La extracción quirúrgica del ex sátrapa venezolan...
La seguridad ha dejado de ser un asunto limitado a policías, fuerzas armadas y sistemas de vigilancia. En el mundo contemporáneo las amenazas pueden ingresar por una computadora, paralizar una empresa, comprometer infraestructura crítica o, como acaba de ocurrir en un vuelo con destino a Israel, poner en riesgo la vida de cientos de pasajeros. Esa transformación obliga a los Estados y a las sociedades a pensar la seguridad de una manera mucho más amplia. Y el VII Foro de Seguridad Ciudadana y Empresarial, organizado por la Cámara de Comercio de Lima, ofreció precisamente una oportunidad para reflexionar sobre ese nuevo escenario.
Uno de los aportes más relevantes del encuentro fue la exposición del embajador de Israel, Gali Dagan, sobre la experiencia israelí en materia de ciberseguridad. La cuestión resulta especialmente pertinente para el Perú. Según las cifras presentadas en el foro, nuestro país registró 1,700 millones de intentos de ciberataques durante 2025, mientras que América Latina viene experimentando un fuerte crecimiento de este tipo de amenazas. No se trata, por tanto, de un riesgo reservado para grandes corporaciones o instituciones estatales: afecta a empresas de todos los tamaños y puede comprometer la continuidad de actividades económicas esenciales.
La experiencia israelí resulta particularmente interesante porque no concibe la ciberseguridad como una simple adquisición de programas informáticos. Su modelo articula al Estado, las Fuerzas Armadas, las universidades y el sector privado, dentro de un ecosistema tecnológico que ha convertido a Israel en uno de los principales centros mundiales de innovación en seguridad digital. El desarrollo de capacidades nacionales de defensa cibernética y la cooperación entre organismos públicos y empresas constituyen elementos centrales de ese sistema. La propia experiencia israelí muestra, además, que la resiliencia depende tanto de la tecnología como de la coordinación institucional.
Para el Perú existe aquí una oportunidad concreta. El Memorando de Entendimiento entre la Dirección Nacional de Ciberseguridad de Israel y la Secretaría de Gobierno y Transformación Digital de la PCM abre un espacio para intercambiar conocimientos, capacitar especialistas y desarrollar capacidades de prevención y respuesta. No se trata de copiar mecánicamente un modelo extranjero, sino de aprovechar una experiencia acumulada para construir capacidades propias.
El desafío será todavía mayor con la expansión de la inteligencia artificial. Los delincuentes pueden utilizarla para perfeccionar fraudes, phishing y otras modalidades de ataque, mientras que las instituciones deben utilizar las mismas tecnologías para detectar y neutralizar amenazas. Como señaló Dagan, la pregunta para las organizaciones ya no es solamente si sufrirán un ataque, sino cuándo deberán enfrentarlo. La seguridad, por ello, debe pasar de la reacción a la anticipación.
Ese mismo principio permite comprender un hecho que ha marcado estas horas: el grave incidente ocurrido en el vuelo FZ1073 de FlyDubai, que cubría la ruta Dubái-Tel Aviv. Según las primeras informaciones, el copiloto agredió al comandante en pleno vuelo y se produjo una emergencia que obligó al avión a desviarse y aterrizar en Arabia Saudita. Los pasajeros intervinieron para controlar la situación y el avión pudo aterrizar sin que se produjera una tragedia. Las autoridades continúan investigando las circunstancias y el eventual móvil del agresor.
El episodio adquiere una dimensión adicional por tratarse de un vuelo entre los Emiratos Árabes Unidos e Israel, dos países que establecieron relaciones diplomáticas en el marco de los Acuerdos de Abraham. El embajador Dagan ha señalado que cualquier intento terrorista dirigido contra pasajeros israelíes no debe convertirse en un obstáculo para la cooperación entre ambos países. Más allá de las conclusiones que arroje la investigación, existe una imagen significativa: pasajeros israelíes y miembros emiratíes de la tripulación actuando conjuntamente ante una emergencia.
Ese episodio y el foro de la CCL contienen, en dimensiones diferentes, una misma lección. La seguridad del siglo XXI no puede descansar exclusivamente en muros, armas o controles posteriores al delito. Requiere inteligencia, tecnología, preparación, instituciones eficaces y cooperación entre quienes comparten una amenaza.
Para el Perú, que enfrenta simultáneamente el crimen organizado, la inseguridad ciudadana y una creciente exposición a los delitos digitales, esta discusión no es abstracta. La experiencia internacional puede convertirse en conocimiento útil si existe la voluntad de aprender, adaptar y cooperar. En un mundo donde las amenazas atraviesan fronteras con enorme facilidad, también la respuesta debe hacerlo.
















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