Franco Olcese
¿Se acerca una nueva Constitución?
Se pondría en gran riesgo lo avanzado en materia económica

Las polémicas declaraciones del ministro Zeballos ─referentes a la idoneidad de empresas públicas en sectores como minería, energía y aeronáutica─, durante una entrevista que concedió el domingo, han causado preocupación en diversos actores económicos y sectores de la población. No es para menos: un miembro muy cercano al presidente había resucitado ideas que nos remontan a momentos económicamente nefastos de nuestra historia. Diego Macera, gerente general del Instituto Peruano de Economía, comparte en su cuenta de Twitter una gráfica en la que se visualiza el catastrófico desempeño del Estado en actividades productivas previas a la Constitución de 1993.
El capítulo económico además es responsable del mayor crecimiento económico que el Perú ha logrado en su historia, y que además ha tenido un fuerte impacto sobre los más pobres del país. El siguiente gráfico, tomado de “Conexión y despegue rural” de Richard Webb, nos señala que es después de 1994 que se da una mejora en el ingreso rural como no se dio en todo el siglo previo. La población rural fue el gran bolsón de pobreza del Perú, y su atraso el foco de atención de la intelectualidad peruana a lo largo de nuestra historia. Es con las dinámicas económicas disparadas por la Constitución de 1993 que finalmente este sector está siendo integrado en la economía nacional.
El temor está, entonces, completamente justificado. Sin embargo, no es la primera vez que representantes del gobierno de Vizcarra se manifiestan en este sentido.
El deseo de un cambio constitucional se encontraba restringido a voces de izquierda radical sin representación congresal como la de Gregorio Santos, Walter Aduviri, o las de Nuevo Perú y Frente Amplio, desde sus respectivas bancadas. Este último partido incluso propuso incluir una Asamblea Constituyente en el último referéndum. Es muy claro que, a pesar de sus diferencias, toda la izquierda está alineada hace años en que este es un objetivo estratégico. Ellos consideran que se acerca el momento ideal para generar las condiciones que viabilicen un proceso constituyente en el 2021. Carlos Monge, un intelectual orgánico de la izquierda, afirmó esto en Ideele Radio, demostrando su sorpresa ante la aproximación de las condiciones para una Nueva Constitución; “la solución constitucional era algo que (…) veníamos proponiendo, una cosa tan distante, irreal, imposible, alejada de la cotidianeidad”.
Sin embargo, otras voces más cercanas al centro político muestran apoyo a esta opción. Entre ellas, Mesías Guevara, presidente de Acción Popular y de la Asamblea Nacional de Gobernadores Regionales, planteó a Vizcarra la posibilidad de convocar a una Asamblea Constituyente ante la presente crisis política. En Noviembre del 2018, el mismo ministro Zeballos se manifestó a favor de una Asamblea Constituyente y cambiar el capítulo económico de la Constitución 93.
Ante la pregunta específica, Zeballos dijo que “sería materia de revisarlo, especialmente en una mayor presencia del sector público”. En el mismo mes, el entonces primer ministro César Villanueva afirmó su deseo de cambiar la Constitución: “No hubiese podido entrar de frente a un cambio de Constitución”. Sorpresivamente, la atención mediática que recibió esta declaración fue sumamente baja, a pesar de referirse al pilar crítico de nuestro modelo de desarrollo. Según Glatzer Tuesta, director de IDL, este deseo también sería del presidente Vizcarra. Él afirmó en su programa que “hasta donde yo sé, Vizcarra en los últimos tiempos, ha estado preguntando mucho sobre el tema de convocatoria a una Constituyente”.
Ahora se ha dado el fenómeno de fuerzas políticas ajenas a la izquierda marxista que señalan la necesidad de un cambio constitucional, ante el hartazgo de la población a la constante polarización y crisis política. Si se diera un momento constitucional con el apoyo de estas fuerzas, la intención inicial sería más cercana a una Constitución intervencionista que a una chavista.
Sin embargo, me pregunto ¿quién está mejor preparado para incidir sobre un momento constitucional, la izquierda o el centro? ¿Quiénes podrían aprovechar mejor los impulsos de cambios de la población? ¿Quiénes tienen una agenda populista, capaz de canalizar expectativas populares, que podría plasmarse en la Constitución?
Poner a discusión el capítulo económico de la Constitución, en una coyuntura de rechazo al statu quo como la actual, pondría en gran riesgo lo avanzado en materia económica y bienestar social en las últimas décadas. Por ello son sumamente preocupante los nuevos aliados que el cambio constitucional ha venido obteniendo últimamente.
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