Fernando Peña

Fernando Peña

Cajamarca: donde todo empezó (primera parte)

La experiencia de jóvenes becados gracias a Minera Yanacocha

Cajamarca: donde todo empezó (primera parte)
Fernando Peña
09 de marzo del 2018

 

Nos reunimos con algunos de los más de veinte ex becarios de Minera Yanacocha. Convenimos en encontrarnos en el jr. Pisagua, entre Huánuco y Junín, en el tradicional Barrio de San Pedro, en el centro de Cajamarca. Desafiantes nubarrones amenazan la tarde que tenues rayos de sol persisten en iluminar.

Resulta inquietante la experiencia que aquellos esperanzados cajamarquinos vivieron a lo largo de dos años, en los que debieron desarrollar la maestría que les permitió lograr el propósito de ser mejores, además de sus méritos académicos y sus cualidades personales. Aquellas becas son el resultado del programa financiado por Minera Yanacocha, en asociación con la Comisión Fulbright, promotora del intercambio educativo y cultural entre Estados Unidos y el Perú. Cada una suma la nada desdeñable cifra de US$ 100,000. Tales subvenciones han sido gestionadas eficientemente por la Asociación Los Andes de Cajamarca (ALAC), organismo corporativo de la empresa minera.

Otros también son los organismos, fundaciones, universidades y gobiernos aliados en el esfuerzo para contribuir a la generación y fortalecimiento de capital humano e impulsar el desarrollo de la región Cajamarca. En esta voluntad ALAC-Yanacocha tiene entre sus cófrades a la Pontificia Universidad Católica del Perú, el Gobierno de la República Francesa, la Universidad Nacional Agraria La Molina, Pronabec, la Universidad Nacional de Cajamarca y la Fundación Carolina.

En la iluminada sala de un tercer piso nos acoge, Brian, uno de los jóvenes profesionales cajamarquinos —tenían en promedio 24 años cuando debieron partir— beneficiarios del programa minero. Nos acomodamos en los inmensos muebles crema, mientras por el amplio ventanal tímidos rayos de sol porfían en hacer válida la tarde. Acude a la cita Yesenia, igualmente ex becaria. Minutos más tarde llegan Miguel, Netty y Dael. Visten ropa casual, se descubren sonrientes, insuflan felicidad, se engalanan de éxito. Van ordenándose, se juegan una que otra chanza, inundan el ambiente de hermandad, de cálido afecto. Empiezan a fluir los recuerdos de la prolongada permanencia lejos del seno familiar y del terruño. Se muestran justificadamente orgullosos, remontaron la nostalgia y alcanzaron sus metas, estuvieron a la altura de los compromisos contraídos.

 

Cajamarca, una razón de ser

Conforme afloran las remembranzas y manan comentarios, descubro entre ellos un común sentimiento que supera el afecto interpersonal: su amor por la tierra en la que los alumbraron, en la que Dios les permitió ver la luz. Cada uno deja traslucir su sentida efusión. Emociona tan honda identidad.

¿Qué los motivó a marchar tan lejos, siendo tan apasionado el amor por la tierra?

  • Quise tener la oportunidad de hacer la maestría fuera del país por el reto que ello implicaba. Si otros pueden yo también, me dije. Además porque cada uno de nosotros quiere aportar del mejor modo a Cajamarca, apunta Miguel.
  • Había estado revisando varias oportunidades para salir del país con una beca —tercia Netty—. Fue emocionante recibir el correo de ProBeca. Debí renunciar a continuar estudios en la Católica, en Lima. Tenía que optar entre pagar mi matrícula o invertir en obtener los documentos que me solicitaba en ALAC para la postulación.

Yesenia, Brian y Dael —junto a muchos otros jóvenes cajamarquinos— eran trabajadores de Minera Yanacocha, en el marco del Programa de Graduados. Estando allí se enteran de la existencia de ProBeca. Más aún, fue Dael quien, informado del programa, habló con Brian y luego con Yesenia. Fue ese el gran descubrimiento, esa era la oportunidad que habían esperado. Deciden entonces postular.

  • A Yanacocha le agradezco porque apostó por el talento local, afirma Yesenia.
  • Sin duda, todo lo que en lo personal he logrado, y lo que han logrado mis compañeros, no hubiera sido posible sin la gente que creyó en nosotros y nos apoyó. La experiencia me marcó la vida, sostiene Dael.
  • Haber interactuado con funcionarios de Yanacocha, durante el Programa de Graduados —refiere Brian— fue para nosotros una gran motivación. Nos alentaron a trazarnos cada vez mayores metas.

La esperanza de desarrollarse académicamente fuera de su tierra se traduciría en muy corto tiempo en nombres que se tornaron entonces familiares: Nebraska, Pennsylvania, Maryland, entre otros. En aquellos remotos lugares estarían las universidades que los acogieron por dos largos y maravillosos años en que la ilusión fue perfilándose, cristalizándose entre libros de economía, ingeniería, administración, gerencia de proyectos.

 

Fernando Peña
09 de marzo del 2018

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