Luis Hernández Patiño

Luis Hernández Patiño

Socialistas y mercantilistas: una alianza fáctica

Los ideólogos y operadores políticos de izquierda también se alquilan

Socialistas y mercantilistas: una alianza fáctica
Luis Hernández Patiño
14 de junio del 2018

 

Comienza ya el Campeonato Mundial de Fútbol, y es comprensible que tal evento concite una gran atención. Pero hay temas de nuestra realidad que no pueden ser dejados de lado. Por ejemplo, este año tendrá lugar el proceso de elecciones municipales, y creo que ya deberíamos ir examinando a los diferentes sectores políticos que participarán. Hoy, veamos el caso de los socialistas y su relación con un grupo que, de la boca para afuera, representa a sus más grandes enemigos: los mercantilistas de la derecha.

En principio, cabe señalar que la conducta política de los socialistas está signada por la gran contradicción que se da entre lo que dicen y hacen. En este caso, bien puede aplicarse aquel viejo refrán que reza: “Del dicho al hecho hay mucho trecho”. Hábiles en el despliegue de la farsa y el embuste, los socialistas son los mejores practicantes y aprovechadores de lo que más han criticado a lo largo de la historia. Así pues, nadie fustigó tanto a los empresarios privados, a los propietarios de los medios de producción y al modo de producción capitalista, con tanto énfasis y lujo de detalles y fervor como los socialistas. Nadie pudo satanizar las reglas de la libre competencia, la dinámica de la publicidad de la sociedad de consumo y el posicionamiento de productos en el mercado, mejor de lo que los socialistas lo hicieron. Sin embargo, estos jamás se privaron de la posibilidad de ser empresarios y propietarios, ni desdeñaron la oportunidad de acumular riquezas.

Siendo tan ácidos críticos de la burguesía, los socialistas no tienen ningún empacho a la hora de recurrir al derecho burgués para gozar de los beneficios de este. Amando como aman a dictadores como Fidel Castro y Hugo Chávez, entre otros impresentables, los socialistas tienen la cara lo suficientemente dura como para aprovechar la oportunidad que se les presenta de banquetearse de lo lindo con el uso de las reglas de juego típicas de la democracia burguesa que, en el fondo, ellos desprecian, pero que también utilizan para llegar al poder.

Los socialistas aparecen reclamando justicia para los pobres. Sin embargo, la experiencia demuestra que, una vez instalados en los puestos burocráticos —que toman ya sea por la vía de las elecciones, por asalto o porque se subieron al carro de algún golpista militar, como ocurrió en el Perú hace cincuenta años—, semejantes fariseos someten al Estado al servicio de sus intereses, poniendo al pueblo en la condición de fuerza productiva que ellos explotan, hasta dejar a ese pueblo sin fuerza. De ese modo acumulan dinero y hasta hacen fortunas, como en el caso de la dinastía castrista en Cuba y de la boliburguesía chavista en Venezuela.

¿Cómo explicar entonces la vigencia de los socialistas en la escena política? La respuesta a tal interrogante tiene que ver con diversos factores que juegan a su favor. Sin embargo, creo que la vigencia política de los socialistas está fundamental e íntimamente basada en una alianza fáctica, porque no resulta nada casual la facilidad (algunas veces asombrosa) con la que estos se mueven y figuran en la atmósfera de lo políticamente “correcto”.

¿No tendrá que ver aquella vigencia con algún tipo de complicidad? Me hago la pregunta porque, observando nuestra realidad, encontramos que hay un sector mercantilista de derecha que —más allá de expresarle su caro amor a la libertad, a la democracia y a la vigencia del Estado de derecho— no se ha interesado en ofrecerle a los miembros de la sociedad una visión de nuestra realidad diferente, y a la vez esperanzadora, frente a la propuesta ideológica que, en una forma camaleónica, los socialistas han venido promoviendo. Quizás, por decirlo de algún modo, aquel sector mercantilista no se ha interesado en los asuntos doctrinarios porque considera que no es necesario gastar en eso. Quizás aquel sector entiende que los ideólogos y los operadores políticos también se alquilan, aunque estos sean de la izquierda, y por eso optan por buscarlos en la bolsa de lo políticamente “correcto”.

Lo concreto es que, en la actualidad, los socialistas cuentan con las sonrisas, las simpatías y una pusilánime lealtad de parte de un sector mercantilista que, por lo que yo percibo, es capaz de defender lo indefendible. Incluso llega a poner las manos al fuego, si eso es lo que conviene, para evitar algún tipo de vacancia presidencial o revocatoria, como la que pudo haberse dado no hace mucho en el municipio limeño. De ahí, pues, que estaríamos ante un social mercantilismo, el cual me parece que termina siendo cómplice de la vigencia política de los socialistas.

Desde que se inició la transición “democrática”, los socialistas se fueron introduciendo en puestos públicos; y como consecuencia de eso, hoy podemos ver cómo, poquito a poquito, le han ido cambiando el color a nuestro Estado. Por cierto, hoy nuestro Estado está pintado de rojo, y no olvidemos que eso ha sido también gracias a la cortesía de los mercantilistas, quienes les pusieron a los socialistas la brocha, la escalera y hasta la pintura para que logren sus objetivos.

¿Es necesario enfrentar a los socialistas? Sí, por supuesto. Pero también resulta necesario desenmascarar a los mercantilistas de la derecha. No hay por qué no poner a estos al descubierto y señalar la cuota de responsabilidad que tienen frente a lo que viene ocurriendo con nuestro país. No podemos seguir dejando pasar el tiempo, para después estar de sobresalto en sobresalto; mientras que los socialistas y sus amigotes se relacionan bajo la sombra del poder fáctico para alcanzar lujos y privilegios, dándole las espaldas al pueblo.

 

Luis Hernández Patiño
14 de junio del 2018

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