Jorge Varela

Una moral kantiana

El imperativo categórico moral que manda a la voluntad

Una moral kantiana
Jorge Varela
03 de noviembre del 2026

 

El pensamiento moral y político contemporáneo se sostiene en varias concepciones filosófico-políticas formuladas por Immanuel Kant. Michael J. Sandel –destacado filósofo estadounidense– desmenuza en su exitoso libro “Justicia”, algunas de las ideas del hombre de Königsberg-, sobre libertad, autonomía, razón, dignidad, igualdad, moral, justicia, derecho, deber. Su concepción de los derechos (y deberes) humanos se centra en que somos seres racionales, merecedores de dignidad y respeto. Es decir, no podemos ser tratados como meros instrumentos. La importancia dada por Kant a la dignidad humana, es esencial para entender la inspiración de los derechos humanos universales.

 

Fundamento de la moral kantiana 

La moral no puede basarse en los deseos, apetitos, preferencias o intereses contingentes que las personas puedan tener. Los principios morales universales difícilmente podrían sustentarse en ellos. A juicio de Kant, se puede llegar al principio supremo moral por medio del ejercicio de lo que denomina “razón práctica pura”. Sostiene que todas las personas somos seres racionales, capaces de razonar; que además, somos seres autónomos, capaces de actuar y elegir libremente. Se trata de capacidades comunes a todos los seres humanos. En síntesis, somos seres racionales, libres, portadores de humanidad, dignos, sensibles, (capaces de sentir placer y dolor). No somos meras criaturas con apetitos, sino personas consideradas como fines en sí mismas. La moral consiste en respetar -tratar-a las personas como fines en sí mismas, no consiste en perseguir la felicidad ni en alcanzar ningún otro fin.

 

¿Qué es la libertad?

En su obra “Fundamentación” Kant pregunta: ¿cuál es el principio supremo de la moral? Su respuesta plantea otra cuestión clave: ¿qué es la libertad? De ellas emerge la filosofía kantiana en todo su esplendor.

Actuar libremente es actuar autónomamente. Sin autonomía no hay responsabilidad moral. Aquí surge el nexo entre la libertad como autonomía y la idea de la moral que propone. Lo opuesto a actuar con autonomía es actuar con heteronomía; esto es, actuar conforme a determinaciones que provienen de fuera de la persona. Actuar con autonomía es lo que confiere dignidad al ser humano: es lo que diferencia a las personas de las cosas. Es la libertad la que da valor moral a una acción.

 

El valor moral de la acción

El valor moral de una acción radica en la intención con la que se realiza. Lo importante es hacer lo que se debe porque es lo debido, no las consecuencias posteriores. Una acción moralmente buena es aquella que está conforme a la ley moral; el motivo que le confiere valor moral a una acción “es el motivo del deber”. O sea, solo las acciones llevadas a cabo por el motivo del deber son las que tienen valor moral. Solo el motivo del deber confiere valor moral a una acción.

 

El principio supremo de la moral 

Si la moral consiste en actuar como dicta el deber, Sandel agrega: hay que ver qué exige el deber. A juicio de Kant, hay que saber cuál es el principio supremo de la moral. La finalidad de su libro “Fundamentación” es responder a esta inquietud.

Algo se insinuó antes. Kant conecta tres grandes ideas: la moral, la libertad y la razón. La primera ha sido despejada: lo que cuenta es el motivo del deber; este es el que otorga valor moral a la acción. La segunda se vincula a la autonomía, como forma de determinar la voluntad. Si tenemos la capacidad de ser libres, es que somos capaces de actuar conforme a una ley -una decisión nuestra- que nos damos a nosotros mismos, no impuesta. La cuestión es: ¿de dónde procede una ley así?

La tercera es la razón, como respuesta a la pregunta que antecede. Somos seres racionales que ejercitamos la razón y podemos determinar nuestra voluntad. La razón nos capacita para descubrir los medios y así perseguir ciertos fines que ella nos proporciona. La razón no tiene una función meramente instrumental, no es esclava de las pasiones, no tiene un rol subordinado. Si no fuese más que eso, estaríamos mejor solo con el instinto, dice Kant.

 

El imperativo categórico moral que manda a la voluntad

La idea de razón que interviene lo moral, es la de “la razón práctica pura, que legisla -decide, resuelve- a priori, hace caso omiso de cualquier fin empírico, (del relativismo sin fin). Pero, ¿cómo puede la razón mandar a la voluntad? Kant distingue dos maneras, dos tipos de imperativo: hipotéticos y categóricos. Para este efecto, el que nos interesa es el imperativo categórico, ese que “representa al acto como bueno en sí mismo, y por lo tanto como necesario para una voluntad que concuerda con la razón”. Por categórico, se entiende incondicional. Solo un imperativo categórico podría contar como imperativo moral, afirma Kant. De esta forma actúa la razón práctica pura.

 

Jorge Varela
03 de noviembre del 2026

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