El presidente encargado, José María Balcázar, se ...
Que en las sociedades occidentales se atraviesa una verdadera revolución cultural, que amenaza con derribar todos los fundamentos y tradiciones que construyeron la grandeza de Occidente, es una verdad que se registra al primer golpe de vista; sobre todo en la hipocresía de la mayoría de los medios, la academia y la intelligentsia con respecto a la guerra que se libra en Irán.
Si en Occidente no se entiende qué representa el fundamentalismo e integrismo como amenaza a cualquier sociedad que pretenda vivir en pluralidad y libertad, entonces las sociedades occidentales se han enfermado culturalmente y comienzan a ignorar las colisiones de civilizaciones desde más de mil años atrás.
¿Por qué hablamos de hipocresía? Porque el régimen de los ayatollahs en Irán, en cuanto a totalitarismo, represión y masacre del pueblo iraní, se asemeja a los moldes de cualquier totalitarismo del siglo XX moderno. En la Europa del siglo XX el totalitarismo nazi encumbró a la nación como el dios del progreso y masacró a más de seis millones de judíos en los campos de concentración. El totalitarismo comunista en Europa y Asia encumbró a la clase obrera y el colectivismo como los nuevos motores del progresismo, y la masacre oscila entre los 100 y 150 millones de personas, de acuerdo a diversos estudios.
Antes de desatarse la actual guerra en Irán los organismos de derechos humanos de las Naciones Unidas y entidades occidentales registraban alrededor de 5,000 muertos en las protestas contra el régimen fundamentalista por los problemas de la economía y las carestías, a pesar de que Irán es el segundo país con mayores reservas de petróleo. Todo hacía recordar a la tragedia del pueblo venezolano con el chavismo.
Algo más. En Irán las mujeres habían sido degradadas al último nivel del escalafón social y eran condenadas por no usar la hiyab en medio de una desobediencia civil heroica de las féminas. E igualmente, los homosexuales son condenados a la pena capital. Ni las organizaciones feministas ni los movimientos LGTB occidentales han dicho esta boca es mía frente a estas barbaries y masacres. Al respecto se calcula que las ejecuciones institucionales en Irán suman más de mil en este año.
¿Por qué Irán, uno de los países más ricos del mundo por sus reservas petroleras, enfrenta problemas económicos y carestías que han disparado la protesta social? Porque el régimen de los ayatollahs está en una guerra abierta contra Occidente, afirmando que el Estado de Israel es el “pequeño Satán” y Estados Unidos el “Gran Satán”. En ese camino el gobierno persa había desarrollado una de las industrias de misiles balísticos más poderosas del mundo. Y he aquí lo grave de la situación antes de la actual guerra. El régimen de los ayatollahs había logrado enriquecer 500 kilos de uranio al 60% no obstante que el enriquecimiento para uso civil demanda un enriquecimiento entre 3% y 5%, según todos los estudios científicos y tratados internacionales firmados por el propio Irán.
Considerando que toda la riqueza del pueblo iraní se utilizaba en financiar una guerra absurda contra el Estado de Israel (Hamás en la Franja de Gaza, Hezbollah en el sur del Líbano, los Hutíes en Yemen y otras actividades en América Latina) y era dilapidado en enormes fortunas de los jerarcas religiosos y militares, ¿acaso no existía el concepto de guerra justa que sostenía San Agustín en la guerra que desarrollan Estados Unidos e Israel en el objetivo de degradar la ofensiva militar iraní?
¿Acaso no es legítimo señalar que la eventual capacidad nuclear y balística de Irán puede materializarse en un nuevo Holocausto contra Israel y Occidente? ¿Acaso algunos gobiernos europeos como Francia creen que están al margen de estas amenazas? Si hasta los gobiernos sunitas del Medio Oriente temían la posibilidad de la consolidación de un poder nuclear de Irán, ¿cómo explicar la hipocresía de sectores de las sociedades occidentales que condenan la guerra que se libra contra el régimen de los ayatollahs en defensa de la civilización occidental?
Algunos se creen impunes a las ondas que dejan la colisión de civilizaciones en el planeta, ondas que siguen expandiéndose a lo largo de los últimos siglos en la historia de la humanidad.
















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