Berit Knudsen
Qué pasa a la luz y a la sombra
La influencia de Cuba en el Gobierno de Pedro Castillo

Crisis de valores, ausencia de una agenda clara, carencia de mensajes con principios que inspiren la construcción de una ideología que haga posible una democracia participativa y una ciudadanía unida y comprometida. Esos son algunos de los problemas que no permiten que el Estado tenga un rol facilitador que propicie el desarrollo y mejore las condiciones de vida para la población más necesitada.
En la arena política el Ejecutivo se enfrenta al Legislativo, haciendo evidentes las fisuras del Poder Judicial. Los partidos de las izquierdas y las derechas forman alianzas, cada grupo por separado, sin reflejar el sentir y las demandas de la población que votó a favor de una esperanza. Los empresarios se concentran en su propia recuperación para compensar los desbalances producidos por la pandemia y la crisis; pero las grandes perdedoras son las micro y pequeñas empresas. Este es parte de un escenario donde los peruanos estamos enfrentados y el gobierno de turno se esfuerza por acentuar la lucha de clases.
En medio de este antagonismo, las redes sociales y los medios de comunicación nos inundan con información que refuerza esta misma lucha de clases, en la que nada termina de resolverse, intensificando la confusión con ruido mediático que nos inunda para sumergirnos en un mar de mensajes desarticulados. La sociedad civil manifiesta su desaprobación ante el desgobierno, con escasos mecanismos, elementales herramientas y ensayando acciones que distan de lograr una verdadera estrategia contra el desgobierno. La resistencia de esa derecha, muchas veces fragmentada, ha logrado algunos triunfos, como contribuir a la postergación de la Asamblea Constituyente, piedra angular de la agenda del Partido de Gobierno.
La historia muestra hechos reales que, en medio de la confusión, no terminamos de asimilar. Entender que Cuba representa la dictadura más antigua de América es un buen punto de partida para analizar el contexto. En 1970 apoyaron a la dictadura de Nicaragua; en 1999, luego de un proceso de adiestramiento, llevaron a Hugo Chávez al gobierno de Venezuela. Y no es casualidad que Cuba haya elegido en 2012 a Nicolás Maduro, hombre con limitadas capacidades intelectuales, como sucesor en la presidencia de este país.
Esta misma fórmula ya había sido ensayada en la Bolivia del 2006 que llevó a Evo Morales a la presidencia. Este sindicalista boliviano de escasas habilidades para el gobierno resultó de suma utilidad para la maquinaria cubana. Por ello, no debe llamar nuestra atención que Perú Libre eligiera a Pedro Castillo, otro sindicalista que reconoce “no saber gobernar” y aun así llega a la presidencia.
El pilar del neomarxismo es la superestructura, con procesos de adoctrinamiento en los que es fundamental copar todos los niveles educativos. Por ello el maoísmo (Movadef – CONARE – Fenatep) trabajó en su proyecto para controlar a los grupos sindicales del sector educativo y difundir su ideología. Es a la cabeza del CONARE que se ponen a prueba las capacidades de Pedro Castillo como sindicalista durante la huelga magisterial acatada por 238,536 miembros del magisterio de junio a septiembre de 2017, huelga que perjudicó a 1.5 millones de estudiantes de Educación Pública a nivel nacional. Es así como la extrema izquierda radical avanza en su propósito para conseguir el poder.
No es casualidad tampoco que el gobierno cubano invitara a Vladimir Cerrón para estudiar Medicina luego de la dramática muerte de su padre en 1990. Jaime Cerrón Palomino, se desempeñaba como Vicerrector de la Universidad Nacional del Centro y los testimonios de la Comisión de la Verdad (CVR) no dejan claras sus inclinaciones políticas o las razones de su muerte. Lo que es un hecho es que esta universidad había sido tomada por Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), quienes competían por el control y que en medio de ese conflicto asesinaron a alumnos, profesores y trabajadores de dicho centro de estudios. Con estos antecedentes resultaba muy conveniente para Cuba convocar a Vladimir Cerrón, joven especialmente vulnerable, una víctima atrapada por la rabia y tristeza.
Para la dictadura cubana, la medicina representa uno de sus más importantes pilares. Informes sobre el Sistema de Salud Cubano detallan que “de 1959 a 2020 Cuba realizó más de 600 000 misiones en 158 países, con la participación de 326 000 profesionales de la salud”. Sobre estas misiones, en marzo de 2019, The New York Times denuncia que Nicolás Maduro usó a médicos cubanos y a los servicios de salud para presionar a los votantes. Una revelación sustentada con el testimonio de 16 médicos que fueron forzados a manipular a la población y que finalmente desertan al cuerpo médico de Cuba. Ello delata el accionar de la isla, confirmando que no son hechos aislados.
Poca importancia se dio en el Perú a la llegada de un contingente de médicos cubanos en junio de 2020, para colaborar con la lucha contra la pandemia de la Covid-19. Un total de 85 médicos, enfermeras y otros profesionales de la salud arribaron en un avión de la Fuerza Aérea de Perú (FAP). En julio del mismo año, el Colegio Médico del Perú denunció que dichos médicos fueron enviados a lugares de menor necesidad (Moquegua, Arequipa, Ayacucho y Áncash) y que no se justificó el motivo por el cual fueron traídos al país. Hasta la fecha no se conoce el paradero exacto de estos médicos y tampoco se ha hecho mucho al respecto.
Las alarmas suenan y simplemente son apagadas. La mecánica que aplica Cuba para intervenir las democracias en América es siempre la misma. Es un guion cuya eficacia ha sido demostrada. Algunos autores afirman que a Napoleón le llegó su Waterloo por confiar demasiado en su hegemonía, aplicando una y otra vez la misma estrategia que, al ser entendida por sus adversarios, lo llevó a la derrota.
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