EL MONTONERO | Primer Portal de opinión del país
Guerra ideológica e informalidad

Economía

Guerra ideológica e informalidad

3 de Julio del 2017

La izquierda exige más Estado y más sobrerregulaciones laborales

La muerte de Jovi Herrera Alania y Jorge Luis Huamán Villalobos, dos trabajadores que laboraban encerrados en un container y en condiciones de virtual esclavitud, durante el incendio de Las Malvinas, ha desatado una guerra ideológica en la que la izquierda pretende vendernos la idea de que más Estado, más regulaciones e intervenciones, son la fórmula para superar la informalidad del 60% del total de la economía y que también afecta a más del 70% de la fuerza laboral en el país.

El relato izquierdista —desde el sociólogo de izquierda ideologizado hasta el tuétano, hasta el congresista del Frente Amplio— más o menos señala lo siguiente: desde las reformas desreguladoras de los noventa se ha desprotegido de tal manera al trabajador que la muerte de los dos trabajadores en Las Malvinas es un resultado natural. El argumento es falso desde el inicio hasta el final.

La mayoría de las investigaciones del Instituto Peruano de Economía (IPE), la Universidad del Pacífico, Grade, y la propia Universidad Católica señalan que la rigidez laboral en el Perú es la principal explicación de la informalidad laboral. Diversas investigaciones aseveran que desde los noventa hasta la actualidad los sobrecostos laborales en el Perú se han incrementado desde el 45% sobre el sueldo bruto hasta sobrepasar el 60%.

En el Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial de la Cámara de Comercio de Lima se ha determinado que el Perú tiene los sobrecostos laborales más altos de los países de la Alianza del Pacífico: más del 60%. Mientras que esos sobrecostos en Colombia representan el 54%, en México 36% y Chile 32%. Algo más. En todos los rankings internacionales sobre rigidez laboral nuestro país está entre los primeros veinte países con mayor sobrerregulación. ¿Cómo entonces se puede hablar de que la desregulación laboral explica la informalidad?

No hay duda entonces de que la rigidez laboral es la madre del cordero. Pero eso no es todo. Las asfixiantes sobrerregulaciones laborales en el Perú motivaron un pronunciamiento conjunto del IPE, Grade y el IEP —todas ONG de diversas orientaciones ideológicas— en el sentido de que la rigidez laboral es la causante de un fenómeno único: la rigidez laboral no solo ahoga al empleo formal, sino que además pulveriza la posibilidad de existencia de medianas empresas. En todas las economías desarrolladas, las medianas empresas —entre 40 y 100 trabajadores— son largamente superiores en número que las grandes. En el país solo hay un reducido número de grandes empresas frente a más del 99% de microempresas.

Es decir las sobrerregulaciones laborales no solo precarizan el empleo, sino que representan una muralla en contra del incremento de la productividad de la economía: impiden el salto de las pequeñas unidades a la mediana empresa o desincentivan el crecimiento por la pared laboral. El asunto, pues, es un tema de primer orden para el futuro del Perú. Algo más. Gustavo Yamada, Decano de la Universidad del Pacífico, ha sostenido que la rigidez laboral explica alrededor del 20% del 60% de la informalidad total de la economía. Contemplamos, pues, una barbaridad que no podemos reformar por la ceguera ideológica de algunos sectores.

¿Cómo explicar entonces este tipo de posiciones que se resisten a ver la cordillera enfrente de sus ojos? El asunto es simple: para estos sectores el crecimiento es un asunto accesorio y el papel del sector privado también es otro factor prescindible. La idea de sobrerregular toda la economía, en realidad, esconde la propuesta de un mayor protagonismo del Estado en la economía.

Por ejemplo, las sobrerregulaciones que el ecologismo radical ha impuesto en los temas medioambientales, en la práctica, han bloqueado más de US$ 10,000 millones en inversiones mineras durante el pasado gobierno nacionalista, una inversión que hoy nos permitiría crecer por encima del 5% y seguir reduciendo pobreza como en la última década y media. Sin embargo, la izquierda ideologizada sigue pregonando sobrerregulación más sobrerregulación.