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¿Polarizar para pactar?

Columna del director

¿Polarizar para pactar?

2 de Junio del 2017

¿Qué puede haber detrás la dureza fujimorista?

En medio de la polarización Ejecutivo - Legislativo, el pepekausismo comienza a debilitarse (todavía no sabemos a qué velocidad) mientras el fujimorismo empieza a fortalecerse. En todo caso, allí están las encuestas que registran este fenómeno; a tal extremo que son los hermanos Fujimori los que encabezan las encuestas nacionales, mientras los demás líderes comienzan a adelgazarse en las preferencias.

Es difícil entender qué sentimientos hoy puede albergar el fanático antifujimorista que empujó a la administración PPK a esta especie de monumento a la antipolítica, porque el simple sentido común indicaba que un gobierno de la tercera bancada legislativa está obligado a entenderse con la mayoría legislativa opositora. Ahora discutir en dónde están las principales responsabilidades de esta polarización puede ser ocioso, porque el escenario de confrontación existe y se retroalimenta al margen de cualquier voluntad.

Sin embargo, ante la constatación de que la polarización debilita al pepekausismo y vigoriza al fujimorismo, en las tiendas naranjas puede surgir la tentación de seguir apretando el acelerador opositor. Por ejemplo, solo basta constatar que la alianza entre el Gobierno y los medios de comunicación no le hace la menor yaya al fujimorismo, para entender el impulso político en seguir mostrando los bíceps opositores. Una cosa es la realidad del gobierno y los medios, y otra la situación de la calle. Quizá el mejor dato de esta situación tenga que ver con la gestión del titular del Interior, Carlos Basombrío, respaldado por algunas cifras y los medios en medio de una indignación general de la ciudad. En este contexto, ¿interpelar a Basombrío es popular o no? La respuesta es obvia. Por allí parece avanzar el impulso naranja.

Pero, ¿adónde lleva esa voluntad opositora? Si las cosas siguen por la ruta de la confrontación por la confrontación, la gobernabilidad se bloqueará y será imposible relanzar el crecimiento económico. Aproximarse al abismo recesivo y volver a aumentar pobreza es el peor escenario para pepekausas y fujimoristas, es favorecer el discurso de Gregorio Santos y de Antauro que puede conseguir su libertad en diciembre.

Existe pues la clara posibilidad de que el fujimorismo no apunte a ese escenario. Parece lo más lógico. ¿Cuál es el objetivo entonces? Los clásicos señalaban que para alcanzar la paz hay que hacer la guerra. El principio vale para la guerra, no para la democracia. Pero lastimosamente también vale para enfrentar cualquier polarización.

Desde la instalación del nuevo gobierno —a diferencia de lo que suele afirmar la mayoría mediática— el fujimorismo actuó con buena onda frente al Ejecutivo. Aprobación casi unánime de la confianza del Gabinete Zavala, delegación de facultades legislativas, discusión del presupuesto y una dialéctica interesante entre ministros y comisiones del Congreso.

Sin embargo, el pepekausismo nunca quiso modificar sus políticas de alianza de la segunda vuelta y tentar una relación diferente con el fujimorismo. Es más, el radicalismo antifujimorista avanzó en los predios palaciegos y ministeriales. La censura de Jaime Saavedra se puede entender como la primera reacción naranja contra un ministro que en las dependencias de Educación dejó florecer a todo el aparato nadinista durante la administración pasada.

A partir de esa censura los extremos a ambos lados se fortalecieron y las responsabilidades en la confrontación se compartieron, en una especie de guerra fría que duró hasta el intento oficialista de manosear la situación carcelaria de Alberto Fujimori. Pero no solo se trató de ese absurdo innecesario, sino que también se pretendió ningunear a la lideresa de la oposición y fracturar a la mayoría parlamentaria. En el acto, en el fujimorismo se entendió que el Ejecutivo asumía la estrategia de vetar y dividir a la mayoría legislativa que desarrolla el radicalismo antifujimorista, y la guerra fría se convirtió en guerra abierta.

En este contexto quizá el fujimorismo haya decidido pisar el acelerador opositor para obligar al gobierno a modificar su política de alianzas y alejarse del extremismo antifujimorista, con el objeto de organizar un entendimiento entre pepekausas y fujimoristas. Si las cosas van por allí, entonces, la guerra podría continuar y el gobierno sería sacudido varias veces hasta verse obligado a desarrollar un nuevo entendimiento. Veremos.

 

Víctor Andrés Ponce