¿Puede existir un proyecto nacional si las élites pol&ia...
Los sectores democráticos, conservadores y liberales deben salir de las trampas conceptuales que han creado las narrativas de las izquierdas ortodoxas, progresistas y wokistas, y enfrentar los temas ideológicos y culturales que siempre han definido la libertad y el capitalismo en las sociedades occidentales. Uno de esos asuntos capitales es el debate sobre quién o quiénes crean la riqueza en las sociedades, un debate que atraviesa la historia de Occidente y del mundo en general.
Desde el llamado socialismo científico de Marx y Engels se ha generalizado la idea acerca de que los trabajadores, el trabajo como tal, es la fuente de la riqueza de las sociedades. Este debate, que se vuelve esquivo para las mayorías con las llamadas teorías del valor, es simple y concreto. Si los trabajadores crean la riqueza entonces la pregunta es por qué las sociedades dejaron atrás la pobreza histórica del planeta recién con la Revolución Industrial que empoderó a los innovadores, a los empresarios. A inicios de 1800 la renta per cápita de los trabajadores y las sociedades en Occidente se multiplicó como nunca. Vale señalar que antes de este acontecimiento la renta per cápita de los trabajadores se mantuvo estancada por milenios. La pobreza era la regla de la sociedad y los privilegios de los reyes eran inferiores a los de cualquier sector de clase media de las épocas de la revolución industrial.
El trabajo siempre estuvo presente en la humanidad, pero la pobreza era general. Únicamente cuando aparece el innovador, que luego se convierte en empresario, surge la riqueza que se puede extender a varios sectores de la sociedad. En ese sentido, el marxismo es una barbarie intelectual que pretende negar una verdad del tamaño de un océano.
Hoy hasta la China del Partido Comunista entierra las tesis de Marx y se lanza a un capitalismo de Estado planetario, audaz y sorprendente. De Marx solo quedan libros sin actualidad, libros que deben ser estudiados económica y filosóficamente sobre cómo las malas ideas pueden envilecer a las sociedades.
¿A qué viene todo esto? El régimen económico de la Constitución de 1993 se pronuncia claramente por el principio filosófico y económico acerca de que el empresario, el sector privado, es la principal fuente de riqueza, cuando la Carta Política establece el papel subsidiario del Estado frente al sector privado está consagrando ese criterio. Igualmente, cuando se garantiza la libertad de empresa, comercio e industria y cuando se facilita la libre competencia y se combate los monopolios antinaturales sucede lo mismo.
Sin embargo, en el Perú existen muchas brechas sociales, alrededor de 27% de la población sigue en pobreza y se denuncia que el 45% de los niños padecen anemia. Semejantes cifras se convierten en los argumentos que suele utilizar la izquierda para embestir contra el régimen económico de la Constitución y proponer una asamblea constituyente. En al acto se ignora que el principio acerca de que los trabajadores sin empresarios producen la riqueza –tal como sucedió en los ex países de la Unión Soviética–, en realidad, ha creado las mayores fábricas de pobreza de la historia moderna.
En el Perú los problemas del modelo económico no están en el régimen económico de la Constitución, sino en el Estado burocrático que se ha organizado en las últimas décadas, a contracorriente de los principios de libertad económica constitucionales. El Estado se ha socializado con sus oficinas, ministerios y sobrerregulaciones, a pesar de que el sector privado aporta el 80% de los ingresos fiscales. El Estado burocrático bloquea inversiones y fomenta la informalidad de la mayoría de la sociedad. Y lo más grave: a pesar de estar repleto de dinero no resuelve el problema del agua, del desagüe, y menos afronta el problema de la anemia de los niños.
En ese sentido, sin ley, sin orden, sin Estado, sin contrato social, existen dos economías, una formal y otra informal, y el modelo permanece en una trampa de la cual solo saldrá con el fin del Estado burocrático.
















COMENTARIOS