Carlos Rivera

Las paradojas de Richard Arce

Un político que ha aprendido a manejar su discurso

Las paradojas de Richard Arce
Carlos Rivera
14 de julio del 2023


Conocí a Richard Arce cuando trabajaba en Apurímac, allá por el año 2010, y él era candidato a gobernador. Me interesó su ímpetu, su fuerza juvenil y sus frontales discursos contra aquel feudo tradicional politiquero que se había apoltronado en la tierra de José María Arguedas. Sus discursos ambientalistas y de una moderna política hablaban de un cuadro que empezaba con buenas luces, de un inteligente prospecto. Ahora lo veo redimido al palabreo moralista. Tanto futuro ha modificado su psicología. Arce es un hombre elástico, listo para cualquier nuevo discurso en boga.

Ya con los años fue consolidándose como un tenaz militante de izquierda y promotor de todas sus agendas. Se acomodó a la repetición cacofónica de ese infinito abanico igualitario de los progres. Gritó sus fobias antifujimoristas y contra todo aquello que significaba ser de derecha o liberal. Es un político que aprendió a manejar su discurso, entendió las mañas caviares del doble rasero o el aniquilamiento del adversario desde los disfraces de una justicia independiente pero que solo encarcele a los enemigos políticos. Ha matizado su progre-caviarismo con una cuota de crítica a los extremos. Una especie de Susel Paredes, pero desde las mazmorras del análisis político. Ha comprendido el negocio de parecer neutral, independiente y audaz comentarista contra la perversa política. 

Era más rentable opinar como Gino Costa, estar de acuerdo con las mediocres e ilógicas reformas políticas de Fernando Tuesta, abrazar a Alberto de Belaunde, santificar a Vizcarra por el golpe, criticar a Vladimir Cerrón y su sentencia por corrupción y lo que hizo en Junín pero otorgarle el beneficio de la duda: “Con la juramentación de Pedro Castillo se abre una nueva etapa”, “Resalto el mensaje simbólico en su discurso pudo visibilizar la inclusión de todos” , “Démosle el beneficio de la duda…” (29 de julio, 2021. Entrevista para Perú21). Confió en un presidente que con el disfraz de campesino y sombrero chotano se quiso levantar al país. No era necesario clamar a los espíritus de los grandes magos o preguntarle a la pachamama cómo acabaría un sujeto como Castillo. 

Se separó de Nuevo Perú por la cercanía de Verónika Mendoza con Cerrón, diciendo lo siguiente: “Con qué argumentos podríamos enarbolar una lucha contra la corrupción si no somos coherentes en saber con quién nos estamos aliando, a quién estamos llevando al lado. Mi renuncia ha sido irrevocable, es una cuestión de principios, el papelón ya se ha hecho” (Diario Gestión,2/11/2019). Pero Arce se refugió en la duda mayéutica y creyó en la buena voluntad y capacidad de cambio de rumbo del profesor rural ante las propias evidencias –criminales– que lo perseguían mucho antes de tomar el poder. ¿Qué beneficio se le podía brindar a un partido como Perú Libre sobre el que ya se tenía convicciones claras de una corrupción comprobada en Junín; un partido al que la Fiscalía denominó como “Los dinámicos del centro”? 

Su fe lo llevó a declarar en este ejercicio que él solito se entiende (y, claro, los mojigatos entrevistadores que asumen eso como recurso retórico de su invitado): “Lamentablemente detrás de Pedro Castillo está Vladimir Cerrón. Ayer ya lo manifestó en su megalomanía, en su egocentrismo, que él es el dueño de la pelota. Es terrible, pero también es una gran oportunidad para que Castillo pueda deslindar abiertamente, por más que sea el presidente del partido” (Diario Gestión,6 de junio,2021).

Las paradojas que acusa en otros, él las vive a diario. Es un Dr. Jekyll persiguiendo a Mr. Hide. Habla de institucionalidad e independencia de poderes, pero le parece bien cerrado el Congreso por Vizcarra. Critica a los tradicionales partidos políticos, deplora la clase política y a los vientres de alquiler, exigiendo renovación de cuadros y se postula por el mismo partido (Somos Perú) que ofreció sus cortesías a Martin Vizcarra como candidato.

Invoca la tolerancia democrática, el diálogo, pero ve como poca cosa y hasta ridiculiza a la congresista Tania Ramírez, de Fuerza Popular, en el debate que sostuvo en el programa 24 horas. Al no poder sortear a una polemista gritona, pero de armas tomar, recurrió a los juicios desde la palestra del sabio, del maestro de la política al que uno debe escuchar como si estuviéramos ante un moderno Maquiavelo. ¿Pero cuáles eran sus argumentos cuando la congresista lo emplazó por apoyar al cierre del Congreso del 2019 a manos de Martín Vizcarra? Entonces arguyó la sumatoria de los 73 parlamentarios fujimoristas y los 5 apristas como un “antro de control absoluto”.

Además, dijo que el actual Congreso atenta contra la “ley de la colaboración eficaz, que nos permitió desentrañar la corrupción de todos los presidentes”. “Espíritu de sacrificio”, dice que nadie como él tiene esa virtud y mucho menos los fujimoristas. Arce no es tonto y sabe que los procesos que lideran Pérez y Vela se han estancado o aún no llegan siquiera a control de acusación, juicio oral y muchos menos a sentencias. ¿De qué éxito podemos hablar? Y sobre la colaboración eficaz ¿por qué no pondera los juicios de varios penalistas o juristas para construir una visión sólida del asunto y solo se limita a repetir las declaraciones del IDL o de los abogados caviares? ¿No se aburre de mirarse tanto en el espejo de sus pares?

Con su acostumbrada flexibilidad y generalidad a prueba de todo escribe en su columna del diario Perú21(13/7/2023) lo siguiente: “Se tiene que entender claramente que en una sociedad democrática no se puede ser tolerante con grupos intolerantes —parece redundante—, por más buena voluntad que pueda haber de parte del interlocutor, porque estaríamos dejando que se legitimen grupos radicales, sabiendo inclusive que estos sectores actúan con violencia contra sus opositores y disidentes. La historia contemporánea de la humanidad nos ha mostrado las acciones de grupos radicales y no podemos caer en el juego de la tolerancia ilimitada, porque han sido estos grupos radicalizados los que se aprovecharon de la “tolerancia” para después imponer posiciones, desde los nazis, los comunistas de Mao o Stalin hasta regímenes criminales como el de Pol Pot, en Camboya, o Enver Hoxha, en Albania.”

¿Cómo puede decirse democrático y pedir intolerancia contra el grupo La Resistencia? Arce nuevamente se desdobla con habilidad y no le interesa la racionalidad o desarrollar al menos una definición teórica sobre términos políticos, sino solamente ejecutar el facilista juicio tremebundo. Los acusa de fascistas, violentos y los compara con una lista de criminales. Veamos: ¿La Resistencia tiene armas? ¿Enarbolan la liquidación de las razas inferiores? ¿Han golpeado salvajemente a sus adversarios? ¿Son un grupo violento criminal que crece día a día? A Arce no le preocupó en lo absoluto la presencia de simpatizantes de Sendero Luminoso en Palacio de Gobierno, o cuando los contingentes radicales de Castillo tomaron las prefecturas, respaldados por las resoluciones del ex ministro del interior Avelino Guillén. 

Pero todos esos discursos que se repiten en la Plaza San Martín, las invocaciones a tomar una ciudad, insultar y golpear a la policía, destruir y apedrear medios de comunicación o salir con machetes, hondas y palos o constituir milicias urbanas listas para cualquier combate contra las Fuerzas Armadas como lo hicieron en Puno. Para el ex congresista todo ello es parte del folclor y de un reclamo histórico matizado con peculiaridades culturales. 

No recuerda Arce que cuando él invocaba (enero de este año) el diálogo del Gobierno de Dina Boluarte, a las huestes violentistas no les importaba mantener ningún tipo de contacto, ni consensuar criterios de solución y solo repetían: “Libertad a Castillo”, “Nueva constitución”, “Cárcel para Dina”. 

Cuando el poeta Alberto Hidalgo enarbolaba el simplismo como una categoría literaria de vanguardia lo hacía tratando de “influir en el lector con el fin de motivarlo a cambiar su vida rutinaria” (Fernández-Cozman/Tahua Delgado/Ticona Lecaros). Hidalgo resaltaba su intrínseco valor estético. Llevado al terreno de la política lo que hace Richard Arce es tomar esta categoría y reducirla a su explícita banalidad, creyendo que sus disertaciones son tópicos políticos de avanzada sobre un pueblo que lo ve como su seguro servidor. 

Carlos Rivera
14 de julio del 2023

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