Víctor Andrés Ponce

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El presidente desconcertado

El repentino giro político de Vizcarra

El presidente desconcertado
Víctor Andrés Ponce
07 de septiembre del 2018

 

El presidente Martín Vizcarra ha levantado una bandera blanca. Habla de la posibilidad de un nuevo diálogo con la oposición, e incluso de la necesidad de “pulir aristas” sin necesidad de desnaturalizar las propuestas. El giro presidencial se produce luego de que él desarrollara una ofensiva casi total en contra del Congreso: exigir la convocatoria de un referéndum para aprobar las reformas de los sistemas político y judicial. Hasta antes de este giro, Vizcarra seguía una estrategia con la que pretendía convertirse en el “mesías” que iba a liderar la lucha contra la corrupción y reformar por encima de las frágiles y debilitadas instituciones.  El hombre golpeaba todo lo que encontraba a su paso. Sin embargo, todo ha cambiado. ¿Qué sucedió?

Si sumamos el hecho de que, de pronto, la vicepresidente Mercedes Aráoz bajó el tono, luego de liderar la barra brava más activa de la confrontación, el análisis obliga a preguntarse qué puede haber sucedido en la política para este giro de 180 grados. Quizá el asunto tenga que ver con la reaparición de Keiko Fujimori y la revelación de que ella había sostenido dos juntas con Vizcarra antes del mensaje de 28 de julio. Si bien esa reaparición reavivó el temor de una nueva guerra Ejecutivo-Legislativo, las repentinas voluntades apaciguadoras no se pueden explicar solo por eso.

Aquí ensayamos una hipótesis: la idea de amenazar con la permanente cuestión de confianza ante cualquier exabrupto del Congreso parece haber sido abandonada ante la posible decisión de Fuerza Popular de encarar la eventualidad con el adelanto electoral.

En otras palabras, el fuerzapopularismo estaría aceptando la posibilidad de perder su mayoría legislativa con nuevas elecciones generales, no obstante que las encuestas y los diarios ponen su popularidad por los suelos. ¿Cómo así? Igualmente también ensayamos otra hipótesis: ante los golpes recibidos en su imagen, Keiko habría llegado a la conclusión que el 2021 ya no es su escenario y estaría considerando un plan B, con un candidato de convocatoria nacional y ella en el liderazgo de la lista parlamentaria. Si esas reflexiones son ciertas, entonces estaría surgiendo un fujimorismo sin un Fujimori. Y se estarían creando, acaso, las condiciones de un movimiento no personalista, de un partido para el largo plazo. Veremos.

El amague de la cuestión de confianza empieza a desgastarse de tal manera que hasta el propio Alan García vuelve a reaparecer lanzando flechas y arpones en contra del presidente Vizcarra. En cualquier caso, la reaparición de Keiko ha remecido el tablero político para bien o para mal.

Ahora bien, la nueva Guerra Fría Ejecutivo-Legislativo, que parece instalarse, obliga a Vizcarra y a Keiko a dialogar, a menos que ambos avancen a la autodestrucción.  De alguna manera, pues, algo muy diferente sucede en la política que puede tener efectos constructivos, más allá de las voluntades y objetivos de los actores. Finalmente, la única forma de enfrentar la corrupción sistémica  es concretando las reformas. Y la única posibilidad de reformar pasa por entendimientos entre ambos poderes y por la preeminencia de las instituciones —pese a su deterioro— sobre cualquier estrategia plebiscitaria o mesiánica.

 

Víctor Andrés Ponce
07 de septiembre del 2018

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