Editorial Economía

Majes Siguas II: agua, tierra y empleo para el sur del Perú

Un proyecto hídrico que puede transformar la economía regional

Majes Siguas II: agua, tierra y empleo para el sur del Perú
  • 24 de febrero del 2026

 

En el debate público, Majes Siguas II debería presentarse como un proyecto de infraestructura con el potencial para reordenar el territorio y la vida económica del sur del Perú en las próximas décadas. No se trata solo de llevar agua, sino de decidir cómo se poblarán, trabajarán y conectarán más de 40,000 nuevas hectáreas de tierras cultivables en Arequipa, que se sumarán a las 16,000 ya irrigadas en la primera etapa y, en perspectiva, a más de 80,000 hectáreas bajo riego.

La clave está en el agua. El sistema permitirá trasladar hasta 34 metros cúbicos por segundo desde la cuenca del Colca hacia zonas áridas de Siguas y Majes–El Pedregal. La inversión estimada, que bordea y supera los S/ 7,700 millones según los estudios técnicos vigentes, refleja lo ambicioso del proyecto. Y no solo abarca obras hidráulicas, también incluye componentes energéticos, como la construcción de dos centrales hidroeléctricas que aprovecharán la caída del agua. Esta integración entre riego y generación eléctrica cambia la lógica tradicional de los proyectos hídricos. Ya no se piensa únicamente en agricultura, sino en un sistema productivo más amplio que combina agua, energía y territorio.

Si el proyecto avanza según el cronograma oficial, para mediados de este 2026 sus principales obras estarán en plena ejecución. Ese año se convertirá en un punto de quiebre tras años de paralizaciones, controversias técnicas y cambios institucionales. La conducción del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego, junto con la cooperación del gobierno japonés, busca asegurar estándares tecnológicos y de gestión más rigurosos. El desafío no es solo construir, sino también garantizar operación y mantenimiento sostenibles en el tiempo.

El impacto social proyectado obliga a mirar más allá de las cifras gruesas. Se estima que podrían generarse más de 160,000 empleos directos e indirectos a lo largo del ciclo del proyecto. De ellos, alrededor de 83,000 corresponderían a la fase de construcción y cerca de 80,000 serían puestos permanentes cuando las áreas agrícolas entren en operación. Otras proyecciones hablan de más de 120,000 empleos. En cualquier escenario, la magnitud es suficiente para alterar el mercado laboral regional y exigir políticas de capacitación y formalización.

Pero la experiencia de los años ochenta con Majes Siguas I ofrece una advertencia clara. La habilitación de 16,000 hectáreas no se tradujo automáticamente en alta productividad. La fragmentación en minifundios de subsistencia limitó el acceso a crédito, tecnología y mercados. Si ahora se suman 40,000 hectáreas nuevas sin un criterio de escala adecuado, el riesgo es repetir el mismo patrón. La discusión sobre cómo adjudicar la tierra es, en realidad, una discusión sobre qué modelo agrario se quiere consolidar.

El contexto nacional refuerza esa reflexión. Apenas el 5% de las tierras agrícolas del país genera exportaciones, pero ese pequeño segmento ha permitido que el Perú se ubique entre los diez principales exportadores mundiales de productos frescos. Hoy existen unas 250,000 hectáreas vinculadas a la agroexportación, y la suma de proyectos hídricos podría ampliar esa superficie a más de 600,000 hectáreas. Majes Siguas II es una pieza clave en ese salto, siempre que logre articularse con cadenas logísticas y mercados internacionales.

Eso implica pensar en infraestructura complementaria desde el inicio. Carreteras, centros de acopio, plantas de procesamiento y redes de frío no son un añadido, sino una condición básica para que cultivos de alto valor como uvas, paltas o arándanos compitan en el exterior. También lo es la estabilidad normativa. La derogación de la Ley de Promoción Agraria en 2020 afectó la confianza de los inversionistas, y la nueva ley agraria se percibe como un factor decisivo para movilizar capital hacia las nuevas áreas irrigadas.

Las asociaciones público-privadas aparecen entonces como algo más que un mecanismo financiero. Se espera que asuman responsabilidades claras en la operación y mantenimiento del sistema hidráulico, superando las limitaciones de una gestión exclusivamente estatal que en el pasado resultó costosa y poco eficiente. La sostenibilidad financiera del proyecto dependerá de tarifas, contratos y supervisión técnica rigurosa. Sin esos elementos, incluso una inversión de S/ 7,700 millones podría deteriorarse con el tiempo.

Majes Siguas II no es solo una obra que llevará 34 metros cúbicos de agua por segundo a zonas áridas. Es una apuesta por redefinir el mapa productivo del sur, beneficiar potencialmente a más de 35,000 familias y convertir a Arequipa en un polo de desarrollo agrario. El 2026 marcará el inicio visible de esa transformación. Lo que ocurra después dependerá menos del concreto y más de las decisiones sobre tierra, gestión y reglas de largo plazo.

  • 24 de febrero del 2026

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