Eduardo Zapata

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Maestro líder

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Eduardo Zapata
21 de septiembre del 2017

Urge revisar a las instituciones que forman a los maestros

Un comunicador profesional sabe que antes que codificar mensajes —y si desea que los suyos tengan valor agregado— debe estar entrenado y ser capaz de decodificar o descifrar los signos que ofrece la realidad.

Tranquilizadas transitoriamente las aguas magisteriales, sería conveniente que quienes tengan que ver con soluciones al problema educativo revisen mentalmente los rostros, actitudes y gestos de los maestros que marcharon por las calles de Lima. Particularmente de aquellos que lo hicieron en los primeros días.

Conviene hacerlo porque una conclusión fácil que se ha sacado era que se trataba de una reedición del cuento de la Caperucita Roja. Donde no solo los marchantes en general, sino hasta la propia Caperucita eran simpatizantes de algún movimiento extremista.

Y no podemos pecar de ingenuos al señalar que había allí, en esas marchas, gente desinteresada de la auténtica labor de un maestro y más preocupada por sus fines políticos. Pero haciendo el ejercicio de memoria visual de recordar a los marchantes, creo que coincidiremos en que una inmensa mayoría de ellos estaba conformada por maestros que de verdad se sentían heridos en su dignidad y autoestima. No era, pues, la versión maniquea que algunas autoridades, diarios o periodistas trataron de pintar: era fácil reconocer allí maestros indignados, pero maestros dispuestos a ser tratados como tales.

Sabemos que la huelga no fue debidamente manejada. Sabemos también que había intereses infiltrados ajenos a las reivindicaciones puramente educativas. Pero convendría reparar en aquellos que marcharon por su autoestima y dignidad.

Ya hemos dicho muchas veces que fue el propio Estado el que permitió —a través de Facultades de Educación, Institutos Pedagógicos o cursos de capacitación— que engañaran a muchos maestros con títulos “A Nombre de la Nación” finalmente falsificados en su esencia. Durante muchos años hemos falsificado no solo los títulos, sino conocimientos y metodologías. Esto ha devenido en que tengamos maestros de aula incapaces para serlo, y que han contribuido a pauperizar nuestra escuela pública.

Y he aquí una de las primeras tareas del nuevo ministro de Educación: devolverle a los maestros de verdad autoestima y dignidad. Porque carecer de estas virtudes se traslada irremediablemente a los procesos de enseñanza-aprendizaje. Se traslada a nuestros niños y jóvenes.

La larga huelga recientemente vivida debe ser una oportunidad para que los maestros de aula en el Perú —urbanos y rurales— vuelvan a ser líderes. Dentro y fuera del aula. Como lo fueron en tiempos idos, cuando ser maestro significaba ser un referente para la comunidad, desde su vestir hasta su actuar. Pues eso es lo que —tal vez sin decirlo explícitamente o quizás sin saberlo— era lo que reclamaban la mayoría de los marchantes iniciales.

Urge, entonces, revisar con seriedad profesional los criterios de selección y formación de las instituciones que se dedican a preparar a nuestros maestros. Urge que allí ingresen solo los mejores. Y urge que la formación y la capacitación dejen de circunscribirse al negocio de revivir recetas del ayer o proponer cambios cosméticos que solo siguen modas y son ajenos totalmente a nuestras realidades. Urgiría, entonces, revisar a las instituciones que participaron en la formación y capacitación de maestros no deseados. Para excluirlas en el futuro u obligarlas a actualizarse.

Empecemos con los directores de los centros educativos. Muchas plazas han sido ya cubiertas. Toca ahora empoderarlos como líderes de su propia escuela y de la comunidad. Y eso pasa no solo por restituirles autoridad y decisión, sino también por brindarles las oportunidades para potenciar sus competencias y habilidades de gestión y dirección dentro de la escuela, y por empoderarlos en sus relaciones con el entorno educativo inmediato. Porque si el rol de un maestro cualquiera debe ser el liderazgo, aquel del director es el ser líder de líderes.

 

Eduardo E. Zapata Saldaña

Eduardo Zapata
21 de septiembre del 2017

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