Víctor Andrés Ponce

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Sociología anti-Mamani

El héroe que se vuelve villano

Sociología anti-Mamani
Víctor Andrés Ponce
28 de marzo del 2018

 

Mirando las cosas en el mediano plazo, el establishment que se organizó alrededor de los gobiernos de Toledo, Humala y PPK —y que estaba conformado por sectores políticos, una coalición de medios, columnistas anhelantes de hacer política, académicos y universidades— ya tiene sus kenjivideos, así como el fujimorato tiene sus vladivideos. El argumento acerca de que el proceso de vacancia era un golpe de Estado del fujimorismo que pretendía copar las instituciones hoy se disuelve en la imagen de Kenji señalando que si “estás con el Gobierno no te pasa nada con la fiscalía”. Es decir, todo el establishment que levantó una muralla para defender a PPK ahora está en cueros frente a la historia.

Pero eso no es todo. El agravante parece ser que un hombre de origen andino, con todos los aciertos y defectos del mundo provinciano emergente —es decir, Moisés Mamani— haya sido quien ha hecho “cholitos” a Alberto Borea, uno de los abogados más cazurros y conspicuos del establishment, y al ministro Bruno Giuffra, quien en los audios habla con la soltura y seguridad con que los criollos o limeños suelen dirigirse a la gente de origen andino.

El establishment, pues, está que arde. Saben que el mediano y largo plazo a partir de ahora es adverso, y que la estrategia de vivir pegado a la ubre estatal, y al mismo tiempo criticar al Estado, ahora será más complicada. Para este sector no interesa que la denuncia de los kenjivideos haya salvado a la democracia de una administración inviable, sumergida en la corrupción y en una lógica de “capitalismo de amigotes” que, tarde o temprano, iba a convertirse en el peor enemigo del mercado, la inversión privada y la democracia.

Tampoco interesa que la democracia peruana haya evitado el rechazo de una segunda moción de vacancia en base a los métodos denunciados en los kenjivideos: la compra de votos mediante la obra pública. No importa, pues, que hubiese existido la posibilidad de que un Gobierno vinculado a los peores métodos de los noventa continuara en el poder. Allí están los análisis, reflexiones y programas televisivos, grabados en piedra para la posteridad.

No hay criterios mínimos para la reflexión porque se trata de la lucha del poder por el poder. Ahora la demonización de Mamani está en marcha y, de paso, una especie de venganza clasista de los sectores criollos empobrecidos por la economía de mercado, y que se han convertido en una especie de clase media estatal que ha pululado alrededor de las últimas administraciones. Mamani tiene todos los defectos de los líderes y sectores empresariales emergentes y, de pronto, es “un estafador, un machista que despide a mujeres, que abandona hijos” y diversos anatemas que se han escuchado. Las investigaciones y el tiempo establecerán si las denuncias contra Mamani son verdaderas o no. Sin embargo, el hombre le ha hecho un gigantesco servicio a la democracia y a la salud del sistema político.

Hoy el establishment intenta destruir a Mamani, pero el congresista ya ha jugado todas sus cartas. Y lo ha hecho como si fuese un político profesional, como si fuese un agente entrenado, pero sobre todo con una sapiencia, con cabeza fría y discreción que sorprenden y desatan el desprecio de un establishment acostumbrado a ningunear al otro lado del Perú, el que no conoce.

 

Víctor Andrés Ponce
28 de marzo del 2018

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