Alejandro Arestegui

La izquierda retrocede, pero se niega a desaparecer

Sobre los sucesos de esta semana en Brasil, España y Francia

La izquierda retrocede, pero se niega a desaparecer
Alejandro Arestegui
09 de octubre del 2026

 

Esa semana se ha visto ensombrecida por tumultuosos sucesos en los que la izquierda política ha estado inmiscuida directamente. En esta columna vamos a repasar los tres sucesos de mayor importancia y conocer cuáles son sus implicaciones y repercusiones.

Comencemos por nuestro vecino país Brasil. Mientras nosotros realizábamos el pasado domingo las elecciones regionales y municipales, los brasileños celebraron la primera vuelta de sus elecciones presidenciales y legislativas. Tal como las encuestas pronosticaban en las últimas semanas, el candidato Flávio Bolsonaro acabó en primer puesto con aproximadamente 47% de los votos. Lo secundó el izquierdista Lula da Silva con un 45% de votos.

Si bien desde enero hasta junio la mayoría de las encuestas daban por ganador al actual presidente, incluso en primera vuelta, la tendencia fue cambiando a partir de julio. Muchos analistas siguen sorprendidos por los resultados ya que Lula contaba con el respaldo financiero del erario federal para poder realizar una campaña populista, no obstante, quedó en segundo lugar en la primera vuelta y es muy difícil que pueda remontar el resultado en segunda vuelta. Esto significaría un duro golpe para la izquierda latinoamericana, ya que de perder Lula en la segunda vuelta el próximo 25 de octubre, los únicos reductos izquierdistas en todo el continente serían Uruguay y México.

Con la dictadura venezolana ya neutralizada y la dictadura cubana cada vez en mayor crisis, los partidos izquierdistas de nuestro continente ven muy mermadas sus finanzas, ya que al no estar en el gobierno no pueden hacer uso del erario público para financiar su agenda. De confirmarse la victoria de Bolsonaro, es muy probable que por fin se dé por concluida la nefasta época del socialismo del siglo XXI y del foro de Sao Paulo. No solamente porque propagó nefastas ideas estatistas colectivistas y populistas que empobrecieron a todo el continente, sino también estableció nefastas redes clientelares y de corrupción cuyo máximo exponente es la nefasta constructora paulista Odebrecht.

Ahora crucemos el océano Atlántico hasta España, allí la situación social está empeorando y la política recalcitrante no hace más que aumentar la tensión. Tal como lo explicamos la semana pasada, la crisis de vivienda en España está llegando a un punto de no retorno. El trágico desahucio de la señora Maricarmen hace dos semanas y su reciente fallecimiento fue convertido por la izquierda española en un auténtico psicosocial. El pasado lunes 5 el presidente socialista español Pedro Sánchez llamó a elecciones generales anticipadas para el próximo 29 de noviembre. Esta jugarreta política perversa del líder del PSOE es muy similar a la que ya aplicó el pasado 2019 y en 2023. Esto es una autentica estrategia sucia, pues, aunque su partido perdiera las elecciones de 2023, a falta de consenso y de votos, Sánchez continúo como presidente en la Moncloa.

Sabiendo bien los resultados de las recientes elecciones autonómicas y el mal rumbo económico que está tomando el país, Sánchez es consciente que de quedarse hasta el próximo año la debacle electoral de su partido sería mucho peor que si llamara a elecciones este mismo año.  Todo esto en medio de una situación social política y social muy delicada, casi tanta como la del año 2003 que llevó al final del gobierno de José María Aznar o la del año 2012 que llevó al ocaso del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Sin embargo, este nuevo episodio de crisis no es el mismo fenómeno de años anteriores pues ahora existen nuevos actores preponderantes como lo es el partido de derecha VOX. La centro derecha del partido popular debe ser consciente una victoria en las urnas no bastará para poder gobernar, tienen que pactar necesariamente con VOX y dejar de lado esa aberrante idea del “cordón sanitario” contra la supuesta extrema derecha. Asimismo, el próximo gobierno asumiría funciones sin un presupuesto general para el año 2027, así como una tesorería saqueada y unas finanzas en rojo que proyectan déficit en el próximo periodo fiscal.

El último país en cuestión es Francia. La semana pasada, unas protestas estudiantiles aparentemente espontáneas fueron sucedidas por episodios de violencia que se han contagiado a todo el país e incluso a naciones vecinas como Bélgica. Numerosos sindicatos de izquierda franceses han amenazado con realizar una huelga general y por tanto un bloqueo absoluto a las principales actividades económicas del país. Todo esto en un contexto de grave crisis económica por parte del Estado francés y cuyos representantes están desesperadamente buscando aprobar unos presupuestos que marcarán el futuro de la segunda economía más grande de toda la Unión Europea.

Además de sufrir una crisis de finanzas públicas, Francia también atraviesa un grave problema de su deuda soberana, la cual para el año 2030 va a superar el 130% de todo su PBI. Gran parte de los ingresos que el estado recibe sirven simplemente para pagar los intereses de dicha deuda, a pesar de esto, el banco central europeo todavía no interviene. Debido a esto, el gobierno francés debe necesariamente realizar numerosos recortes a muchas partidas presupuestarias “socialmente sensibles”. Pero dichos recortes no se están realizando por conciencia ni porque el gobierno de Emannuel Macron haya devenido en liberal, lo hacen por estricta necesidad. Sin embargo, un sector muy importante de la sociedad francesa se ha acostumbrado a vivir parasitando del estado, por lo que cualquier recorte es visto como un atentado muy grave a su estilo de vida.

Otras acciones que tiene que realizar el gobierno como la congelación de salarios a los trabajadores públicos genera el caldo de cultivo perfecto para que la izquierda radical genere caos y desorden como ya se ha visto recientemente en múltiples ciudades francesas. Como la mayoría de los episodios de violencia recientes, como el episodio de los chalecos amarillos en el año 2018, podemos apreciar claramente una estrategia política dirigida desde la izquierda. En este caso, todo el malestar social quiere ser condensado a la izquierda para que el candidato Jean-Luc Mélenchon del partido “Francia Insumisa” vaya ganando popularidad y se alce con la victoria en las elecciones del próximo año y cuyo principal rival será la nacionalista Marine Le Pen. 

Tres países distintos, tres países donde la izquierda obra de manera agresiva y poco ética para mantenerse en el poder, buscar ganar rédito político o ganar elecciones próximas. En todos los casos vemos que utilizan de forma inescrupulosa del malestar social y asocian los problemas de pobreza, subdesarrollo, falta de vivienda o disminución del valor real de los salarios con otros actores que no son ellos. Porque aparentemente ellos serían los buenos y los demás que no comparten sus ideas son los malos. Muchas veces se olvidan de que debido a sus nefastas políticas cuando ellos están en el poder o por apoyar agendas igual de terribles la situación económica de sus países está de mal en peor.

Esperemos que, en todos los casos, sus planes se frustren, no puedan salirse con la suya y que sus esfuerzos por no desaparecer fracasen. El final de la presencia izquierdista en el gobierno brasileño, español y una derrota electoral en Francia marquen el comienzo de concientización por parte de la ciudadanía. Aquellos que buscan destruir la economía en favor de la justicia social no son más que populistas envilecidos disfrazados de buenas intenciones, empobreciendo países y arruinando proyectos de vida de los ciudadanos en el trayecto.

Alejandro Arestegui
09 de octubre del 2026

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