Giancarlo Peralta
Oscar Becerra, ¿el Milei peruano?
Expresa lo que siente y opina en función a sus convicciones

El ex ministro de Educación, Oscar Becerra Tresierra perdió su cargo por presiones políticas y por afirmar que seguirá opinando y diciendo la verdad. Definitivamente, Becerra no es un ciudadano acostumbrado a hablar de manera “políticamente correcta”; es decir, expresa lo que siente y opina en función a sus convicciones. Cuando afirmó que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos es un adefesio, no hizo más que expresar el sentimiento de millones de compatriotas, quienes se preguntan qué gana el Perú financiando dicha institución, que para lo único que ha servido es para acusar a quienes defendieron a la patria de uno de sus mayores flagelos (el terrorismo), y defender a quienes actuaron por desconocimiento, omisión u complicidad con los subversivos.
Cuando Becerra denuncia que se han gastado más de S/ 720 millones en consultorías inútiles; es decir, en documentos aprobados por funcionarios de anteriores regímenes que nunca implementaron sus resultados, sea porque eran imposibles de ejecutar o porque para su implementación resultaba demasiado onerosa para el fisco. Ergo, dichos “estudios” mostraban que los ingresos de los profesores en los últimos 50 años habían disminuido en términos reales, lo cual puede ser cierto, como también ha disminuido la calidad de la enseñanza en el mismo período. No obstante, en los últimos veinte años el sector educación ha sido uno de los más beneficiados por el aumento constante de su partida presupuestal, pero la calidad no se movió, o su avance fue irrelevante.
Cuando el Dr. Becerra hacía referencia a cómo alcanzar el desarrollo manifestaba la necesidad de contar con un recurso humano más calificado; de lo contrario, cualquier esfuerzo del Estado podía resultar inútil. Quienes se opusieron a escuchar una verdad de Perogrullo y empezaron a maquinar cómo deshacerse de él fueron sin duda la casta caviar que anida soterrada en el Ministerio de Educación, también las izquierdas más retrógradas, como el Fenate (Movadef) y el mismo SUTEP, que demandan estabilidad absoluta y a cambio solo ofrecen mediocridad.
Haría bien Oscar Becerra en salir a los medios de comunicación tradicionales, o a través de las redes sociales, a seguir denunciando los hallazgos que realizó durante su segundo mandato en la cartera de Educación. Becerra le haría un gran servicio al país si decide participar activamente en la reflexión ciudadana para impulsar el refrescamiento de la clase política, aquella que gusta de la comidilla artera y que Manuel Gonzáles Prada denunció a fines del siglo XIX con estas palabras: “Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz”.
Cuando el profesor y físico Becerra afirmó con relación a la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (Sunedu) que para algunos se les acabó el negocio no hacía referencia a la necesidad de la acreditación de las universidades que la ciudadanía calificó como “instituciones bambas”, sino a que el sistema implementado por la Sunedu no había cumplido con las demandas de la ciudadanía porque habría contado con una dirección parcializada al servicio del poder de turno. ¿O hemos olvidado que fue una universidad “muy prestigiosa” la que convalidó las vacunas Sinopharm de origen chino, que fueron inútilmente empleadas contra el covid y que fueron importadas por Martín Vizcarra a un precio por encima del mercado?
La Sunedu de entonces estaba en manos de un ex funcionario, ¡oh casualidad!, de dicha universidad. Dicha institución no cuestionó la calidad de la investigación realizada por dicha casa de estudios, tampoco se manifestó sobre la eficiencia de las pruebas rápidas o sobre la conveniencia de que se participe en movilizaciones alentadas por algunos medios de comunicación en contra del presidente constitucional Manuel Merino. Porque antes que el cuidado de la salud para algunos primó el derrocamiento o la renuncia del mandatario, tal como finalmente ocurrió.
Así que, Dr. Becerra, siga hablando fuerte y claro. La degradación de la política nacional ha llegado a tal profundidad que necesita urgentemente de líderes con capacidad y voluntad política para decir la verdad de frente, sin resquemores, sin retuertos. El Salvador encontró a Nayib Bukele, Argentina le va abriendo los brazos a Javier Milei. Lima ungió a Rafael López Aliaga. El Perú le da la bienvenida
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