Jorge Varela
Chile: comunismo y anticomunismo
Según la democracia cristiana hay algo peor que el comunismo
Eduardo Frei Montalva, quien se convertiría en líder principal de la Falange Nacional, un antiguo grupo selecto de socialcristianos chilenos, fue el primero en esbozar desde su perspectiva, una posición inicial pragmática respecto del comunismo en su artículo “Anti-comunismo”, publicado en la revista Política y Espíritu, en abril de 1947.
Esta postura, que orientó la línea editorial de Política y Espíritu desde el principio, mostraba una clara disonancia con los pronunciamientos de la Iglesia católica. A esa altura, el rechazo al comunismo por parte de los socialcristianos chilenos (falangistas), aún era mayoritario y persistente; pero, no se tradujo en exclusiones rígidas en el terreno de la política contingente. De esta manera, la discusión relativa al enfrentamiento comunismo anticomunismo se volvió recurrente desde 1947, en particular durante la tramitación de la Ley de Defensa de la Democracia que declaró ilegal al Partido Comunista, a comienzos de 1948. En su párrafo inicial se prohibía la existencia, organización, publicación o cualquier otra forma de expresión de dicho partido y, en general, de cualquier asociación, entidad, partido, facción o movimiento que buscara implementar en Chile un régimen opuesto a la democracia o que atentara contra la soberanía del país.
Los líderes falangistas y el anticomunismo
Frei se oponía a la conveniencia de emprender una campaña anticomunista en Chile, pues consideraba que el anticomunismo de esa época, era fruto “de un capitalismo caduco y fracasado, incapaz de dar al pueblo solución a los problemas.. La refutación al comunismo no habría de ser reactiva o represiva, sino propositiva, oponiendo a un sistema ideológico total como es el marxismo, otra filosofía total como es la que dimana del espiritualismo cristiano”.
A juicio de Frei el pensamiento cristiano que sostiene a la democracia, rechaza “la mentira de los egoísmos” y las palabras de aquellos que colocan a la propiedad absoluta antes que al hombre, el orden antes que la libertad, el privilegio y la tranquilidad frente a los desposeídos y que incitando a la lucha de clases con sus actitudes acusan a los otros de marxistas. La identidad de los destinatarios de esta acusación estaba fuera de dudas. Frei responsabilizaba al capitalismo liberal de la atracción comunista entre las masas obreras. Una mirada condescendiente -menos dura-, era esencial. Luchar contra el comunismo no significaba adoptar sus mismos métodos represivos, renunciando a la democracia.
Según el fallecido diputado Bernardo Leighton Guzmán, otro de los grandes del falangismo chileno, el Partido Comunista había adecuado sus métodos marxistas al escenario nacional, lo que había resultado favorable para la preservación del régimen constitucional y el proceso ascendente de los trabajadores en la vida política, social, económica y cultural del país”.
Según la DC: hay algo peor que el comunismo
No hay que sorprenderse entonces, cuando determinados dirigentes contemporáneos sintonizan con tesis contrarias al anticomunismo. El mismo Eduardo Frei había lanzado al éter esa frase de fuego que ha marcado a generaciones de militantes y todavía resuena: “Ante el comunismo vemos que hay algo peor: el anticomunismo”. Después de este anatema moral elevado a la categoría de verdad absoluta, juicio histórico con características de condena inamovible, cualquier opinión contraria es calificada casi como herejía grave, por dirigentes y militantes que nunca han leído “Divini Redemptoris”, sobre el comunismo ateo, encíclica promulgada por Pío XI en 1937; ni tampoco “Quod Apostolici muneris” de León XIII, referida al socialismo,
¿Qué puede esperarse pues, de quienes ni siquiera tienen idea de que el concepto “democracia cristiana” aparecía ya en la encíclica “Graves de Communi ”, (León XIII, enero de 1901). ¿Es posible esperar algún grado de fidelidad a esta doctrina demócrata no-totalitaria de signo humanista cristiano cuya homogeneidad es cuestionada?
Maritain y su visión del espectro comunista
Veamos, a mayor abundamiento, qué dijo Jacques Maritain sobre esta temática, un intelectual reconocido por quienes dicen ser seguidores de sus ideas. En “Cristianismo y democracia”, el filósofo francés señaló: “Veo en el comunismo la última etapa de la destrucción interna del principio democrático, debida al rechazo del principio cristiano. En tanto doctrina, está irreformable y lógicamente ligado al ateísmo. El comunismo no es tan solo un sistema económico, sino también una filosofía de la vida fundada sobre un rechazo coherente y absoluto de la trascendencia divina… una mística del materialismo revolucionario integral. El comunismo es una catástrofe totalitaria y ateísta de la democracia misma y de su impulso humanista” (capítulo ”El Problema comunista”).
En definitiva, un demócrata-cristiano auténtico y con convicciones, siempre será anticomunista, si lucha resueltamente por la libertad y la justicia contra cualquiera que en nombre del comunismo atente contra estos valores fundamentales e intente imponer un orden social de carácter totalitario, aunque sea un comunista adicto al marxismo-leninismo.
















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