Gustavo Rodríguez García
Mi derecho a no elegir

¿Fortalece o debilita la democracia obligar a los ciudadanos a votar?
En nuestro país, acudir a las urnas es tanto un derecho como una exigencia. Esto que es una contradicción evidente se ha visto perennizado ante la falta de voluntad de quienes parecieran haber encontrado excusas para capturar a los electores en un esquema perverso. He escuchado algunas personas sostener que nuestro país no estaría preparado para un sistema de voto facultativo porque eso incrementaría el ausentismo en las elecciones y pondría en peligro a la democracia.
De hecho, creo que es todo lo contrario. El juicio no puede ser cuantitativo (cantidad de electores) sino cualitativo (calidad del proceso y del resultado). Un sistema de voto obligatorio, si bien incrementa artificialmente la cantidad de participantes en el proceso de elecciones, conspira contra la calidad del resultado porque genera incentivos para que los candidatos opten por el populismo para ganar el favor de los electores capturados por mandato del sistema. En un sistema de voto facultativo, los candidatos no deben ganarse solamente el voto, deben convencer al elector de que vale la pena asumir los costos de votar (de acudir a las urnas) y de darles su respaldo.
Sostener que el sistema de voto facultativo puede debilitar el sistema democrático porque el número de votantes disminuirá es como argumentar que un sistema legal que permite el divorcio conspira contra la estabilidad del matrimonio porque muchas parejas pueden divorciarse. Es un absoluto sin sentido. Por el contrario, la democracia se afianza cuando votan quienes quieren votar y se abstienen quienes quieren abstenerse. Pensar únicamente en términos cuantitativos (cantidad de electores) hace que muchos pierdan de vista el necesario análisis cualitativo.
En poco tiempo deberemos retornar a las urnas porque se nos viene aplicando la política del garrote. Sin duda iré y expresaré mi voto… pero me parece importante reivindicar el derecho de quienes han elegido no elegir. Salvaguardar ese derecho es la única forma de ser verdaderamente libres y demócratas.
Por Gustavo Rodríguez García
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