En una operación militar sin precedentes, Estados Unidos e Isra...
Los sectores que pretendían establecer paralelos entre la operación de Estados Unidos en Venezuela y el desarrollo de “Furia épica” en Irán, que materializan el propio EE.UU. e Israel, deben ajustar las evaluaciones luego de que el presidente Donald Trump anunciará que el desarrollo de las acciones militares demandará cuatro semanas. Y es que, si bien en el régimen iraní existen los mismos ingredientes que caracterizaban a la dictadura venezolana, vale señalar que de un total de 320,000 miembros del ejército de Irán alrededor de 150,000 pertenecen a la Guardia Revolucionaria de Irán. Es decir, responden al mando directo del régimen dictatorial de los clérigos chiítas.
Luego de las operaciones del sábado pasado, que causaron la muerte del propio Alí Jameini y 40 altos líderes del régimen iraní, el presidente Trump llamó a los dirigentes de la Guardia Revolucionaria a rendirse e iniciar un proceso de conversaciones. Sin embargo, los oficiales de la Guardia Revolucionaria también son religiosos y existen pocos indicios, al menos por ahora, de que se produzca la solicitada rendición.
Es incuestionable que en la solicitud de Trump está presente la estrategia aplicada en Venezuela, luego de la captura y el procesamiento de Nicolás Maduro. Una estrategia que busca destruir un régimen sin destruir el aparato estatal, con el objeto de evitar una anarquía posterior que desate todo tipo de extremismos. Sin embargo, los oficiales de la Guardia Revolucionaria no son iguales a la nomenclatura chavista. Si la operación de Estados Unidos e Israel continúa y sigue quebrando la resistencia iraní, quizá más adelante sea posible una negociación y organizar un nuevo momento cancelando la estrategia nuclear del régimen iraní.
Más allá de estas diferencias, las similitudes entre Irán y Venezuela se multiplican. Irán es una de las tres potencias petroleras del planeta, al lado de Venezuela y Arabia Saudita. Los activos petroleros del país persa suman cerca del 12% de todas las reservas mundiales., lo que lo convierte en un productor fundamental de la OPEP y en uno de los principales abastecedores de crudo a China, a través del estratégico estrecho de Ormuz.
Sin embargo, a pesar de estas riquezas, las masivas y multitudinarias protestas en contra del régimen de los clérigos chiítas en las últimas semanas se explican por la crisis económica. El PBI per cápita de Irán apenas supera los US$ 5,500 –como cualquier hispanoamericano de ingreso bajo– y el 30% de la ciudadanía padece pobreza. Si bien en Irán no se ha empujado al 90% de la población debajo de la línea de la pobreza, como lo hizo la dictadura chavista, es evidente que la crisis económica en Irán se explica porque la mayor parte de la riqueza de la sociedad persa se destina a una estrategia militar y terrorista.
El financiamiento de los proxies para cercar y destruir el Estado de Israel durante décadas, de alguna manera, se emparenta con la estrategia del chavismo en Venezuela, que no solo financió al comunismo en Cuba, sino también a todos los movimientos de izquierda del Grupo de Puebla y del Foro de Sao Paulo. En ambos casos la extracción de la riqueza de los pueblos para financiar fundamentalismos o ideologías afiebradas fue la característica distintiva de las economías. Algo más. El financiamiento de proyectos extremistas no solo empobrece a los pueblos, sino que genera una corrupción nunca vista.
La pobreza, la inflación desbocada y la escasez de alimentos no vienen solas, vienen acompañadas de una corrupción sin precedentes que puede envolverse en un discurso integrista religioso o en un discurso marxista con colores y humores tropicales en Hispanoamérica.
Estas sociedades que extraen la riqueza sistemática de una sociedad para continuar en el tiempo necesitan de la dictadura y el totalitarismo más extremo. Las ejecuciones, los asesinatos de los opositores y la represión generalizada han sido las características de Irán y Venezuela, dos potencias petroleras planetarias que no solo empobrecieron a sus pueblos sino que los reprimieron sistemáticamente.
Los organismos mundiales conocidos de Derechos Humanos del mundo reportan entre 3,500 y 5,000 muertos en las protestas en Irán de las semanas previas a la operación militar de Estados Unidos e Israel. Sin embargo, la oposición iraní informa que los muertos a manos de la Guardia Revolucionaria Islámica se ubican entre los 32,000 y 60,000. La represión es brutal; sin embargo, la prensa progresista mundial silencia estas atrocidades y se dedica a desarrollar una campaña de desinformación sobre las causas del conflicto en el Medio Oriente.
Más allá de las distancias, la guerra en Medio Oriente tiene mucho que ver con el futuro de las sociedades occidentales y latinoamericanas. La posibilidad de ojivas nucleares en los misiles iraníes no solo amenazaría a Israel, Arabia Saudita y otros países islámicos suníes, sino a cualquier ciudad europea o país del hemisferio occidental.
















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