Renatto Bautista
¿Qué hacemos con las tesis?
Se debe cambiar el modelo de “plantilla” que hoy se usa

En este último lustro hemos visto casos terribles de plagio de tesis. Obviamente, un plagio es un “academicidio” y un delito terrible. En esta lógica, como catedrático en una universidad pública, creo que debemos repensar el tema de la redacción de las tesis, porque el actual modelo (que siendo sincero) es una plantilla que se le pide a los alumnos que repliquen. Esta situación –a la larga– degenera en los casos mediáticos de plagio en el último lustro. Lastima que el Perú no sea Hungría, cuyo presidente, en el año 2012, renunció a la primera magistratura de la nación porque plagió en su tesis doctoral.
Siguiendo con las tesis, deseo compartir dos ejemplos de peruanos brillantes en la pluma académica. El primero es el connotado historiador José de la Riva Agüero y Osma (1885-1944) obtuvo el bachiller en Letras con la tesis titulada “El carácter de la literatura en el Perú” (1905) y luego logró el grado de doctor con la tesis titulada “La historia en el Perú” (1910). En esta misma línea académica, el destacado historiador peruano Jorge Basadre (1903-1980) se doctoró en Letras con la tesis titulada “Contribución al estudio de la revolución social y política en el Perú durante la República” (1928), y se doctoró en Derecho con la tesis titulada “Las fuentes de la historia del Derecho peruano” (1935).
Con estos dos ejemplos quiero demostrar que antes las tesis no eran plantillas de una determinada metodología. Eran como redactar un libro, y eso es a lo que las universidades deben apuntar, porque es una verdadera creación académica. Indudablemente abro el debate académico sobre las tesis porque estoy convencido de que el modelo actual, que es la rígida plantilla metodológica que establece cada universidad, debe cambiar por algo que represente la auténtica capacidad creadora del aspirante al título profesional o grado académico de magíster y doctor.
En esta misma línea, considero que redactar una tesis tipo libro podría ser la oportunidad para que el egresado innove académicamente respecto a un tema que le impresionó bastante en sus estudios de pregrado. De esa manera, podría desarrollar –en mayor libertad que lo estipulado en una plantilla de metodología– tres o cuatro capítulos que nacen del título que le otorgaría a la tesis.
A modo de conclusión: sé que abro una polémica y digo algo “políticamente incorrecto”. Pero prefiero decirlo en voz alta que quedarme en el siempre terrible silencio cómplice.
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