Giancarlo Peralta

La IzquierAcademia y el poder (II)

Pretende recuperar el poder que tuvo con los presidentes Vizcarra, Sagasti y Castillo

La IzquierAcademia y el poder (II)
Giancarlo Peralta
21 de marzo del 2023


Las izquierdas en el Perú son las cultoras de lo que han dado en denominar “posverdad”: es decir, la construcción de un relato con apariencia de veracidad y que pueda ser percibido como cierto por un sector de la sociedad a la cual desean manipular. Para lograr su objetivo, no escatiman en el empleo de técnicas propias de la estadística, como encuestas que revelarían un supuesto respaldo “mayoritario” a la “narrativa” que favorezca a sus propios intereses.

La IzquierAcademia ha tomado el control de centros universitarios y de algunos denominados think tanks, supuestos centros de pensamiento que en la realidad son sólo instrumentos de transmisión de ideas que han sido acordadas y establecidas por las instituciones que los financian. Y que, en la mayoría de los casos, cuentan con el generoso aporte de las organizaciones no gubernamentales que se atribuyen para sí y ante sí la representación de “la sociedad civil organizada”, simple denominación para comunicar a la opinión pública de que cuentan con un “poder superior” al de cada uno de los ciudadanos.

La IzquierAcademia gusta de la suntuosidad del poder, del disfrute y goce de las generosas consultorías, obviamente, pagadas con los impuestos generados por el trabajo de todos, desde los más pobres hasta los más encumbrados. Sus instituciones de enseñanza, mejor dicho de adoctrinamiento, se han diversificado, cuentan con un buque insignia, una universidad que se autoproclama la mejor entre sus pares públicos y privados, formadora de la intelligentsia que reflexiona sobre la realidad nacional, siempre cuestionadores, siempre dispuestos a proponer “la alternativa” de solución. No presentan opciones, porque ellos son “el sumum” del pensamiento, la única verdad, la fuente del saber.

Sin embargo, cuando los representantes de la IzquierAcademia lograron posicionarse en la esfera del poder (y han sido muchos que nombrarlos excedería largamente el espacio que el portal destina a los articulistas) nunca aplicaron sus propuestas. Y cuando el entronizado como “Supremo” empezaba a ver diluido su poder, los izquieracadémicos renunciaban, denunciando a quien detentaba la máxima autoridad que no les hicieron caso, que existía un poder en la sombra, que no los dejaron gobernar. Preservaban su imagen para mantenerse siempre a flote, como las boyas en el tempestuoso océano de la política nacional.

Su Instituto de Estudios Post-Verdad (IEP-v) ha proveído a los diferentes gobiernos de muchos de sus “intelectuales”, calificados a sí mismos como “tecnócratas”, quienes rondaban el poder para ofrecer sus servicios, claro está, previo pago de abultada consultoría. En ese sentido, el IEP-v se constituye en el escalón superior de la Panaca Unificada del Comodín Político, que para “auscultar” la realidad peruana cuenta con su propio politólogo, quien le dice al país cómo es que se debe recomponer el estamento de la política para lograr contar con organizaciones políticas estables que se conviertan en los transmisores de las inquietudes de la ciudadanía.

No obstante esto que puede sonar razonable para muchos oídos, fueron y son los principales auspiciadores de la desarticulación de los partidos políticos que son la base de toda democracia y que, por su naturaleza, también son los formadores por excelencia de quienes en algún momento tendrán la responsabilidad de asumir un cargo público.

La IzquierAcademia avaló y respaldó el golpe de estado de Martín Vizcarra en contra del primer poder del estado en el 2018, simplemente porque el Congreso de entonces no tenía afinidad con sus intereses -más allá de si la mayoría congresal era o no fujimorista-. Tengamos presente que el Congreso, por las características de su institución, congrega a la diversidad de opciones políticas existentes, por lo tanto, son divergentes entre sí.

Cuando el IEP-v o cualquier otra encuestadora formula preguntas sobre si el Gobierno de la presidenta Dina Boluarte debe continuar hasta una fecha anterior al 2026, que es lo que establece la sucesión constitucional, porque lo que estarían buscando es su socavamiento y con éste el quiebre de la democracia. Este tipo de preguntas están orientadas al cuestionamiento de la legitimidad de su mandato, con cuya acción de gobierno se puede coincidir o discrepar, pero no se puede buscar su salida en función al interés de quienes quieren nuevamente auparse al poder, como lo hicieron tras la renuncia del también presidente constitucional Manuel Merino.

Tengamos siempre presente que una congresista auspiciada por un medio que difunde los mensajes de la IzquierAcademia se permitió manifestar que las muertes habían sido insuficientes para lograr la salida de la presidenta. Le faltó completar “y la recaptura del poder por parte de la Panaca”.

Giancarlo Peralta
21 de marzo del 2023

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