Jorge Varela
Descendencias políticas nefastas
Una izquierda embaucada por integrantes de una cofradía obtusa
Antaño –en algunas conversaciones juveniles subidas de temperatura en medio de aulas y pasillos universitarios– era frecuente que escucháramos y se utilizara la siguiente frase demoledora, que nos ponía en guardia y nos hacía reflexionar: “las crías degeneran”. Cada vez que se comparaba el desempeño y actuaciones de personajes importantes del ámbito pÚblico con el comportamiento opaco –para no decir mediocre– de sus hijos en dicho ámbito o en el académico, resurgía esta denostación lapidaria. Era una forma necia de denostar a compañeros de curso –de escuela, de universidad– cuyos padres ocupaban cargos políticos destacados o eran representantes de la ciudadanía. La actitud malévola suele ser arropada por la crueldad y el insulto.
Crías que sí degeneraron
Después la real-realidad se encargó de revelarnos que hay casos específicos en los cuales “las crías sí han degenerado”. En Chile una mayoría significativa de dirigentes del Frente Amplio –entidad fundada por jóvenes que impulsaron las movilizaciones estudiantiles el año 2011, una de cuyas intenciones fallidas fue presumir autoridad moral antes de promover educación pública, gratuita, de calidad– desciende de ex-jerarcas de partidos históricos que conformaron la Unidad Popular en tiempos de Salvador Allende. O son hijos, nietos o sobrinos de conocidos ex-dirigentes de grupos y movimientos cristiano-socialistas que se desprendieron de la oposición a éste para apoyarlo; o de ex-líderes de la fenecida Concertación por la Democracia, de la Nueva Mayoría y de movimientos que se autodenominan progresistas. Se trata de descendientes que crecieron junto a dicha élite acostumbrada a disfrutar del calor emanado de la caldera del poder plácido, ese tan acogedor que adormece a haraganes-perezosos.
Son crías dispuestas a utilizar “tácticas de acción directa”, eufemismo que justifica su adhesión a la vía violenta, son las mismas que dieron origen al partido que se propuso enterrar al neoliberalismo y construir otro modelo, gracias al gentil auspicio de Fernando Atria y compañía. Con el paso del tiempo, algunos de estos patrocinadores ideológicos han optado por mantenerse silenciosos para dedicarse a la actualización de textos de apoyo estratégico.
El revanchismo se huele
La derrota reciente que ha conocido esta generación de crías inexpertas junto a sus progenitores y tutores intelectuales, no será fácil de asimilar, pues se habituó a beber solo mieles gratis y a sentirse conductora privilegiada de un país que según ella debería aceptar dócilmente todas sus utopías y patrañas.
Esta misma circunstancia explica que varios medios de información hayan iniciado la difusión de una serie declaraciones y opiniones emitidas por sociólogos y académicos orgánicos que insisten en difundir la apología de tesis ya superadas por la evolución histórica. Hay algunos que disimulando su condición de ‘orgánicos’, ya han comenzado a abastecer sus brigadas de adictos con municiones y elementos de artillería pesada, dispuestos a reiniciar el combate ideológico-político, parapetados en recintos académico-universitarios y medios de comunicación articulados y flexibles, coincidentes en ideas y objetivos.
Desde dichas trincheras fortificadas resurgirá otro pensamiento alternativo siguiendo las pautas de Rousseau, Maquiavelo, Marx, Gramsci, García Linera, Atria, M.A. Garretón, Brunner, y además se apoyará aquel trabajo analítico sibilino que escurre destilado de ‘peñas’ y alambiques nuevos.
Una izquierda así esculpida y embaucada por integrantes de una cofradía obtusa, -adoradora de Marx, Lenin, Gramsci, Foucault, Laclau, García Linera, entre otros-, dejó de aceptar que el hombre está constituido de dos ente-realidades: por el espíritu, -sustancia que piensa-, y por el cuerpo, inserto en medio del mundo material. En épocas pretéritas a varios de ellos pudo calificárseles acertadamente de ‘corruptores ilustres’ de generaciones juveniles. Hoy ejercen como gurús referentes de personajes públicos perdidos en el tiempo.
La degeneración política es transmisible
Convengamos que la degeneración política-ideológica como proceso detectable en el tiempo no es un fenómeno exclusivo de determinado sector. No solo se ha dado en la vieja izquierda, orgánica o anarco-radicalizada, también en la izquierda prematura, esa nacida anticipadamente. En Chile el único ente político que pareciera inmune por ahora, aunque se perciben síntomas alarmantes, es el Partido Comunista (PC). Incluso en el centro político basta retroceder 56 años para que emerja del pasado aquel trágico doble cisma de la Democracia Cristiana, del cual nacieron el Movimiento de Acción Popular Unitario (Mapu) y la Izquierda Cristiana (IC). Si hasta de la derecha histórica se han desprendido algunas ramas truncas que se mueven al ritmo de vientos huracanados.
















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