Jorge Varela
El pasado, la historia y el futuro
Aprender a existir: lo primero es la vida
En un congreso sobre el futuro el escritor y profesor de Filosofía Sergio Rojas Contreras expuso varias reflexiones sobre el pasado. Al inicio de su intervención el autor de El pasado no cabe en la historia, expresó: “hoy tenemos grandes expectativas sobre el futuro,…pero al mismo tiempo en nuestro propio presente nos cruza un presentimiento de inseguridad, de falta de certezas, y muchas veces pensamos que esa incertidumbre, esa incerteza tiene que ver con que no sabemos lo que viene, es la incertidumbre respecto del futuro”.
Historia e incertidumbres
Buena parte de esta incertidumbre tiene que ver con que “no sabemos desde dónde estamos mirando hacia el futuro,…nuestra incertidumbre cruza y afecta directamente nuestro presente y tiene que ver con la relación con el pasado”.
Según la visión de Rojas, los acontecimientos no son en sí mismos históricos. “La historia no se identifica con el pasado, la historia es una interpretación, que implica seleccionar acontecimientos, reconocer su estatura histórica, interpretarlos”. ¿Qué es lo que sucede en esta relación paradójica con el tiempo?
“Estamos cruzados por la incertidumbre, tenemos conciencia de la precariedad, de la contingencia, algo que a ratos vivimos como algo emancipador, nada llega para quedarse; pero al mismo tiempo es angustiante, nada llega para quedarse, todo es contingente”.
¿Qué sucede con el pasado?
Rojas se pregunta: “¿tenemos alguna valoración del pasado, reconocemos ese valor en la vida,…en las memorias, en los recuerdos, en las biografías? ¿O estamos más bien volcados sobre lo contingente, sobre la actualidad? En ese tiempo en donde estamos mirando hacia el futuro, llenos de expectativas, pero también de incertidumbre, la pregunta es ¿Qué sucede con el pasado?”
Rojas menciona dos documentales, pertenecientes al género denominado falso documental o de ficción: “Muerte al 2020” y “Muerte al 2021”, que sugieren que el pasado es una catástrofe, que el pasado que está a nuestras espaldas es un gigantesco error del cual debiéramos deshacernos, debiéramos sacudirnos para volcarnos hacia el futuro. Es decir, “si cargamos con el pasado el futuro no llegará”. Es –a su juicio– el presentimiento que nos invita a reflexionar críticamente.
Agrega que “el pasado está allí, pero sin relato, el pasado se ha insubordinado respecto a los relatos, a las grandes historias que lo habían resuelto”.
Cuando el pasado inmediato nos resulta ajeno
“Al poner en cuestión el pasado, ese pasado nos resulta de pronto ajeno o al menos la historia –el relato que lo interpretaba y que se proponía como una interpretación del presente– ha quedado en suspenso”. Esa es la situación en la que hoy nos encontramos. “¿Cómo se produce esta paradójica relación con el tiempo donde nuestro pasado inmediato nos resulta ajeno?”
El pasado como algo extraño
El pasado es algo extraño. Así está descrito en el siguiente pasaje de la conocida novela El Perfume de Patrick Süskind (1985): “las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excrementos de rata; las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales”.
Cuando miramos hacia el pasado –afirma Rojas, refiriéndose a la cotidianidad en el pasado–, lo que nos preguntamos muchas veces es: ¿cómo fue posible que los seres humanos vivieran allí? “El pasado tiene no solamente otros olores, -como en la novela de Süskind-, sino también otras modas lingüísticas, otra visualidad, otro sentido del humor, otras angustias. También nosotros seremos extraños para el futuro”. En el futuro se preguntarán cómo fue posible nuestra cotidianidad. “Nuestra relación con el futuro es una relación desde un presente que está cargado de pasado, lo que diremos entonces es: “he vivido, por lo tanto, tengo pasado, por lo tanto, tengo una historia que contar”.
Un pasado sin estatura histórica
La charla de Rojas continúa: “Hubo grandes relatos” que nos indicaban que la historia, -sobre todo en plena modernidad-, se dirigía hasta un fin glorioso de la historia humana, o un devenir de progreso que se escribía en nombre del espíritu universal, como diría Hegel, o desde la idea del Estado Nación. Esas narraciones permitían articular el pasado, -más precisamente-, seleccionar ciertos acontecimientos, porque “no todo el pasado cabe en la historia, no todo en el pasado tiene estatura histórica”, y entonces ciertos lugares, ciertas zonas geopolíticas en el planeta emergían, se presentaban como representantes de la humanidad. Es sin duda, la realidad que vivimos en esta fase caótica.
Dicho relato del progreso, ese relato del desarrollo de la civilización era real, pues grandes acontecimientos tuvieron lugar allí y a ellos debemos nuestro presente; pero al mismo tiempo arrojaba oscuridad respecto a los acontecimientos de violencia que eran inherentes a ese mismo progreso, y que tienen que ver con formas de violencias establecidas, que tienen que ver con racismo, que tienen que ver con clasismo.
“Hoy día, caídos los grandes relatos” –entre ellos, muchos de naturaleza colectivista totalitaria– “emerge lo que se podría llamar la masa oscura de la historia“, esa nebulosa de acontecimientos y de jerarcas que quisieron ser parte de la historia.
Aprender a existir
En el mundo globalizado, un supuesto mundo sin fronteras, aprender a existir es la primera cuestión básica, pues la atmósfera de incertidumbre genera miedos. Hoy se siente el miedo día a día, casi minuto a minuto, el miedo a la pobreza, el miedo a la enfermedad, el miedo a los otros, a ser víctimas de la inseguridad y la violencia. En definitiva, miedo a que el mundo explote.
Por eso la vida de todos nos exige que tengamos fe en ella, integridad moral y fortaleza espiritual para enfrentar sus múltiples desafíos y grandes obstáculos. Lo primero es: la existencia, la defensa de la vida, después vendrá la historia.
















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