Manuel Gago

Tía María: a pararle los machos a los antimineros

Se avecinan protestas violentas en Arequipa

Tía María: a pararle los machos a los antimineros
Manuel Gago
10 de julio del 2024


Si Dina Boluarte logra romperle el espinazo –por decirlo metafóricamente– al movimiento antiminero se ganará un porotazo. Haría lo que los gobiernos anteriores no pudieron hacer: restablecer la autoridad, porque la licencia de construcción de la mina Tía María (Arequipa) fue aprobada en 2019 y en cinco años no se hizo nada por las revueltas violentas organizadas por ambientalistas izquierdistas. 

Si Boluarte se mantiene firme sentará las bases para crecer económicamente más del 3% y se abrirán posibilidades a otros proyectos mineros –por ejemplo, en Cajamarca– estancados por la presión de pequeños grupos opuestos al aprovechamiento de los recursos naturales. Pero sobre todo, arrinconará a esas bandas delincuenciales que –sin duda alguna– realizan actividades extractivas ilegales aprovechándose de la debilidad de las autoridades y en concordancia con ese “movimiento antiminero”. ¿Alguna vez las oenegés ecologistas se pronunciaron contra los ataques criminales a la minería legal? 

Es cuestión de dignidad nacional. Por unos cuantos galifardos –sinónimo de haraganes, vividores y sinvergüenzas–, la punta de lanza de lanza de las izquierda antidemocrática y antiperuana, la economía no avanza y, contrariamente, la delincuencia aliada de los comunistas se apropia de territorios y realiza actividades mineras con el agravante de la contaminación ambiental sumado a otras criminalidades como la explotación sexual de menores.

Organismos internacionales y locales “sin fines de lucro” (ONG), con enlaces en las comunidades mineras, buscan desunir en lugar de cohesionar a la población. Devalúan el respeto a las autoridades, sometidas a temores y popularidades falsas con el fin de espantar las inversiones. Bueno pues, llegó la hora de todos juntos detener a los enemigos del país.

El movimiento antiminero tiene larga data y se manifiesta de distintas maneras. La tradición minera estuvo siempre acompañada de sentimientos adversos. Un fantasma llamado pishtaco fue inventado con el fin de demonizar las actividades mineras, la expansión de los ferrocarriles y el surgimiento de la industrialización en la zona central. Es el caso de las ahora inexistentes Manufacturas del Centro y Los Andes de Huancayo, telares que le agregaban valor a la lana de oveja y alpaca. Según el relato popular, los pishtacos asesinaban y cocinaban los cadáveres con el fin de procesar la grasa humana. Se decía que esa grasa era perfecta para lubricar las partes móviles de maquinarias que el hombre andino comenzaba a ver en las alturas. Y así, si alguien desaparecía, se decía que fueron víctimas de los pishtacos. El miedo, esa nociva constante nacional –infundido en lugares lejanos y en pobladores aparentemente entendidos– hacía mirar con malos ojos el avance de la industrialización. 

No obstante, al presidente Manuel Odría le fue bastante bien gracias a las exportaciones de cobre y otros minerales. Por entonces, Cerro de Pasco Corporation era la gran minera nacional con más de 5 unidades productivas en la sierra central. Con el lema “hechos y no palabras” Odría construyó colegios, hospitales, normales y otras obras fundamentales. Odría y Alberto Fujimori –guardando las distancias– son hasta ahora considerados los grandes edificadores. 

Durante la campaña electoral de Ollanta Humala el sonsonete “agua sí, minería no“ resumía el relato más letal enarbolado por la izquierda antidesarrollo. Sirvió para despertar ánimos contra el capital, el mercado libre y las inversiones mineras. Junto a otras “narrativas” del ambientalismo ideológico logró “ablandar” a la población, conduciéndola hacia posiciones contrarias a la minería. 

En las próximas semanas veremos si Boluarte puede resistir la embestida violenta que se avecina en Arequipa contra el proyecto de cobre Tía María. Sabe Dios, cuántos muertos más estarán planeando ocasionar los comunistas para elevar la dimensión de su lucha y para profundizar la tragedia del país.

Manuel Gago
10 de julio del 2024

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