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El ataque terrorista de Hamás proveniente de la Franja de Gaza a poblados civiles israelíes desató una de las guerras más cruentas del siglo XXI. El 7 de octubre de 2023 los terroristas de Hamás masacraron a 1200 civiles desarmados en los poblados civiles israelíes y secuestraron a 251 personas.
En aterradoras escenas de la posmodernidad los terroristas filmaron la incursión y algunas de ellas se filtraron en las redes sociales. Mujeres embarazadas, ancianos y niños fueron ejecutados como en los peores momentos de la Antigüedad en donde la guerra violentaba todos los códigos morales, religiosos y legales. Por la agresividad en contra de la población civil, sin exagerar, se puede sostener que fue acción de exterminio.
¿Qué hace un padre de familia o un Estado frente a una guerra que pretende eliminar a sus familias, amigos y sus pueblos? Hacer la guerra para sobrevivir. Y eso precisamente es lo que empezó a hacer el Estado de Israel luego de la masacre del 7 de octubre de 2023.
En ese entonces el régimen teocrático iraní estaba desarrollando una estrategia de cerco militar del Estado de Israel mediante el apoyo y financiamiento de ejércitos de proxies en las fronteras del Estado judío. Hamás se convirtió en una amenaza de Franja de Gaza y cumplió sus promesas de "exterminar al Estado de Israel" con la masacre del 7 de octubre. Hezbollah en el sur del Líbano se había convertido en otro ejército armado hasta los dientes que amenazaba el Estado Israelí. Y el régimen de Bashar al Assad en Siria, igualmente, formaba parte de esa alianza que promovía la desaparición del Estado judío.
Y, finalmente, el régimen teocrático de Irán había desarrollado una de las industrias balísticas más avanzadas del mundo y las autoridades iraníes habían aceptado el enriquecimiento de 500 kilos de uranio en un 60%. Para entender la magnitud de las cosas el uranio enriquecido para uso civil está entre el 3% y 5%. Algo más. En el discurso de la teocracia iraní se sostenía que se debía eliminar a Israel (el pequeño Satán) y a Estados Unidos (el gran Satán).
En ese terrible contexto, luego del 7 de octubre, Israel desató una de las contraofensivas militares más sorprendentes del siglo XXI, no solo por la eficacia y rapidez, sino por las tecnologías empleadas en las operaciones. Se destruyó a Hamás, se diezmó considerablemente a Hezbollah y el régimen de Assad en Siria se derrumbó. Incluso los Hutíes fueron bombardeados. Y, finalmente, Israel hizo lo imposible: bombardeó Irán y degradó considerablemente toda su capacidad balística. Más tarde los Estados Unidos e Israel destruyeron casi toda la capacidad militar del régimen iraní.
Es incuestionable que, en esta contraofensiva, las poblaciones y los civiles fueron afectados y, desde aquí llamamos y convocamos, a desterrar cualquier exceso. Sin embargo, lo que no se puede aceptar es la hipocresía de un gran sector de Occidente que se ha comprado toda la narrativa terrorista y de algunos sectores -no de la mayoría de los países islámicos-que señalan que la contraofensiva militar de Estados Unidos e Israel es una que proviene de una voluntad hegemónica en el Medio Oriente.
Israel desarrolló una contraofensiva luego de aceptar un cerco militar construido en décadas y cuando se degradó la capacidad balística de Irán no solo se preservó la continuidad de Israel como Estado, sino también se resguardó la paz y la continuidad de las sociedades occidentales. ¿Por qué? Es incuestionable que el enriquecimiento de uranio en Teherán no tenía fines civiles. Cuando se habla de uranio enriquecido al 60% estamos reconociendo una industria militar.
Tal como iban las cosas semejante capacidad nuclear podía alcanzar a cualquier ciudad de Estados Unidos y Europa.
Todos los ciudadanos de buena voluntad en el planeta lamentamos las guerras y las injustas muertes de civiles y abogamos por una convivencia tolerante entre cristianos, islámicos y judíos. Sin embargo, nadie con sentido común puede caer en la hipocresía de un sector occidental que condena la legítima defensa del Estado de Israel, silencia la masacre del 7 de octubre e ignora que la civilización occidental tiene derecho a defenderse.
















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