Miguel A. Rodriguez Mackay

Las agendas de Almagro y Maúrtua en Lima

Sobre la sorpresiva visita del secretario general de la OEA

Las agendas de Almagro y Maúrtua en Lima
Miguel A. Rodriguez Mackay
03 de diciembre del 2021

La reciente visita de Luis Almagro, secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA) al Perú, por supuesto que no ha sido casual. En realidad, en política internacional -como también pasa en el frente interno de los Estados-, nada lo es. El excanciller uruguayo en su segundo mandato al frente del mayor foro político del continente, ha perdido la pulcritud de la imparcialidad que el cargo exige desde que fuera creado en 1948. Recordemos que jamás hizo nada para que, durante el cuestionado proceso de elecciones en Perú, sus observadores formularan las alarmas que medio país pedía a gritos para que se constituyeran en nuestra capital y auditaran el proceso altamente sesgado. 

La caviarada peruana en Lima, que juega en pared con la que se cuenta fuera del país, principalmente en el marco de la OEA, fue cómplice de todo lo que siguió -apañaron en las narices del continente lo que estaba sucediendo en el Perú antes de alzar la voz que, por su naturaleza de comodines constitutivos, jamás iban a hacer-, y una vez con credenciales en mano el profesor Pedro Castillo, decidí en adelante respetuosamente calificarlo como señor presidente de la República, que es lo que corresponde a la seriedad de un país en que las instituciones aún no terminan de formarse, de lo contrario terminaríamos disparándonos a los pies, y convertidos en una republiqueta y por eso, además, con la convicción de académico sanmarquino, defenderé la no procedencia de la vacancia por incapacidad moral porque sencillamente no se ha configurado hasta ahora el presupuesto que la doctrina y el derecho político recogidos en nuestra Constitución Política, exigen para que sea aplicado. 

Almagro, entonces, no ha dado la talla que los peruanos exigimos y merecemos de la OEA, marco hemisférico al cual directa o indirectamente, una pléyade de internacionalistas y diplomáticos nacionales como Alberto Ulloa Sotomayor, Raúl Porras Barrenechea, Víctor Andrés Belaunde, Edgardo Mercado Jarrín, Luis Marchand Stens, etc., contribuyeron a la afirmación y consolidación del panamericanismo que hoy, Almagro, desoye u olvida, escandalosamente. La consecuencia de su proceder en el caso de Venezuela, donde el dictador Nicolás Maduro sigue imponiéndose, apañado por una diplomacia peruana de la vergüenza, muestra a un funcionario internacional hemisférico de la entelequia y tan amante del statu quo como el canciller Maurtua, con tal de que pasen los meses y sigan cobrando sus jugosos sueldos, aunque todo se muestre políticamente revuelto. Que tal desilusión. 

La llegada de Almagro a Lima ha sido para brindar el espaldarazo continental al gobierno del presidente Pedro Castillo. Es la verdad. Mirándolo desde la diplomacia del canciller Maurtua -debemos distinguirla ciento por ciento de la de Torre Tagle en su esencia y tradición que debemos defender en las figuras de mis maestros en el ministerio de Relaciones Exteriores, que no es por cierto el actual-, la pieza en el ajedrez que estaba faltando para impresionar al mandatario -son muy hábiles para esos menesteres-, ha sido venderle al mandatario una gestión esforzada y de “altísimo nivel” para que Almagro sea recibido con alfombra roja en la sede de Palacio de Gobierno. Maurtua es un experto en esas mañas. Él sabe muy bien que yo lo sé. Pero las cosas han comenzado a cambiar. El nuevo secretario general de Palacio de Gobierno, Carlos Jaico, que conoce de memoria de estos menesteres, ha comenzado a ponerle la agenda a la cancillería de Maurtua que en tres meses de ejecutora de la política exterior estaba impropiamente dirigiéndola. Es Palacio de Gobierno de donde emanan las directrices y no al revés. En lo inmediato, Palacio le cambió la agenda al ministro de Relaciones Exteriores que frescamente había planeado con su equipo dentro y fuera del país, que la referida visita de Almagro al presidente Castillo, se realice el martes 30 de noviembre por la noche. Jaico, formado en Europa, es el nuevo hombre de confianza del presidente, y Maurtua debe haberlo calibrado en el único sentido como se pueden entender estas cosas, es decir, como el nuevo brazo derecho del mandatario.

La política exterior la dirige el presidente de la República y sus actos mandatarios hacia la cancillería, que la ejecuta, son remitidos por la secretaría general de Palacio de Gobierno, como ha sido siempre. El nuevo piso está allanado. Ahora Jaico deberá prepararse para la consabida estrategia diplomática del canciller Maurtua, perfecto adulón y maestro de la falsa amistad, con tal de lograr sus objetivos como los que ya ha conseguido. 

Miguel A. Rodriguez Mackay
03 de diciembre del 2021

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