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En las últimas décadas la agroexportación se ha convertido en uno de los mayores casos de éxito de la economía peruana. El crecimiento sostenido de las exportaciones agrícolas, la creación de cientos de miles de empleos formales y la reducción de la pobreza en diversas regiones de la costa demuestran que cuando convergen infraestructura, inversión privada y seguridad jurídica el país es capaz de competir con éxito en los mercados internacionales. Sin embargo, ese modelo todavía ocupa una fracción reducida del territorio agrícola nacional. La siguiente etapa consiste precisamente en ampliar esa experiencia hacia nuevas regiones, y pocos proyectos poseen un potencial tan grande como Majes Siguas II.
En ese contexto, resulta especialmente relevante que el nuevo gobierno haya anunciado que los grandes proyectos de irrigación volverán a ocupar un lugar prioritario dentro de la agenda nacional. La decisión de impulsar iniciativas como Majes Siguas II, Chavimochic III y Chinecas refleja una comprensión adecuada del principal desafío del agro peruano: para multiplicar la producción no basta con disponer de tierras; es indispensable garantizar agua, infraestructura y condiciones que incentiven la inversión de largo plazo.
El escenario resulta particularmente favorable para Majes Siguas II. Su incorporación al Plan Nacional de Infraestructura 2026-2031 del Ministerio de Economía y Finanzas y el reciente road show internacional organizado por la empresa japonesa PMO para convocar empresas interesadas en la puesta a punto de la infraestructura existente muestran que el proyecto ha comenzado a recuperar el impulso perdido durante años de paralización. Después de un prolongado estancamiento, aparecen señales concretas de que el destrabe puede convertirse finalmente en una realidad.
No se trata simplemente de construir canales o concluir obras pendientes. Majes Siguas II representa una inversión superior a los S/ 7,700 millones destinada a incorporar alrededor de 40,000 nuevas hectáreas agrícolas en Arequipa, transformando extensas zonas hoy improductivas en un nuevo polo agroindustrial orientado tanto al mercado nacional como a la exportación. En un país donde la agroexportación ha demostrado una extraordinaria capacidad para generar empleo formal y reducir la pobreza, ampliar la frontera agrícola constituye una de las políticas públicas con mayor potencial multiplicador.
Las proyecciones económicas confirman esa expectativa. Diversos estudios estiman que el proyecto permitirá crear más de 160,000 empleos directos e indirectos durante las etapas de construcción y operación. A ello debe añadirse el efecto que normalmente generan los grandes polos agroexportadores sobre el transporte, los servicios logísticos, la industria alimentaria, el comercio exterior, el almacenamiento, los servicios financieros y la demanda de proveedores especializados. La experiencia peruana demuestra que la agricultura moderna produce un conjunto de encadenamientos productivos que terminan dinamizando la economía regional mucho más allá del propio sector agrícola.
Sin embargo, el éxito de Majes Siguas II dependerá también de aprender de la experiencia acumulada. La primera etapa del proyecto dejó una enseñanza importante: la excesiva fragmentación de la propiedad agrícola dificultó la incorporación de tecnología, redujo la productividad y limitó el acceso al financiamiento. Evitar que esa situación se repita constituye uno de los principales desafíos del nuevo gobierno. La asignación de las nuevas tierras deberá favorecer unidades productivas con capacidad para competir internacionalmente, al mismo tiempo que promueve mecanismos asociativos que permitan integrar a pequeños agricultores dentro de cadenas modernas de producción.
Ese objetivo exige además mantener un marco estable para la inversión privada. Las asociaciones público-privadas han demostrado ser uno de los instrumentos más eficaces para desarrollar infraestructura compleja y garantizar su operación durante décadas. Mientras el Estado concentra sus esfuerzos en la regulación, la supervisión y la seguridad jurídica, el sector privado puede aportar financiamiento, innovación tecnológica, capacidad de gestión y mantenimiento permanente, aspectos donde históricamente la administración pública ha mostrado mayores limitaciones.
La sostenibilidad del proyecto dependerá igualmente del uso eficiente del recurso hídrico. Tecnologías como el riego presurizado, la automatización y el monitoreo digital permitirán optimizar cada metro cúbico de agua, una condición indispensable frente a un escenario donde la disponibilidad hídrica adquiere cada vez mayor valor estratégico para la agricultura mundial.
Pero el verdadero alcance de Majes Siguas II trasciende la irrigación. Ningún proyecto agroexportador puede alcanzar todo su potencial si no se desarrolla simultáneamente una red moderna de infraestructura complementaria. Carreteras, centros de acopio, plantas de procesamiento, cadenas de frío y conexiones eficientes con los puertos de exportación constituyen elementos tan importantes como el agua misma. Solo mediante esa articulación será posible que Arequipa se integre plenamente al circuito agroexportador que durante las últimas décadas transformó la economía de regiones como Ica y La Libertad.
















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