Renatto Bautista
No podemos perder otro quinquenio
Una advertencia ante la cercanía de las elecciones generales
“Lo único necesario para que el mal triunfe es que los buenos no hagan nada”. Edmundo Burke (1729-1797).
Lamentablemente, el Perú ha desperdiciado el quinquenio 2021–2026 en medio de una profunda crisis política, marcada por la polarización, la confrontación constante y la difusión de relatos ideologizados que han fragmentado a la sociedad. Durante estos años, ciertos grupos de poder han promovido, casi como un dogma, una narrativa maniquea que divide al país elección tras elección, simplificando la historia reciente y reduciendo el debate público a extremos irreconciliables.
Uno de los ejemplos más evidentes es la insistencia en caracterizar la década de los noventa bajo comparaciones desproporcionadas, lo que ha impedido una discusión más equilibrada sobre ese periodo. Este tipo de discurso no solo distorsiona la realidad, sino que también alimenta resentimientos y prejuicios que poco contribuyen a la construcción de un país más integrado. En algunos casos, incluso, se puede percibir un trasfondo de exclusión y rechazo que revela tensiones sociales no resueltas.
En este contexto, decisiones políticas clave han tenido consecuencias significativas. La elección de un presidente con evidentes limitaciones en la gestión pública terminó profundizando la inestabilidad institucional. A ello se suma un entorno donde distintos actores —desde espacios académicos hasta sectores culturales— han influido en la construcción de una narrativa que, para muchos, priorizó opciones políticas sin la capacidad necesaria para gobernar eficazmente.
El resultado ha sido un periodo caracterizado por la incertidumbre, la baja capacidad de ejecución y una creciente desconfianza ciudadana. De hecho, el Perú llega a las elecciones de 2026 con un escenario marcado por fragmentación política, debilidad institucional y un alto nivel de desaprobación hacia las autoridades . A esto se suma un contexto de inestabilidad persistente, con múltiples gobiernos recientes cuestionados o interrumpidos, lo que ha debilitado la continuidad de políticas públicas .
Por ello, a pocos días de una nueva elección, resulta fundamental reflexionar con responsabilidad. El país no puede permitirse repetir errores que ya han tenido un alto costo en términos de desarrollo y gobernabilidad. Apostar nuevamente por propuestas sin capacidad de gestión o por alianzas políticas que no han demostrado resultados concretos sería un riesgo considerable.
Más aún, el Perú de hoy presenta avances importantes que no deben ser ignorados. A pesar de las dificultades, existen señales de resiliencia económica y potencial de crecimiento, aunque condicionadas por la estabilidad política y la calidad de las decisiones públicas . Este contexto exige un voto informado, consciente y orientado al largo plazo.
En conclusión, el ciudadano peruano enfrenta una responsabilidad clave: elegir no desde el resentimiento ni desde narrativas simplistas, sino desde la evaluación crítica de propuestas y capacidades. El Perú tiene la oportunidad de consolidarse como un país de progreso y movilidad social, pero ello dependerá de decisiones políticas que prioricen la estabilidad, la institucionalidad y el bienestar común. No se trata solo de elegir autoridades, sino de definir el rumbo del país en la próxima década.
















COMENTARIOS