Víctor Andrés Ponce

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Los dilemas de Keiko

Reflexiones sobre el futuro de Fuerza Popular

Los dilemas de Keiko
Víctor Andrés Ponce
03 de enero del 2018

A estas alturas es incuestionable que el principal reto que enfrenta Keiko Fujimori en cuanto a su liderazgo y la consolidación de Fuerza Popular, pasa, principalmente, por mantener la unidad política del fujimorismo. Una eventual fragmentación del movimiento naranja no solo sería un problema para Keiko, sino, sobre todo, para la gobernabilidad, la defensa de la democracia y la economía de mercado. El motivo: la balcanización del fujimorismo anularía sus posibilidades de representación de lo popular y lo emergente. En ese contexto, los movimientos antisistema avanzarían sin resistencias en el Perú informal, el mundo emergente que cada vez se distancia más del Perú limeño y oficial.

Más allá entonces de las histerias de la barra brava de la media antifujimorista, la eventual ruptura del fujimorismo es un problema para el Perú. ¿Cómo debería entonces actuar Fuerza Popular? Quizá se debería explicar que el indulto al ex presidente Fujimori no es resultado de los conciliábulos palaciegos de Kenji y los albertistas. El indulto es una bomba nuclear en las correlaciones políticas de los últimos quince años y modifica todo el escenario político nacional. Un hecho así solo se puede explicar por una poderosa acción de fuerza política;, es decir, por la fuerza que Fuerza Popular demostró en los dos años de la administración PPK. ¿Alguien cree que los dibujos animados y el histrionismo de Kenji habrían funcionado sin Fuerza Popular? Imposible. Es incuestionable que el bloque antifujimorista estalló por una acción nuclear. En el indulto tiene demasiado que ver Fuerza Popular.

De otro lado, concedido el indulto es imposible que Fuerza Popular siga manteniendo el mismo perfil opositor. Para quienes miramos las cosas desde diversos ángulos es evidente que el fujimorismo sobrerreaccionó y disparó sin cuartel contra el establishment porque la izquierda caviar —dentro y fuera del Ejecutivo— había logrado mangonear a un sector de fiscales para intentar judicializar a Keiko Fujimori de aquí hacia el 2021 y sin razones legales valederas. Hoy algo así no parece posible. En este contexto, si Fuerza Popular no baja el hacha opositora y desarrolla una dialéctica de colaboración y oposición con el jefe de Estado que concedió el indulto al ex presidente Fujimori, entonces las posibilidades de una ruptura del fujimorismo se ensancharán.

De otro lado, Keiko Fujimori está en la obligación de reconocer el grave error histórico que cometió al excluir a la vieja guardia del movimiento fujimorista (así lo planteamos en las elecciones del 2016). El error es enorme. Si bien es cierto que los medios y ciertas encuestas han construido el “fenómeno Kenji”, es incuestionable que los viejos zorros del fujimorismo han construido todo esta especie de disputa alrededor del liderazgo de Fuerza Popular.

Es imposible que Alberto Fujimori pueda disputar el liderazgo de Keiko no solo por la enfermedad y la edad, sino también porque pertenece a otro tiempo: imaginar un Vamos Vecino dirigido por una dinastía es un anacronismo que, simplemente, disolvería a Fuerza Popular. Asimismo si alguien pretende evaluar la viabilidad de Kenji, trate de imaginar un debate del menor de los Fujimori en una campaña presidencial. En todo caso, si alguien le disputará el liderazgo de Keiko a lo mejor es un no Fujimori.

Por todas estas consideraciones Keiko debería convocar a la vieja guardia fujimorista a reingresar a Fuerza Popular y evitar el proyecto dinástico que algunos pretenden desarrollar. Pero, sobre todo, la lideresa de Fuerza Popular debería entender que no se puede organizar una fuerza política moderna sin ideología (¿qué fue del capitalismo popular?), sin programa, sin recoger las mejores tradiciones organizativas de los partidos democráticos y sin alejarse de los métodos organizativos del inner circle, que caracterizan más bien a los proyectos autoritarios y dinásticos.

Víctor Andrés Ponce
03 de enero del 2018

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