Editorial Economía

Turismo en el Perú: una oportunidad aún postergada

Un sector con capacidad de transformar la economía y reducir brechas sociales

Turismo en el Perú: una oportunidad aún postergada
  • 27 de marzo del 2026


El Perú posee condiciones excepcionales para convertirse en una potencia turística global, pero todavía no logra traducir esa ventaja en resultados concretos. Mientras el debate público suele centrarse en actividades como la minería o las agroexportaciones, el turismo permanece como una promesa a medio camino. Sin embargo, si se desarrollara de manera sostenida, podría acelerar el crecimiento económico y contribuir de forma decisiva a la reducción de la pobreza.

Pocos países reúnen una diversidad cultural y natural tan amplia. El territorio peruano alberga vestigios de civilizaciones milenarias como Caral, considerada la más antigua de América, así como expresiones históricas de gran relevancia como las culturas Moche, Chimú, Nazca y el imperio incaico. A esto se suman íconos mundialmente reconocidos como Machu Picchu, las Líneas de Nazca, Chan Chan, Sacsayhuamán y Kuélap, que configuran un patrimonio difícil de igualar.

La riqueza no se limita al pasado prehispánico. El Perú también cuenta con ciudades coloniales en la costa y la sierra que conservan una fuerte herencia arquitectónica y religiosa. Además, su biodiversidad lo ubica entre los países más variados del planeta, con ecosistemas que van desde el desierto costero hasta la Amazonía. A todo ello se añade una gastronomía reconocida internacionalmente por su calidad y diversidad, resultado de la fusión de múltiples tradiciones culturales.

Con estos atributos, cabría esperar que el país se ubique entre los principales destinos turísticos del mundo. No obstante, la realidad muestra una brecha considerable. El Perú apenas supera los cuatro millones de turistas al año y ni siquiera alcanza los cinco millones, mientras intenta recuperar los niveles previos a la pandemia. En contraste, Francia recibe más de 100 millones de visitantes anualmente, España cerca de 95 millones o más de 90 millones según distintas mediciones, Estados Unidos supera los 72 millones o 76 millones, y México alcanza los 46 millones.

Este rezago también se refleja en el impacto económico del sector. Actualmente, el turismo representa menos del 3% del PBI y genera alrededor de 1.3 millones de empleos entre directos e indirectos. Se trata de cifras relevantes, pero claramente insuficientes frente al potencial existente. Diversos análisis coinciden en que el país podría, al menos, cuadruplicar estos resultados si se implementaran políticas adecuadas, lo que permitiría ampliar la clase media y dinamizar múltiples actividades económicas.

El turismo, además, tiene una característica que lo distingue de otros sectores: su capacidad de generar encadenamientos productivos. En zonas rurales de la sierra y la selva, cercanas a corredores turísticos, esta actividad puede impulsar pequeños negocios, desde hospedajes familiares hasta servicios de transporte y gastronomía. De este modo, se convierte en una herramienta efectiva para combatir la pobreza y descentralizar el desarrollo.

Entonces, ¿qué impide que el Perú despegue en este ámbito? Uno de los principales factores es la debilidad del Estado de derecho. La inseguridad ciudadana afecta tanto a la población como a los visitantes, quienes pueden convertirse en víctimas de delitos. Esta situación no solo daña la imagen del país, sino que también desalienta la llegada de turistas que planifican sus viajes durante años.

A ello se suma la presencia de burocracia, clientelismo y corrupción en la gestión pública. Casos como los problemas en la venta de boletos para ingresar a Machu Picchu evidencian fallas estructurales que incluso han puesto en riesgo el reconocimiento internacional de este patrimonio. Estas distorsiones generan desconfianza y limitan el crecimiento ordenado del sector.

Otro obstáculo central es la falta de infraestructura. El país presenta carencias en carreteras, trenes, aeropuertos regionales y servicios turísticos en general. Aunque existen avances puntuales, como el nuevo Aeropuerto Jorge Chávez, estos aún resultan insuficientes frente a las necesidades de una industria que aspira a recibir millones de visitantes. La limitada infraestructura hotelera en varias regiones también restringe la capacidad de atención.

En el fondo, el problema responde a la ausencia de una política de Estado sostenida en el tiempo. El turismo no ha sido tratado como una prioridad estratégica, sino como un tema sujeto a los cambios de cada gobierno. Sin una visión de largo plazo que articule seguridad, infraestructura y promoción, el país continuará desaprovechando una de sus mayores ventajas competitivas.

  • 27 de marzo del 2026

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