Eduardo Zapata

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¡Salud, Perú!

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Eduardo Zapata
10 de agosto del 2017

Consumo de cerveza y crecimiento económico

Como para mantener el espíritu patriótico del mensaje presidencial —y ratificar la inminencia del crecimiento económico prometido— nuestro tecnocrático primer ministro se apresuró en los primeros días de agosto a brindarnos cifras. Nos dijo que ya se percibían “mejoras en las expectativas económicas”. Y que una evidencia de ello era el “avance en el consumo de cerveza, un indicador líder”. Se refería Fernando Zavala a que las ventas de cerveza habían crecido 8.2% en el trimestre abril-junio. Lo que significaba —como es obvio— un aumento en la recaudación tributaria.

En verdad, no sabemos si la satisfacción del ministro obedecía a la llamada “reactivación del crecimiento económico” o al inconsciente del ex alto ejecutivo de la más grande empresa cervecera del Perú. Porque si bien muchos tecnócratas suelen envolverse y envolvernos con cifras, ratios y beneficios que ponen al país en azul —ignorando costos posteriores al Estado— es preocupante que específicamente en el caso de la venta de la cerveza y sus “beneficios”, se pase por alto el drama social del científicamente comprobado síndrome alcohólico fetal.

Dicho concepto nos remite a que la ingesta de alcohol en el acto mismo de la concepción (por parte de padre y madre) o durante el período de embarazo (aunque sea una vez por semana) termina por generar en el niño dificultades de aprendizaje, bajo coeficiente intelectual, trastornos del sistema nervioso central en general y proclividad al alcoholismo y a la violencia. Para los cuales —como lo admite la propia Federal Drugs Administration (FDA)—, “no existen fármacos ni tratamientos”.

Región Arequipa. Provincia La Unión. Distritos Toro, Quechalla y Puyca. Madres llevan, como es costumbre andina, un niño en sus espaldas. Esas mismas madres llevan una pequeña botellita y algodón. Cuando el niño llora, la madre moja el algodón con el líquido contenido en la botella y lo pone cuidadosamente en los labios del infante y lo calma. ¿Qué contiene la milagrosa botellita? Contiene alcohol metílico.

Fiestas patronales. Acompañadas de alto consumo alcohólico. Allí donde se han realizado estudios —por ejemplo en la fiesta de la Virgen de la Candelaria (Puno)—, nueve meses después hay un incremento de la natalidad.

¿Cuánto afecta al sistema educativo —por ejemplo— el síndrome alcohólico fetal? ¿Qué costos adicionales le genera? ¿Qué impedimentos cognitivos y frustraciones personales están siendo alimentados? Un tecnócrata con visión de realidad —por más que busque envolverse y envolvernos con cifras del crecimiento económico— no puede ignorar los costos que el síndrome de alcoholismo fetal conlleva.

El trazo de políticas públicas no puede ignorar ni la realidad ni el hecho científico. A ver si nos sinceramos, abrimos los ojos a las evidencias y asumimos que frases como “crecimiento con inclusión y con equidad de género”, “reconstrucción con cambios” o el mismísimo “crecimiento” son solo eso: palabras o frases publicitarias. Si no centran la realidad del ser humano y una auténtica preocupación por él.

Leamos los signos que la realidad y la ciencia ponen ante nuestros ojos, no solo aquellos que deseamos leer.

 

Eduardo E. Zapata Saldaña

 
Eduardo Zapata
10 de agosto del 2017

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