Francisco Swett
Marco Aurelio: más allá de las “Meditaciones”
Uno de los más sabios gobernantes de todos los tiempos

Desde Octaviano, mejor conocido como César Augusto y primer emperador romano (27 A.C.), pasando por Teodosio I (395 D.C., último monarca del imperio unificado) y hasta Rómulo Augusto –quien fuera depuesto por Odoacro, un bárbaro germano (476 A.C.)–, el panteón de los emperadores inmortales es bastante escaso. Brilla entre ellos, sin embargo, la presencia de Marco Aurelio, quien fuera emperador entre 161 y 180 D.C., reconocido por su liderazgo y por haber sido el rey filósofo por excelencia. Sus Meditaciones son hoy un libro de consulta para quienes aspiran al liderazgo que hace historia y marca época; y su figura como monarca es considerada por muchos el prototipo del líder que Platón tenía en mente cuando escribió La República.
¿Qué cualidades son las que marcan a la persona de Marco Aurelio? Huérfano de padre desde temprana edad, fue criado por su madre y abuelo, y luego adoptado por Aurelio Antonio, quien fuera seleccionado por el emperador Adriano para ser su sucesor; su educación la recibió de tutores y desde temprano mostró enorme afinidad por la filosofía, decidiendo hacerse discípulo del estoicismo. A la muerte de su padrastro fue confirmado por el Senado como emperador, pero decidió que compartiría el manto púrpura con su hermano adoptivo Lucio Vero, marcando la primera ocasión de cogobierno en el Imperio. Ese gesto lo identificó como un personaje de modestia y convencido, como lo demostrara a lo largo de su mandato, de que el liderazgo no es una oportunidad para el engrandecimiento propio, sino una obligación a cumplir.
Marco Aurelio demostró ser conocedor de la ley, de su creación y aplicaciones. Entendido en temas de finanzas cumplió con el ordenamiento de la economía del Imperio, promulgando edictos sobre la moneda, la organización del gobierno, la libertad de los esclavos y la protección de los huérfanos y de los menores. Fue tan amplia su proyección que llegó a tener contactos de intercambio y comercio con China, durante la dinastía Han, y con Vietnam. Marco Aurelio se distinguió por ser un creyente y practicante de la regla manifiesta de que el gobierno y las normas deben estar al servicio de la gente. Fue tolerante, aceptando la posibilidad de que el líder cambie de opinión cuando la fuerza de las ideas contrarias o alternas se imponga; pero un cambio sujeto a que tales nuevas ideas sean justas y ventajosas para la gente, y no simplemente sirvan para engrandecer la posición o potestad del líder.
Era débil físicamente; sin embargo, duró doce años más que su hermano adoptivo quien, no obstante ser físicamente robusto, pereció víctima de la peste de la viruela, pandemia que marcaría toda la época de la dinastía de los Antoninos. Marco Aurelio debió gobernar en un periodo de crecientes amenazas a la soberanía de Roma. En sucesión tuvo que librar las guerras de Parcia, los levantamientos en los actuales territorios de Gran Bretaña, Alemania y Suiza, y la invasión territorial de fuerzas persas. Para apuntalar su legado nombró a su hijo Cómodo como corregente imperial, emulando así a Vespasiano, quien había hecho lo propio con su hijo Tito. Sin embargo, Marco Aurelio no pudo apreciar el fruto de su decisión pues falleció a los 58 años, en la localidad presente de Viena. El pueblo romano le rindió homenaje depositando sus cenizas en el mausoleo de Adriano, deificándolo y erigiendo un templo y columna detallando sus múltiples victorias contra los bárbaros.
La lección de vida de Marco Aurelio es referente para todo aquel que tenga pretensiones de liderazgo. El líder lo es tanto en la paz espiritual interna como lo es en la guerra, cuando debe repeler a los enemigos y doblegarlos. La introspección no es la antinomia de la decisión. Más aún, la decisión razonada, la que emerge de sopesar las implicaciones, los efectos y consecuencias, los costos y beneficios de las acciones adoptadas es la que rinde los mejores frutos y resultados. El filósofo estoico que dominaba la personalidad aureliana perseguía la sintonía con el universo, se guiaba por el hábito de la búsqueda de la verdad, concebía al bien común como la razón de ser del líder, actuaba con inteligencia y sagacidad, expandía la presencia del Imperio hasta los confines más remotos de la tierra, y defendía con fuerza y determinación la integridad de su territorio.
La sabiduría de Marco Aurelio es inspiradora: “Todo lo que ocurre tiene su razón de ser. La única fortuna que mantendrás es la que has compartido. Cuando algo te lleve hacia la amargura, no lo permitas. El hombre debe ser erecto y no ser mantenido erecto. No permitas que el futuro te disturbe, porque lo alcanzarás si te lo propones” son todas frases nacidas de su intelecto. El que sus meditaciones íntimas sobrevivan como normas de vida después de diecinueve siglos es el mejor legado que se puede dejar del ejercicio del poder.
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