César Félix Sánchez

La paradoja psicológica

En pocos meses pasamos de sumisos a rebeldes

La paradoja psicológica
César Félix Sánchez
14 de diciembre del 2020


Hace algún tiempo, mientras nuestros derechos eran masivamente cercenados por un  gobierno incompetente que decretó una cuarentena radical contraproducente (somos
paradójicamente el país con más muertos, quizá el primero en llegar a la inmunidad de rebaño y a la vez el más cuarentinizado), me sorprendía ante la profunda sumisión de amplios sectores del pueblo peruano, particularmente entre sus liderazgos.  Ahora, luego de la fronda de noviembre, algunos dicen que el Perú “despertó” y  que una “nueva generación” exhibe un “nuevo compromiso” con el país, exigiendo accountability a sus gobernantes. Muchos de los que dicen esto son politólogos, así que hay que tomar estas reflexiones como de quien vienen.  Por otro lado, es muy probable que los fabricantes de eslóganes vacíos usen este supuesto “espíritu” de las protestas de noviembre incluso contra la voluntad popular expresada en las urnas del 2021. A estos extremos puede llegar la estulticia política en estos días.

Pero quiero incidir en la aparente paradoja psicológica de que el Perú sumiso es ahora el Perú “rebelde” que “exige sus derechos”. Nada más lejos de la verdad: la sumisión se ha hecho más abyecta, si cabe. Las mismas masas que “saludaban” en marzo en las redes sociales al capitán Cueva por, contra la ley y sus reglamentos, abofetear varias veces a un pobre maula capturado violando el toque de queda en Piura, son las que se horrorizaron en noviembre ante la “brutalidad” policial contra quienes pretendían alcanzar el Congreso y Palacio de Gobierno, probablemente con la intención de realizar algunas decoraciones navideñas. Es que en verdad fueron muy obedientes cuando les dijeron “¡quédate en casa!” y también cuando les ordenaron “¡sal a protestar!”.  Es más, la primera consigna podía tener el  beneficio de la duda de la supuesta conservación de la salud física; la segunda, ni eso: un conjunto de chácharas sentimentales y objetivos gaseosos para el gran público, mientras la minoría izquierdista sí tenía clarísimos y muy comprensibles objetivos políticos. 

Alguno dirá que salió a las calles a “manifestar su indignación con todos” antes que por una agenda política específica. Como sabemos, los sentimientos y las pasiones no son específicos de los seres humanos: nuestros primos irracionales también los tienen y no en poca medida. Si, por casualidad, salieron otros, no solo por motivos pasionales, sino con una agenda política abstracta y universal, es decir, inteligible –como un cambio de constitución, por ejemplo, o una revolución socialista–, como la naturaleza aborrece el vacío y lo animal siempre se subordina a lo intelectual, quien puso el “corazón” acabará subordinado a quien tiene la intención intelectual y voluntaria.  Como el burro al jinete: el burro pone el corazón y el jinete la dirección. Esta realidad tragicómica estuvo a punto de tornarse solamente trágica el domingo 15 de noviembre, cuando la confesa marxista Rocío Silva Santisteban estuvo a punto de ser nuestra presidenta.

Mas en el Perú las paradojas no cesan nunca. El domingo 8 de noviembre, luego de las escandalosas revelaciones de los chats entre el exministro Hernández y Vizcarra, parecía no haber en las redes sociales figura más impopular que el expresidente moqueguano. Pero resucitó al tercer día: para el martes 10 en las redes se exigía su retorno. Y menos de cuarenta días después ya había ascendido al empíreo de una candidatura parlamentaria de la mano de Daniel Salaverry.  Lo curioso es que esta candidatura ha despertado el entusiasmo de ciertos sectores de la opinión pública. Parece  ser que el hecho de haber tenido a una especie de Vizcarra-hermano Pablo dando un mensaje a la conciencia cada mediodía durante tiempos de gran miedo ha generado una especie de síndrome de Estocolmo en algunas personas: no bastó su pésima gestión sanitaria y económica, su constante culpar a la población y victimizarse con delirios paranoicos parece que generan el mismo efecto que las manipulaciones de un cónyuge abusador en una relación tóxica. 

Esperemos que una sorpresa divina en abril, para usar la expresión de Maurras, disipe esta vergonzosa imagen patológica de un Perú enajenado que este 2020 nos ha dejado.  Porque todavía hay un Perú que no explota en las redes sociales y no cae en el grado más bajo de relación interpersonal que es, según Max Scheler, el contagio emocional de la masa.

César Félix Sánchez
14 de diciembre del 2020

NOTICIAS RELACIONADAS >

Arequipa: un aniversario más

Columnas

Arequipa: un aniversario más

Este 15 de agosto Arequipa cumple un año más de su funda...

15 de agosto
Nuevas tendencias en la narrativa joven arequipeña

Columnas

Nuevas tendencias en la narrativa joven arequipeña

Basta revisar cualquier feria de libro grande o pequeña en nues...

22 de noviembre
Liberalismo, estatolatría y solidaridad

Columnas

Liberalismo, estatolatría y solidaridad

Ciertos  cultores e ideólogos de la economía libera...

11 de septiembre

COMENTARIOS