Editorial Economía

Las razones de la tragedia de Machu Picchu

En peligro uno de los principales motores del turismo peruano

Las razones de la tragedia de Machu Picchu
  • 28 de agosto del 2026


Machu Picchu es mucho más que el principal atractivo turístico del Perú. Es uno de los grandes motores económicos del Cusco y del sur del país. En 2025, la ciudadela recibió más de 1.5 millones de visitantes nacionales y extranjeros, un flujo que sostiene miles de empleos en hoteles, restaurantes, agencias de viajes, empresas de transporte, guías y artesanos del Valle Sagrado. Antes de la pandemia, según medios locales, el turismo representaba alrededor del 14% del PBI regional y generaba más de 200 mil empleos directos e indirectos. Que estos niveles todavía no se hayan recuperado plenamente revela que el problema no está en la falta de demanda, sino en la incapacidad para administrar adecuadamente un activo turístico de dimensión mundial.

El primer problema es institucional. La controversia alrededor de la venta de entradas a Machu Picchu se ha convertido en un ejemplo de cómo una mala decisión administrativa puede terminar perjudicando al turismo y a las propias arcas públicas. En 2022, durante el gobierno de Pedro Castillo, la entonces ministra de Cultura, Betssy Chávez, dispuso que parte de las entradas se comercializara presencialmente en Aguas Calientes, después de las presiones del Frente de Defensa de los Intereses de Machu Picchu y comerciantes locales, que reclamaban que el 50% de los boletos se vendiera bajo esa modalidad.

El resultado fue contraproducente. Solo en 2023, el Ministerio de Cultura identificó alrededor de 80,000 ingresos “fantasma” a la ciudadela y estimó que la venta por canales no oficiales generó ganancias superiores a S/12 millones que nunca ingresaron a las cuentas públicas. Además, se calculó que, únicamente en noviembre de ese año, las redes dedicadas a la reventa informal llegaron a obtener hasta S/60,000 diarios.

Las deficiencias continuaron. En 2025, los gremios turísticos denunciaron que la venta presencial de 1,000 entradas diarias obligaba a numerosos visitantes a realizar largas colas o permanecer inesperadamente en Aguas Calientes sin tener certeza de conseguir un boleto. La situación afectaba directamente la planificación de los viajes y la imagen internacional del destino. A ello se sumó la controversia por la contratación de Joinnus para modernizar la venta digital. La medida generó protestas de operadores turísticos y la Contraloría concluyó que la contratación presentó irregularidades al no realizarse mediante un procedimiento de selección conforme a la normativa estatal.

El segundo problema es la conflictividad social, que en un destino turístico internacional puede convertirse rápidamente en un problema de seguridad. En septiembre de 2025, al vencer la concesión de treinta años de Consettur para transportar pasajeros en buses hacia la ciudadela, la Municipalidad Provincial de Urubamba otorgó una autorización provisional a una nueva empresa. Comunidades locales rechazaron la medida y bloquearon la vía férrea, obligando a PeruRail, propietaria de la empresa Ferrocarril Transandino, a suspender sus operaciones.

El saldo fue grave: entre 1,400 y 1,500 turistas quedaron varados durante varios días y 17 personas resultaron heridas en los enfrentamientos. No existe mejor manera de deteriorar la imagen de un destino que convertir la visita de turistas extranjeros en una experiencia marcada por bloqueos, incertidumbre y violencia.

El tercer problema es la infraestructura. El acceso a Machu Picchu continúa dependiendo fundamentalmente del ferrocarril y de una carretera de trocha con capacidad limitada, sin alternativas de transporte masivo capaces de absorber una demanda internacional que ya supera el millón de visitantes extranjeros anuales. Si el Perú pretende incrementar significativamente el número de turistas, tarde o temprano encontrará este cuello de botella. No se puede ampliar indefinidamente la demanda si la infraestructura de acceso permanece prácticamente estancada.

La paradoja es evidente. El mundo reconoce reiteradamente la calidad de la oferta turística peruana. El país ha sido distinguido como Mejor Destino de Sudamérica, Mejor Destino Cultural y Mejor Destino Culinario, mientras que Machu Picchu ha sido reconocido como la Mejor Atracción Turística del Mundo. Sin embargo, en 2025 el Perú recibió apenas 3.4 millones de turistas internacionales, frente a los 102 millones de Francia, los 93.8 millones de España y los 72 millones de Estados Unidos.

La conclusión resulta inevitable: el problema peruano no es la falta de atractivos, sino la incapacidad para convertirlos en una verdadera industria turística competitiva. Machu Picchu concentra una ventaja extraordinaria, pero esa ventaja puede diluirse si continúa sometida a una gestión deficiente, a conflictos recurrentes y a una infraestructura insuficiente.

El Perú no necesita que el mundo descubra Machu Picchu. El mundo ya lo descubrió hace mucho tiempo. Lo que corresponde ahora es que el Estado esté a la altura de ese descubrimiento y convierta el patrimonio turístico en inversión, empleo y desarrollo para los peruanos.

  • 28 de agosto del 2026

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