Carlos Adrianzén

La pregunta

¿Cómo se comportará la economía peruana durante el próximo gobierno?

La pregunta
Carlos Adrianzén
21 de enero del 2026

 

Estimados lectores, en estas líneas escribiré sobre un ejercicio de visualización. Un marco simple sobre lo que podría darse en el lapso del próximo gobierno. En las líneas que siguen no encontrará certezas absolutas; lo que propongo es un marco general para pensar cómo podría comportarse la economía peruana durante el próximo gobierno. 

 

Suertes e incertidumbres peruanas

Enfocándonos, hoy es útil reconocer que, desde principios de la década pasada, en medio de regímenes con escasa lucidez –con la excepción quizás del manejo monetario– y bajo iniciativas congresales en claro modo populista y/o inclinadas hacia sucesivas anti reformas, nuestra economía elevó su apertura externa en cerca de diez puntos porcentuales del Producto Bruto Interno (ver figura adjunta).

Como la imagen presenta, el peso relativo del comercio exterior en la economía peruana explosionó. Esto implicó un cambio enorme. Aunque libre de liderazgos (leadership-free) y políticamente pasivo.

A pesar de los flagrantes retrocesos en materia institucional, crecimos un poco más… exportando minerales y productos agrícolas. La extraordinaria evolución de lo externo hacia el Perú (simultáneamente, mejores precios promedio de exportación y más baratos precios promedio de importación); y la maduración de las reformas noventeras, explicaron las cosas. Esto ubicó al Perú como la envidia coyuntural de la postrada Latinoamérica actual. De hecho, el año pasado el Perú exportó, en dólares constantes, mucho más que la dictadura joya de la izquierda latinoamericana y del régimen español actual (me refiero a Venezuela). 

Como revela el próximo gráfico, esto no alcanzó para hablar de una recuperación sólida. Después del intento chavistoide de Sagasti y los presos Humala y Castillo, así como sus impunes colaboradores, la pobreza peruana se enervó. Desde entonces, apenas crecimos –en promedio– un par de puntos porcentuales por encima de la población. Esto –debe notarse– describe nuestra actual inercia económica. Nada más.

 

Observaciones a considerar

La siguiente figura nos entrega dos reflexiones impajaritables. La primera es que las reformas de mercado a medias y/o revertidas –etiquételas como usted prefiera– no funcionan. No reforman casi nada… suficiente y significativamente. Es cierto, la estabilidad nominal se recuperó, pero seguimos siendo una sociedad que no entrega. Un sistema que exporta más, pero no invierte lo suficiente para incluir.

Seguimos siendo el Perú extractivo de siempre y no una nueva Australia (esa nación inversora, inclusiva con su pueblo). De hecho, una proyección pasiva de las inversiones y exportaciones peruanas desde el 2010 (gracias a los continuos retrocesos en la gobernanza estatal), cierra el círculo de un gobierno extractivista, casi fallido. 

Si, por ejemplo, en abril próximo eligiésemos a algún candidato cubanoide, no imaginen –por favor– lo que podría acarrearnos una caída de los precios promedio de nuestras exportaciones y/o una subida drástica de los similares de importación. La economía se cerraría dolorosa y rápidamente.

La segunda observación –dibujada en la línea de color plomo– resulta palmaria. Enfatizando la senda post humalista, coquetearíamos rápidamente con la recesión. Y esta caída sería usada como coartada para aplicar un programa aún más opresor… a la usanza cubana, mexicana, colombiana o venezolana.

Recuérdelo: si bien hace poco nos limpiamos de Castillo –de su masiva ineptitud y corrupción–, eso no implica que este tipo de aventuras de izquierda han dejado de estar en la moda global. Cuentan hoy con apoyo foráneo, medios de comunicación –formales e informales– y una burocracia electoral afín… para regresar a como dé a lugar. La historieta del desastre puede reeditarse.

 

Cuidado con los dictadorzuelos dizque justicieros

Si queremos pues enfocar –ex ante– lo que vendría el lapso 2026-2030, no obviemos sus inercias e incertidumbres. En los últimos cinco años, tuvimos suerte, pero no hicimos la tarea. Dicho de manera sencilla: exportamos mucho más que antes. Fue un cambio enorme, aunque casi invisible en el debate político. Y sí, solo anti-reformamos con gran torpeza.

Si bien existe hoy una media docena de opciones electorales con ideas respetables y arraigo popular, tal es su dispersión en la campaña y el deterioro acumulado de las instituciones nacionales, que no sabemos si en el proceso electoral se contarán meridianamente los votos… 

Aquí no nos ayuda la autocomplacencia. La historia latinoamericana está llena de líderes fascistas que se presentaron como justicieros. Velasco, Castro, Chávez, Ortega o Perón. Todos ellos ocultaron al inicio lo que realmente eran. Y demasiada gente les creyó.

Para los próximos cinco años algo nos debe quedar claro. Si no ordenamos y limpiamos la deteriorada gobernanza pública peruana, esto nos puede volver a pasar.

Carlos Adrianzén
21 de enero del 2026

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