Cecilia Bákula
Una catástrofe cultural
El traslado del AGN al interior del país

Recientemente se ha oído hablar sobre la posibilidad de que el importante y riquísimo Archivo General de la Nación sea trasladado a una ciudad del interior del país. La noticia, que cundió como reguero de pólvora entre los conocedores e investigadores, alarmó a los usuarios habituales del AGN. Para hacer lo correcto, no debió referirse al hecho mismo de un eventual traslado, sino a la necesidad urgente de atender, con la dignidad e importancia que exige, el repositorio más importante de documentos de toda nuestra historia.
Con documentos invaluables y de antigüedad extraordinaria, el Archivo General de la Nación ha vivido, inexplicablemente, la desatención y desinterés de casi todos los gobiernos de nuestra historia republicana. Y por qué no pensar que sí es posible atender con respeto a ese patrimonio fundamental.
Quizá sea oportuno reafirmar la importancia de un archivo nacional, en tanto es la entidad y el espacio en donde se conserva la historia de la nación, los documentos que explican, sustentan y dan lugar al mejor conocimiento de nuestro pasado. En el caso del Perú, el AGN ha vivido grandes vicisitudes. En este momento, no parece conveniente pensar en un traslado sin contar con la infraestructura de última generación que permita garantizar la salvaguarda de ese patrimonio documental, único e indispensable.
Como bien ha señalado el historiador Carlos Contreras "sería una contradicción tremenda celebrar el bicentenario con inauguraciones de parques, monumentos y museos, al lado de una documentación histórica dispersa y en peligro de perderse por la incuria y la desidia de las autoridades". Siguiendo esa línea de pensamiento, este gobierno —al que de manera circunstancial le ha tocado el privilegio y la responsabilidad de celebrar el Bicentenario de nuestra independencia, y entregar la posta justo el mismo día de esa celebración—, bien haría en priorizar lo que desea dejar como legado a la posteridad y como recuerdo de esa fecha. Quizás dando los primeros pasos para contar con un edificio especialmente diseñado, pensado y construido para albergar ese repositorio, y asegurando los montos que implique esa inversión.
En una nota escrita por un sabio y experimentado archivero, como es César Gutiérrez Muñoz, se indica que los archivos regionales se encuentran en deplorable estado. Y que sería una “catástrofe cultural”, una acción de "lesa cultura", intentar un traslado del acervo documental que posee y custodia el Archivo General de la Nación, haciéndolo como consecuencia de una decisión que sería políticamente incorrecta y técnicamente suicida: llevándolo a alguna provincia que no cuenta con infraestructura suficiente ni para su propio acervo la inmensidad de documentos que conserva el archivo limeño.
Lejos de un criterio centralista, lo que se propone es un criterio técnico, objetivo y posible de ejecutar. En tiempos de procesos digitalizados, no estaría mal pensar en la posibilidad de que el gran local del AGN pudiera estar fuera de Lima, pero para ello hay que planificar correctamente, invertir adecuadamente, actuar con criterio técnico y aprovechar la oportunidad para digitalizar todos los documentos, actualizando el inventario y garantizando así su conservación y difusión.
Se trataría, en cualquier caso, de una obra notable para el futuro. Pero ello supera largamente un período gubernamental; y más aún este, cuyo plazo de cese está ya marcado. No obstante, si pensáramos en "modo país", y no desde la angosta y perversa visión de los logros de un gobierno, seríamos capaces de tener el mejor local, el más adecuado y necesario desde hace mucho tiempo.
Cuesta creer que los responsables de tomar este tipo de decisiones no conozcan la importancia y la necesidad de los archivos. Y tampoco las obligaciones contraídas por el Estado Peruano al respecto, según la declaración que sobre este tema fue adoptada por la UNESCO en noviembre de 2011.
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