Arturo Valverde
Para empezar una oración
El uso literario de los conectores discursivos

Iniciar una oración (a veces) no es tan sencillo. Uno escribe párrafos tras párrafos hasta que llega un momento en que los dedos se quedan pegados en las teclas, la mente se queda en blanco y uno se repite mentalmente: ¿qué sigue después?
La tentación de servirse de aquellos “pero”, “de repente”, “cuando”, “entonces” y otras palabras que, en exceso, parecen ocultar nuestras limitaciones, se presenta como opción para el autor. ¡Úsame! ¡Tómame!, parecen decirme. No me malinterpretes, por favor. Nada mal encuentro en repetir unas cuantas veces esos términos, pero tampoco deberíamos llegar a un uso indiscriminado. ¿Concuerdas conmigo?
Pensaba acerca de este menudo problema literario mientras subrayaba una que otra palabra que iba encontrando a medida que leía los cuentos del escritor Joseph Conrad. Me decía: he aquí algunos ejemplos para esos momentos en que los dedos se nos quedan pegados en el teclado. Me anticipo a decir que las siguientes líneas que copio debajo, las tomé de la traducción al español de los cuentos de Conrad; pero bien valen la pena tenerlas en cuenta.
“Descubrimos entonces que…”. “Este cuento, episodio, experiencia…”. “Después de la cena…”. “A medianoche…”. “Durante toda la tarde…”. “A mediodía…”. “Pronto el oficial…”. “Fue entonces cuando…”. “Al hacerlo por fin…”. “Y, además, hubo sobresaltos…”. “Antes de terminar la frase…”. “Para entonces estábamos…”. “Yo también tenía…”. “Dado que…”. “Procedí a…”. “A continuación…”. “No obstante…”.
No son los únicos ejemplos de conectores, palabras que se utilizan para establecer relaciones lógicas que ayudan a la coherencia y cohesión del texto. Si revisas las páginas de este libro, te sorprendería bastante el sinnúmero de anotaciones que he escrito al pie. Supongo que me anima saber que podríamos necesitar una pequeña ayuda, y qué mejor si viene de uno de los grandes de la literatura. ¿No te parece?
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