —impulsados principalmente por el sector privado— de calidad que se desarrollan sobre la base de los estándares del Sistema Nacional de Acreditación y Certificación de la Calidad (SINEACE).

En otras palabras, en la concepción de reforma del Minedu solo caben dos palabras: Estado y burócrata. ¿Cómo se compagina esta concepción con las experiencias de Facebook, Microsoft y Google? No se puede, porque es la concepción del siglo XIX, del Estado alfabetizador.