En el debate sobre si el Perú debe contar con un satélit...
La ley que incrementa las funciones de la Agencia de Cooperación Internacional (APCI) en el control de los recursos externos de las oenegés es más que necesaria, sobre todo considerando la terrible influencia de estos organismos en la actividad minera. Sin lugar a duda, hoy se puede sostener que las narrativas y fábulas que construyeron las oenegés en la última década detuvieron y paralizaron los proyectos mineros formales y, de una u otra manera, crearon las condiciones para el avance actual de la minería ilegal.
Cuando un proyecto minero formal se paraliza, en el acto, sobre las reservas probadas que las empresas han encontrado, luego de años incesantes de exploración, se producen asaltos e invasiones por parte de los mineros ilegales.
Por ejemplo, las oenegés anticapitalistas, de la mano con publicistas con gran creatividad para la fábula que destruye y que empobrece a las siguientes generaciones, señaló que el proyecto de la empresa Manhattan Minerals, una empresa canadiense de estándares mundiales, era una grave amenaza para el ceviche y el mango de Tambogrande en Piura. Una mentira de principio a fin. En el 2005 Manhattan abandonó el proyecto en oro y se retiró ante los argumentos que, supuestamente, defendían el ceviche. ¿Qué sucedió después? El valle de San Lorenzo se ha convertido en un pequeño Far West, en donde las economías ilegales, los pistoleros y la prostitución amenazan la vida tranquila de los agricultores. De acuerdo a la Dirección Regional de Energía y Minas, más de 4,500 mineros ilegales destruyen el medio ambiente para las siguientes generaciones, explotando el oro con mercurio y cianuro. Además no pagan impuestos ni generan empleos formales.
En otras palabras, se liquidó la inversión de una empresa de talla mundial, que practica los más altos estándares ambientales del planeta, que paga impuestos y crea empleo formal, y ahora miles de mineros ilegales, simplemente, arrasan con el ceviche y el mango, a contracorriente de las narrativas redactadas. Las oenegés nacionales e internacionales que suelen bloquear los proyectos mineros deberían tener una respuesta al respecto.
Igualmente, las narrativas destructivas de las oenegés anticapitalistas y los sectores antimineros –alrededor de 15 años atrás– paralizaron el proyecto minero de Conga, que contaba con una inversión de US$ 4800 millones, y las demás inversiones del llamado cinturón de cobre del norte (La Granja, el Galeno, Michiquillay, entre otros). El resultado: Cajamarca, la región que podría tener el ingreso per cápita más alto del país –si se ejecutara su cartera de inversiones mineras– hoy se ha convertido en la más pobre del Perú, con 45% de la población en pobreza. Y he aquí lo más dramático: decenas de mineros ilegales provenientes de Pataz han comenzado a explotar las reservas probadas encontradas por Minera Yanacocha luego de años de intenso trabajo de exploración.
El relato en contra de la minería moderna se hizo invocando el estribillo “agua sí, oro no” y levantando un mito acerca de que la inversión minera formal era una amenaza contra los recursos hídricos destinados al consumo humano y la agricultura. Por eso Cajamarca es hoy la región más pobre y la minería ilegal se puede convertir en la peor amenaza por décadas para los cajamarquinos de buena voluntad.
Ante la evidente destrucción del futuro de estas regiones y pueblos, ante el avance de la pobreza y la destrucción del medio ambiente para las siguientes generaciones, ¿acaso los políticos y las oenegés anticapitalistas no le deberían pedir perdón a los peruanos?
















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