Nancy Arellano

Nancy Arellano

Reforma electoral

Reforma electoral
Nancy Arellano
21 de diciembre del 2016

O de la asfixia de la democracia peruana

La democracia es el mejor sistema que hemos hallado para viabilizar una convivencia cívica. Es decir, para lograr aspirar a la existencia libre, pacífica y ordenada de distintos grupos de interés, en un espacio y al mismo tiempo. La convivencia libre, ordenada y pacífica pudiese darse, como se ha dado, en pequeños grupos humanos tribales, casi familiares; pero no ha sido posible, salvo en democracia, para grandes masas de hombres y mujeres.

No podemos confundir la relación entre estos tres elementos. La convivencia pacífica y ordenada puede existir en un totalitarismo, no en libertad. La convivencia puede ser ordenada, pero no necesariamente pacífica y libre, en un Estado minado por la violencia. Puede pensarse incluso en una convivencia pacífica y libre, pero no necesariamente con el orden necesario para garantizar igualdad de acceso al desarrollo, como sucedió en la etapa inmediata a la Revolución Industrial. Todos eso frágiles duetos son quebrados por la realidad. Sin paz, orden y libertad no se mantienen las condiciones.

Varios temas de fondo pueden desprenderse. Hablar de qué es el orden, la paz o la libertad. En estos momentos en el mundo hay caos en muchas latitudes, incluso en aquellas que tienen a la democracia como sistema, porque la democracia no es una tablilla inamovible de ítems que cumplir; es un imperativo ético, porque detrás de ella se suponen los valores que la sustentan en su preferibilidad, como dijera Sartori.

La democracia es una ardua tarea porque implica establecer límites responsables a la libertad individual en nombre de lo social; pero al mismo tiempo poner límites a lo social por la dignificación de la existencia individual. Tanto de social como sea posible y tanto de individual como sea necesario, para mantener un sano equilibrio como costo de la creación del espacio para el progreso en conjunto. El mercado es un producto social y la innovación es un producto del individualismo conjugado con este.

Podemos proponer un punto de partida al hablar sobre el orden como un pacto de normas de convivencia que deben respetarse y que, en efecto, son respetadas. Podemos hablar de la libertad como la posibilidad de realización de un ser humano en su entorno; de su capacidad para desplegar sus dotes, habilidades o intereses; además de satisfacer sus necesidades básicas. Podemos hablar de que la paz es la ausencia de conflicto en un sentido de peligro para la vida. Esto es, para mí, la esencia de la democracia contemporánea. Estos son los elementos que debemos cuidar. Son los aspectos primarios que ocupan —o deben ocupar— a la clase política elegida en los proceso electorales. Cuando fallan o incumplen su misión, asestan golpes a la democracia, son victimarios de esta.

En el Perú una frágil democracia se asomó a finales de los años setenta, viéndose interrumpida por el terrorismo de los ochenta y prontamente en los noventa de manos del propio Estado. Se retomó ese empinado camino en el 2000. Hoy, a 16 años del último salto hacia la democracia el Perú vive amenazas al sistema: corrupción, conflictos sociales, decepción de la ciudadanía hacia la clase política, partidos debilitados convertidos en "carrozas electorales", políticos que no representan a su votantes... y podemos seguir.

La reforma electoral es un paso hacia la actualización democrática, para recuperar la triada: paz, orden y libertad, en función del desarrollo del país; en la creación de mercados apetecibles a lo interno, de innovación para la exportación, de movilidad social. De equilibrios que confirmen que la reducción de la pobreza que se ha visto en estos 16 años, no es una consecuencia única del mercado concebido como un espacio de comercialización e intercambio cuantitativo y monetario, sino también de las posibilidades de progreso de un grupo de hombres y mujeres que crean y consumen productos y servicios en una espiral de crecimiento y realización humana.

Involucrarnos en la reforma electoral implica concebir un plan para el Perú hacia el 2018 y 2021, de cara a nuestros planes personales, ciudadanos y comerciales. Como personas, como habitantes y como empresarios. En esos dos procesos electorales venideros que legitimarán a esa clase política, podemos perpetuar o mejorar con un adecuado proceso electoral perfeccionado con la reforma en curso.

 

Nancy Arellano

Nancy Arellano
21 de diciembre del 2016

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