En todas las encuestas y sondeos publicados en los últimos d&ia...
Si nos preguntamos cómo así el Perú sigue siendo una sociedad viable –a pesar de todos los retrocesos e involuciones, no obstante la perpetua crisis política, pese a que hubo ocho jefes de Estado en un periodo que debió haber dos y a pesar incluso de haber elegido a Pedro Castillo, el peor candidato de la historia republicana y el menos preparado–, la respuesta tiene que estar en la economía. Y en el acto, las fortalezas de la economía remiten a los blindajes que la Constitución establece a la economía de mercado y a la autonomía del BCR.
Sin embargo, la economía no puede existir sin los actores; es decir, sin la estructura empresarial formal e informal que ha surgido en las últimas tres décadas bajo el régimen constitucional que desregula precios y mercados. Una estructura empresarial integrada por corporaciones nacionales y extranjeras que representan alrededor del 20% del total de unidades económicas, al lado de micro y pequeñas empresas que suman el 80% de todo ese universo. En este contexto, el sector privado provee el 80% de los ingresos fiscales del Estado –a través de los impuestos– y el 80% de los puestos de trabajo.
He ahí el porqué el Perú resiste y sigue siendo una sociedad viable a pesar del perpetuo e incansable fracaso de los políticos. Sin embargo, en la última década los signos de involución económica y social son incuestionables. El crecimiento de la economía se ha ralentizado de manera dramática, sumando un promedio de 3% anual, una cifra que no permite seguir reduciendo la pobreza como antes. Antes de la pandemia y de Pedro Castillo este flagelo social llegaba al 20% de la población. Después de Castillo la pobreza rebotó al 27% de hoy.
La explicación de este estancamiento tiene su causa principal en la crisis política; sin embargo, el fracaso de la política se traduce en la falta de una nueva ola de reformas que relancen al Perú. ¿Qué pretendemos señalar? Así como se sostiene que el Perú es viable por el sector privado actual que invierte y crea empleo, igualmente se puede afirmar que las reformas económicas de Alberto Fujimori de los años noventa siguen movilizando al Perú, pero sin la fuerza, sin la potencia de antes.
Las reformas de los noventa –que luego se constitucionalizarían en la Carta de 1993– desregularon los precios y los mercados de la economía, consolidaron la autonomía del BCR, consagraron el respeto irrestricto de la propiedad privada y los contratos, y estipularon el libre comercio. Al influjo de estas reformas el Perú multiplicó su PBI, redujo la pobreza del 60% de la población a 20% y se convirtió en una sociedad con gran presencia de clases medias. Sin embargo, desde el gobierno de Humala empezó una lenta involución y una campaña sistemática contra la inversión privada, el crecimiento se lentificó y luego elegimos a Castillo.
En ese preciso momento nos encontramos. En este contexto, las elecciones que se realizarán en algunas semanas serán decisivas para el futuro del Perú porque se establecerá la posibilidad o imposibilidad de organizar un Ejecutivo y un Legislativo con sentido común. En otras palabras, se materializará la posibilidad de organizar un poder político que lance una nueva oleada de reformas.
¿De qué reformas hablamos? De acabar con el Estado burocrático que bloquea reformas y promueve la informalidad y de desarrollar una reforma tributaria que reduzca impuestos para trasladar recursos a la sociedad y simplifique el cobro de los tributos. Igualmente, hablamos de una reforma laboral, de una reforma del sistema educativo y del sistema sanitario que desarrolle un capital social de primer mundo y de resolver todos los problemas acumulados en las infraestructuras.
Únicamente si el Perú desarrolla esta nueva ola de reformas en la sociedad, el crecimiento, la reducción de pobreza y la expansión del bienestar se relanzarán. De lo contrario empezará la involución inevitable. Y la única posibilidad de llegar a este momento es votando con gran sentido común en las elecciones del 2026, permitiendo que dos centro derechas disputen la segunda vuelta.
















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