Claudia Sheinbaum llegó al poder en octubre de 2024 prometiendo...
A pesar del creciente aislamiento de Israel en buena parte de los países occidentales, Sudamérica parece avanzar en sentido contrario. Como parte de los nuevos vientos políticos que recorren la región, los gobiernos de derecha están restableciendo y profundizando sus relaciones con el Estado judío. Sudamérica empieza así a convertirse en una mano extendida hacia Israel en Medio Oriente, en un momento en que su principal objetivo sigue siendo sobrevivir como Estado y sociedad frente a quienes pretenden eliminar su presencia en la región, especialmente el fundamentalismo religioso de Irán.
Después de dos años de conflicto en múltiples frentes, la economía israelí exhibe una resiliencia que contradice los pronósticos más catastrofistas. El Banco Mundial registra un PBI per cápita de US$ 60,337, una cifra que coloca a Israel entre las economías más prósperas de Medio Oriente pese al escenario bélico.
El Banco de Israel reporta que la economía cerró 2025 con una expansión de 2.9%, después del magro crecimiento de 1% registrado en 2024. La inflación se mantiene contenida en 1.5% anual en julio de 2026, muy por debajo del promedio de los mercados emergentes, como resultado de una política monetaria disciplinada. La principal vulnerabilidad continúa siendo, sin embargo, el déficit fiscal: alcanzó 4.7% del PBI en 2025, después de haber llegado a 11.4% en 2020. La guerra también ha obligado a elevar considerablemente el gasto militar, que llegó a US$ 46,500 millones en 2024, más del doble que en 2022, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI).
Pero incluso en ese contexto, la confianza de los capitales internacionales permanece. La inversión extranjera directa acumulada alcanzó US$ 183,600 millones durante el primer trimestre de 2026, un récord histórico que confirma la fortaleza de la denominada Startup Nation.
En el terreno político, Israel se aproxima a las elecciones generales del 27 de octubre de 2026. Benjamín Netanyahu, el primer ministro con mayor permanencia en la historia del país, buscará una nueva reelección al frente de la coalición más nacionalista de su historia. Las encuestas muestran una oposición encabezada por el general Gadi Eisenkot y su partido Yashar, que disputa escaño a escaño al Likud. El bloque opositor rondaría los 68 a 69 escaños frente a los 51 a 53 de la coalición gobernante. Sin embargo, la fragmentación opositora y su negativa a incorporar a los partidos árabes dificultan la formación de una alternativa estable, por lo que Netanyahu mantiene posibilidades reales de continuar al frente del país.
Mientras Europa profundiza sus desencuentros con Jerusalén, Sudamérica está protagonizando un giro diplomático significativo. Argentina, bajo la presidencia de Javier Milei, se convertirá en el noveno país del mundo en trasladar su embajada a Jerusalén, compromiso ratificado personalmente ante la Kneset y reforzado con la Medalla Presidencial de Honor entregada a Milei por Isaac Herzog en abril de 2026. Paraguay dio ese paso en diciembre de 2024, convirtiéndose en pionero regional en el reconocimiento de Jerusalén como capital israelí.
El Perú también ha comenzado a fortalecer esta relación. El 3 de agosto de 2026, los cancilleres Carlos Espá y Gideon Saar acordaron ampliar la cooperación bilateral en seguridad, gestión hídrica y prevención del fenómeno de El Niño mediante MASHAV, la agencia israelí de desarrollo internacional. No se trata solamente de una señal diplomática: Israel posee experiencia precisamente en áreas en las que el Perú enfrenta importantes desafíos.
El giro más significativo, sin embargo, es el de Colombia. El presidente Abelardo de la Espriella restableció las relaciones plenas con Israel y eliminó el requisito de visa para los ciudadanos de ambos países, después de que los vínculos diplomáticos permanecieran interrumpidos desde mayo de 2024.
Bogotá fue incluso más lejos. Apenas tres días después de la instalación del nuevo gobierno, el 10 de agosto de 2026, la Cancillería colombiana reconoció formalmente la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, territorio sirio ocupado desde la Guerra de los Seis Días de 1967. Con ello, Colombia se convirtió en el segundo país del mundo, después de Estados Unidos en 2019, en respaldar la posición israelí sobre este diferendo territorial.
La decisión provocó el rechazo de una veintena de países árabes, entre ellos Egipto, Arabia Saudí, Qatar y Turquía, y confirmó el alineamiento de Bogotá con Washington y Jerusalén. Una delegación de ministros colombianos viajará a Israel en octubre para consolidar esta nueva alianza estratégica.
El mapa político sudamericano está cambiando. Y uno de los signos más visibles de ese cambio es que, mientras algunas potencias occidentales toman distancia de Israel, varios gobiernos latinoamericanos parecen haber decidido que la cooperación con el Estado judío responde mejor a sus intereses estratégicos. Para Israel, esta nueva disposición regional representa un respaldo político significativo; para Sudamérica, una oportunidad para acceder a tecnología, inteligencia, gestión hídrica y cooperación en seguridad.
















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