Patricio Krateil

La trayectoria política de Verónika Mendoza

Desde las agendas de Nadine Heredia hasta su triunfo electoral en Cusco

La trayectoria política de Verónika Mendoza
Patricio Krateil
09 de octubre del 2026

 

El sur andino nunca ha sido un territorio electoral cualquiera. Por ello siempre es bueno poner un ojo a lo que está pasando allá. Hay que tener en consideración siempre el peso político de una zona que, elección tras elección, ha demostrado capacidad para inclinar la balanza presidencial. Solo Cusco, Puno, Ayacucho, Apurímac y Huancavelica reúnen más de 3.3 millones de electores según el padrón de las elecciones de 2026. 

Es una masa electoral enorme y, además, con una característica política muy marcada. En 2021 Pedro Castillo arrasó en los cinco departamentos en la segunda vuelta: obtuvo más de 80% en Cusco, Ayacucho, Apurímac y Huancavelica, y 89.25% en Puno. Ese comportamiento no apareció de la nada: el sur andino ha sido durante décadas una plaza fundamental para candidaturas que prometen ruptura con el establishment. Ollanta Humala, por ejemplo, fue ampliamente respaldado en esta zona en 2011.

Por ello, observar los posibles líderes políticos que tratan de hacer el trampolín regional-presidencial resulta una obligación para cualquier análisis mesurado para el futuro del país. Es precisamente por donde reaparece la Cristina Fernandez de Kirchner andina, la peruano francesa comunista, Verónika Mendoza. Una política cuya trayectoria nacional se inició en el entorno del nacionalismo de Ollanta Humala. Mendoza llegó al Congreso en 2011 representando al Cusco, pero abandonó la bancada oficialista en 2012 por aparentes discrepancias con el gobierno. Posiblemente eran demasiado lights y “derechistas” para la socialista cusqueña. Años más tarde, en 2016, postuló a la Presidencia por el Frente Amplio y obtuvo 18% de los votos válidos, quedando felizmente tercera y convirtiéndose en la principal representante electoral de la izquierda de ese entonces.

Yendo un poco más lento en la historia de Mendoza hay un episodio que no puede ser borrado: las agendas de Nadine Heredia. Mendoza fue militante del Partido Nacionalista y tuvo responsabilidades dentro de esa organización. Durante la campaña de 2016, cuando tuvo más focos encima, negó reiteradamente haber escrito en las agendas de Heredia. 

En octubre de 2015, ante la Comisión de Fiscalización del Congreso, afirmó que jamás había realizado anotaciones en una agenda que no fuera la suya. Sin embargo, meses después, ante la aparición de peritajes grafotécnicos que atribuían a Mendoza una anotación en una de las agendas, cambió su posición y reconoció que no podía descartar haber escrito allí. ¿A cuál de las dos Verónikas deberíamos haberle creído? ¿Dónde está la honradez que tanto pregonaba? 

El asunto no fue una simple anécdota electoral. Las agendas de Heredia fueron objeto de una investigación parlamentaria y fiscal relacionada con presuntos delitos de lavado de activos. La Comisión de Fiscalización terminó retirando a Mendoza del alcance de su informe final. En resumen, pese a no continuar las investigaciones hay que dejar claro que existieron cuestionamientos documentados sobre sus vínculos con el entorno nacionalista, sus declaraciones iniciales y una anotación cuya autoría fue atribuida mediante peritaje. Además, durante esa campaña aparecieron pruebas de aportes y actividades financieras del Partido Nacionalista que la propia prensa electoral recogió como un asunto que Mendoza debía aclarar.

Después vino el Frente Amplio, Nuevo Perú y, en 2021, Juntos por el Perú. En aquella elección Mendoza volvió a postular a la Presidencia y terminó lejos de la segunda vuelta, pero posteriormente respaldó políticamente al golpista Pedro Castillo. 

Su trayectoria ideológica tampoco es un misterio. Esta señora ha defendido la búsqueda de una nueva Constitución bajo las ideas absurdas de que esta no genera progreso y fue hecha de forma arbitraria. Por si esto fuera poco, propone un papel intervencionista del Estado en la economía y en las áreas productivas como la minería, pesca, agropecuaria y demás.

Pertenece, aunque pretenda disfrazarse de arcoiris, a la vieja izquierda marxista, y es ahí donde está el punto que debería preocupar a cualquier demócrata. El ascenso de Mendoza merece ser observado con memoria y con cuidado de que logre fuerza en una plaza importante de cara a las siguientes elecciones.

Es verdad que recién iniciamos un gobierno de la señora Keiko Fujimori. No obstante, no hay nada peor que dormirse en los laureles y creer que la luna de miel es eterna.

Patricio Krateil
09 de octubre del 2026

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