Renatto Bautista
Los juicios mediáticos: Chavarry y Benavides
Manejados de acuerdo a conveniencias políticas

Según la Constitución, la única institución encargada de administrar justicia es el Poder Judicial, uno de los tres poderes del Estado señalados en la clásica teoría de la separación de poderes diseñada por Montesquieu. Sin embargo, desde hace décadas, los medios de comunicación privados, convertidos en un poder fáctico, han usurpado esta función constitucional, violando flagrantemente el debido proceso y la presunción de inocencia que todo ciudadano merece. Al igual que una guillotina en el Reinado del Terror de Maximilien Robespierre, hoy los medios de comunicación privados, a través de sus portadas y programas televisivos, dictan implacables condenas. Estos casos son manejados de acuerdo a conveniencias políticas, con el único objetivo de destruir el honor personal y profesional del ciudadano "guillotinado" por los mass media del siglo XXI.
Dos claros ejemplos en Perú de juicios mediáticos son los que afrontaron los ex fiscales de la Nación, Pedro Chávarry y Patricia Benavides. Ambos fiscales nunca asesinaron, estafaron ni robaron, pero los principales medios de comunicación privados y una ONG todopoderosa –que no vale la pena mencionar porque los lectores de El Montonero saben a quién me refiero– colocaron la guillotina mediática contra Chávarry y Benavides. A Chávarry nunca le perdonaron su frontalidad contra el hoy vacado por corrupción Vizcarra, y contra Benavides, el odio es más poderoso porque siempre fue frontal contra el vacado por sedición Castillo, además de que, en su condición de Fiscal de la Nación, asumió las diligencias fiscales luego de que la Policía Nacional detuviera al golpista Castillo.
Lo también penoso de los juicios mediáticos es ver a profesionales del Derecho y estudiantes de esta magna carrera aplaudir como focas estos juicios, cuando el debido proceso y la presunción de inocencia son características inalienables de cualquier régimen democrático. ¡Imagínense si estos universitarios fueran profesionales! ¿Qué clase de profesionales serían? ¿Violadores de las leyes? ¿Comodines dependiendo de quién tenga el poder? Por eso, quienes somos catedráticos tenemos el deber ético y profesional de enseñar a nuestros alumnos que el debido proceso y la presunción de inocencia son valores fundamentales en todo Estado de Derecho. Cuidado, que la vida da vueltas y podrían ser estos mismos cancerberos quienes clamen por el debido proceso cuando ya no haya nadie más que los defienda.
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