Los sectores que pretendían establecer paralelos entre la opera...
Es incuestionable que en las sociedades occidentales algunos sectores han desarrollado una peligrosa ola antisemita en contra de la guerra que desarrolla Israel contra los grupos terroristas que, con el financiamiento del estado teocrático de Irán, han cercado sus fronteras. La superioridad militar del Estado judío, los triunfos militares sobre los grupos terroristas de Hamás, Hezbollah y la eliminación de la élite militar y nuclear de Irán abonan para presentar una imagen de poderosos versus débiles en la que, supuestamente, “los más fuertes abusan de su poder”.
Sin embargo, la masacre del 7 de octubre del 2023, de cerca de 2,000 civiles judíos (ancianos, niños, mujeres embarazadas) en los poblados de Israel a manos del terrorismo de Hamás, cambió para siempre el orden de las cosas. Ese día el financiamiento de Irán en las últimas décadas de Hamás en la Franja de Gaza y de Hezbollah en el sur del Líbano, la colaboración entre Irán y el gobierno de Bashar al Asad en Siria, y la promoción de todos los proxys convirtieron los discursos teocráticos acerca de eliminar el Estado de Israel, a Estados Unidos y a todo Occidente, en amenazas inminentes.
Se trataba de una amenaza que crecía exponencialmente con la industria militar iraní, que había llegado a enriquecer alrededor de 460 kilos de uranio al 60%, una cantidad y calidad de material que le posibilita construir una decena de bombas nucleares. El Estado de Irán con este proceso estaba incumpliendo todos los tratados de no proliferación nuclear existentes y que el propio régimen islámico había firmado: enriquecimiento de uranio hasta un máximo de 3.67% e inspecciones regulares de los organismos internacionales. En otras palabras, el orden internacional, simplemente, había volado por los aires.
Luego de la masacre del 7 de octubre, con el plan nuclear en desarrollo y con régimen teocrático que anunciaba el fin del Estado judío y de las sociedades occidentales, ¿qué debía hacer Israel? ¿Qué debían hacer los Estados Unidos? ¿Por qué una potencia como China, que tiene un lugar incuestionable en el proceso civilizatorio actual, aparece en la foto al lado de Irán?
Todos conocemos la feroz contraofensiva del Estado de Israel luego del 7 de octubre, que degradó y arrinconó a Hamás, desarticuló a Hezbollah, respaldó la caída de Bashar en Siria y realizó dos guerras en contra de Irán. La guerra del 2025 y la operación conjunta que desarrollan Estados Unidos e Israel en estos momentos en contra de Irán.
¿Pueden las sociedades occidentales permanecer ajenas al conflicto de Medio Oriente? Parece difícil. Si el Estado de Israel hubiese sido derrotado por la estrategia iraní hoy el Medio Oriente avanzaría a una conflagración entre chiítas y sunitas de pronóstico reservado porque, entonces, Irán habría logrado la capacidad nuclear. Y por otro lado, la guerra se habría trasladado al sur de Europa, y en todas “las zonas liberadas islámicas” –regidas por la sharía– de las ciudades europeas se habría desatado una ofensiva religiosa y cultural antioccidental.
Y es que a la hora de analizar el conflicto de Medio Oriente nunca debemos olvidar que hoy el planeta enfrenta una colisión de civilizaciones, a pesar de la universalización del capitalismo y la revolución científica y tecnológica. Y nos guste o no, el Estado de Israel es una representación de los valores y principios que organizan una sociedad occidental: pluralidad política, pluralidad religiosa, tolerancia con los movimientos progresistas y wokes y todas las libertades que la izquierda suele utilizar para destruir los valores que organizan la sociedad occidental.
En los países islámicos, ya sean chiítas o suníes, es imposible separar el poder político del poder religioso, y es imposible desarrollar un derecho civil y político al margen de la revelación establecida en el texto sagrado. En los países islámicos el César y Dios representan la misma fuente de poder. En China, igualmente, tampoco el César y Dios están separados porque la ideología oficial del Partido Comunista de China es la religión oficial y cualquier opositor simplemente es cancelado.
La única civilización que ha separado al César de Dios es la occidental, y el Estado de Israel representa esa gran tradición en el Medio Oriente. De allí que el mayor filósofo cristiano de los últimos siglos, el papa Benedicto XVI, siguiendo los esfuerzos de Juan Pablo II de recuperar los diálogos en la tradición judeocristiana, solía llamar a los judíos como “Hermanos mayores en la fe”, con el objeto de resaltar las raíces hebreas del cristianismo. Finalmente, Jesús, el Hijo de Dios de la cristiandad, también fue un rabí que enseñaba la Ley de Moisés y las reformas teológicas que planteó partían de las predicciones de los profetas del Antiguo Testamento.
















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