Los candidatos presidenciales y los movimientos polític...
Día y día avanzamos hacia el 12 de abril, a pesar de todas las plagas bíblicas que parecen haberse abatido sobre el escenario político nacional. No obstante el absurdo de haber destituido a un jefe de Estado a semanas de una elección nacional, a pesar de la crisis energética –desabastecimiento de gas natural por la ausencia del Estado– y de los políticos de los problemas nacionales, pese a la posibilidad de un Niño costero y la continuidad de la ola criminal, el Perú, la sociedad, avanza hacia un cambio de gobierno por la vía democrática.
Luego de que en la última década las izquierdas llegaran al poder con Ollanta Huamala, Martín Vizcarra y Pedro Castillo, todas las tendencias señalan que se desarrollará una segunda vuelta entre dos centro derechas, por más que el progresismo, las izquierdas y ciertas encuestadoras pretenden negar esta regularidad que se presenta en los sondeos electorales desde inicios de la presente campaña electoral.
Asimismo, las llamadas reformas electorales que desarrolló la izquierda y el progresismo, de una u otra manera, explican la fragmentación y dispersión de las propuestas electorales: 36 candidatos. Y si a estos hechos le sumamos la exagerada burocratización del sistema electoral, entonces, tenemos todos los ingredientes que empoderan de manera superlativa a las autoridades electorales en los conflictos y diferendos del proceso. Y las denuncias de irregularidades se pueden multiplicar si es que alguno de los candidatos pelea codo a codo para ingresar a la segunda vuelta.
Asimismo, vale recordar que desde que el nacionalismo chavista apareciera con una fórmula propia en las elecciones del 2006, dos décadas atrás, las izquierdas antisistema suelen ejercer violencia para impedir que los movimientos de la centro derecha presenten personeros en mesas de muchas provincias, particularmente las del sur del Perú. ¿Acaso el gobierno de José María Balcázar tiene un plan para evitar la violencia antisistema en las mesas de votación?, una pregunta crucial para el nuevo Ejecutivo. Y quizá, ¿el Ejecutivo se atreverá a decretar la inamovilidad de policías y militares para que no voten tal como lo hizo el progresismo en el pasado? ¿Se moverán arbitrariamente las mesas de votación en el extranjero?
Se trata de preguntas que emergen a la luz de las denuncias que hubo en los últimos comicios nacionales. Para evitar estos escenarios el Ejecutivo debe tener una posición clara sobre los temas. Sin embargo, la clave para evitar adversidades en contra del voto popular, incuestionablemente, está en la organización de una red de personeros que defienda el voto a favor de la centro derecha en las mesas de votación. En otras palabras, se necesita un frente único para defender el voto frente a la agresión del antisistema.
Una propuesta de este tipo puede sonar inviable e inocente, habida cuenta de los actuales enfrentamientos fratricidas entre las fórmulas de derecha. Sin embargo, la buena política y la urgencia de superar yerros del pasado –como la guerra entre fujimoristas y pepekausas– obliga a proponer lo que se presenta como políticamente correcto. Finalmente, en una eventual segunda vuelta entre una fórmula de derecha y la izquierda se impone la necesidad de una convergencia general de todos los sectores que defienden la Constitución de 1993 y el modelo de sociedad que se deriva de ella.
En cualquier caso, la organización de una red de personeros comienza a convertirse en un asunto de primer orden a semanas de las elecciones nacionales.
















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